Ave gallego: mirando al cielo
domingo 08 de junio de 2008, 14:21h
Mucho antes de que relacionara obras con polvo, la ministra de Fomento ya las había identificado, aquí en Galicia, directamente con mierda. En la primera visita que hizo como parte oficial de la paridad zapateril a esta Comunidad, la peculiar Magdalena Álvarez sacó por su boca todo su talante, su talento y su diplomacia y bautizó al conjunto de inversiones programado por el Gobierno de Aznar para la región como "el Plan Galicia de mierda". Tal despliegue de finura y elegancia dejó meridianamente claro que aquellos polvos que los gallegos esperaban en forma de infraestructuras y tren de alta velocidad iban a quedarse finalmente en lodos malolientes de incumplimientos y retrasos.
Quiso Zapatero limpiar el barrizal y, para despejar las pestilencias con perfumes electorales, prometió que el AVE llegaría a Galicia en 2012. Quiere el presidente gallego, Pérez Touriño, rematar la purificación del ambiente, que aquí empieza a oler de nuevo a votación, asegurando que se cree lo que dice Zapatero, a pesar de que faltan sólo cuatro años para ese plazo, de que en los cuatro anteriores no se ha puesto en funcionamiento ni un solo quilómetro de esas vías, y de que sus tres cuartas partes están aún en fase de estudio o proyecto.
Pero la ministra del polvo ha vuelto a dejar claro que no tiene puñetero interés en esas obras. En comparecencia parlamentaria, ha eludido concretar fechas para su conclusión e incluso ha llegado a condicionar su ejecución al clima o, parafraseando su pedantería verbal, a las "cuestiones medioambientales procedimentales"; ahí es nada, que ya no sabe una cuándo está peor la Maleni, si en plan ordinario o usando un pseudolenguaje fino-administrativo.
Lo que parece evidente es que, entre palabrería electoralista de los residentes y salidas de tono de la ministra, este tren va a llegar a Galicia con un retraso que ríase usted de los habituales de Renfe. Porque, como se oyó decir a un revisor, aún no le han dado salida en Madrid. Y que, hartos ya de otear las nubes para casi todo, desde esperando unas cosechas buenas y abundantes o un aumento del turismo hasta suplicando que un estamento superior al conselleiro de Medio Rural apague los incendios forestales, los gallegos vamos a tener un motivo más para invocar al dios Meteo. Tendremos que esperar la alta velocidad ferroviaria mirando al cielo. Y rogar que las cuestiones medioambientales procedimentales permitan que lleguen aquí los polvos que nos niega Doña Magdalena.