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EL CHIVATO

Antes de enamorarse

sábado 13 de febrero de 2016, 18:30h

Un tres de noviembre, corría el año mil novecientos ochenta y siete. Dos estrenos en el garaje que, el hábil Manolo Manzaneque (ahora bodeguero) convirtió en Teatro Espronceda. El primero, el trascendente, el estreno en Madrid de la tercera obra teatral de Vargas Llosa. El otro, de rosada condición, era la primera exhibición pública de la bella Isabel con su recién estrenado Miguel.

Algunos informadores disfrutaban del verbo rico del escritor, en el mínimo vestíbulo del Teatro cuando… ¿Qué sucede?

Sucede que… Sucedió que, al estreno importante acudían la Preysler y el Boyer. Se acabó el estreno, el teatro y Vargas Llosa; todos corrieron a preguntar simplezas y a tomar cientos de fotografías. Los más necios ya habían seleccionado la noticia.


Badajadas aparte, lo sustancial de la velada fue el estreno de “La Chunga”, una de las escasas obras teatrales del flamante Premio Nobel de Literatura (no “Novel” como escribía un ministro llamado Moratinos). “Mal dirigida por Miguel Narros, que olvidó con frecuencia que entre la alcoba de la Chunga y la sala del bar hay una pared”, “con feo y poco funcional decorado de D’Odorico”, Nati Mistral “hace una dura, honda y bien medida interpretación de su personaje”, “Sancho excesivo, demasiado gritón”, “Emma Suárez mal dirigida, estropea lamentablemente la figura irreal, mítica que le ha sido confiada”. Así rezaba la crítica del celoso crítico Lorenzo López Sancho.


El teatro de Vargas Llosa (La señorita de Tacna, Kathie y el hipopótamo, La Chunga, El loco de los balconesy Ojos bonitos, cuadros feos), precisa de grandes directores; directores que, como Juan Ollé, disientan de la idea generalizada de que “el teatro de Vargas Llosa es para ser leído, no representado”. Lo mismo que se decía de Valle Inclán.

Han pasado años, muchos años. La Chunga que estrenó Vargas Llosa, en enero de 1986, en el Teatro Canout de Lima, volvió a Madrid, al Teatro Español, en abril de 2013, protagonizada ahora por Aitana Sánchez-Gijón, Asier Etxeandia, y la joven Irene Escolar.

Al Nobel de Literatura, como a nuestro Benavente, le gustan las tablas y por cuarta vez se sube a ellas: “enel escenario, contando historias y representándolas junto a Aitana Sánchez Gijón, me siento feliz y muerto de miedo al mismo tiempo”. Y, es fuera del escenario, el escritor y protagonista de historias, donde vive una de amor que no ha escrito y que ni siquiera pudo imaginar aquella noche de estreno en el Espronceda: su novela real con Isabel Preysler; todo lo anterior había sucedido antes de enamorarse.

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