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ORIENT EXPRESS

Un gran avance frente al ISIS

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 14 de febrero de 2016, 17:56h

El 14 de febrero no es solo el día de San Valentín. En esta misma fecha, la Iglesia Católica celebra a los santos Cirilo (827-869) y Metodio (815-885), patronos de Europa y apóstoles de los eslavos. Nacidos en Tesalónica, fueron enviados a la Gran Moravia a petición del príncipe Ratislav, que había expulsado a los misioneros enviados desde Roma. Para esta misión, tradujeron al eslavo antiguo la Biblia y desarrollaron el alfabeto glagolítico, del que nació, a su vez, el cirílico. Es conmovedor ver las placas que adornan la tumba de Cirilo en la iglesia de San Clemente en Roma escritas en las lenguas de aquellos pueblos que deben a este santo y su hermano una parte esencial de su cultura y su identidad.

Este día resulta muy significativo por los acontecimientos de esta semana.

Apenas hace cinco días, el Papa Francisco y el Patriarca de Moscú y Toda Rusia Kiril se han encontrado en Cuba y han superado, en unas horas, una separación que ya duraba casi mil años.

Es verdad que el encuentro se había intentado en el pasado y nunca había prosperado. No lo lograron ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI. Hubo -hay que recordarlo- gestos de acercamiento importantes como la devolución del célebre icono de la Virgen de Kazan -la “kazanskaya”- de gran devoción en toda Rusia y, en general, en el mundo ortodoxo. Se la llama la Protectora de Rusia y es habitual encontrarla en las casas de muchos creyentes. Esta imagen fue un símbolo durante la resistencia contra la invasión polaca de 1612, la sueca de 1709 y la francesa de 1812. Fue robada en 1904. Los bolcheviques la enviaron de Kazán a Moscú en 1918. Desapareció y la encontraron de nuevo, terminada la I Guerra Mundial, en una subasta de objetos sacros en Polonia. La compró un millonario inglés y, en 1970, se volvió a rematar. Esta vez la adquirió el Ejército Azul de Nuestra Señora, que llevó el icono a Portugal, donde permaneció hasta 1993, en que fue entregado a Juan Pablo II, gran devoto de esta Virgen.

Ahora el encuentro entre la Iglesia Ortodoxa rusa y la Iglesia Católica abre un horizonte de esperanza para las comunidades de cristianos que, en África y en Oriente Medio, sufren matanzas y persecuciones. El genocidio que el Estado Islámico en Irak y Siria está perpetrando contra ellos ha sido una de las razones para que esta cita tanto tiempo demorada se haya producido en estos días. Seis de los treinta puntos de la declaración conjunta que el Papa y el Patriarca han firmado se refieren expresamente a la persecución contra los cristianos. Los puntos 8 y 9 son contundentes en la denuncia de la destrucción de los cristianos de Oriente Medio y el norte de África:

“8. Nuestra atención está dirigida principalmente hacia aquellas regiones del mundo donde los cristianos están sometidos a persecución. En muchos países de Oriente Medio y África del Norte, se exterminan familias completas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, pueblos y ciudades enteros habitados por ellos. Sus templos están sometidos a la destrucción bárbara y a los saqueos, los santuarios – a la profanación, los monumentos – a la demolición. En Siria, Irak y otros países de Oriente Medio observamos con dolor el éxodo masivo de cristianos de la tierra donde nuestra fe comenzó a extenderse, y donde ellos vivían a partir de los tiempos apostólicos, junto con otras comunidades religiosas.

9. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional a tomar medidas inmediatas para evitar un mayor desplazamiento de los cristianos de Oriente Medio. Levantando nuestras voces en defensa de los cristianos perseguidos, también solidarizamos con sufrimientos de seguidores de otras tradiciones religiosas, que se han convertido en víctimas de la guerra civil, el caos y la violencia terrorista.”

He aquí la terrible realidad de la destrucción de las comunidades cristianas más antiguas del mundo. El siglo XX ya presenció un genocidio cometido contra cristianos: el exterminio de los armenios entre 1915 y 1922. Las comunidades de siriacos, nestorianos, caldeos y griegos -por poner algunos ejemplos- sufren una decadencia que amenaza su propia supervivencia y el testimonio de que alguna vez hubo cristianos en aquellas tierras. El exterminio que está en marcha no comprende solo la matanza de las personas, sino la desaparición de toda memoria de su presencia.

La lucha contra el ISIS y, en general, contra las organizaciones yihadistas que amenazan la supervivencia de los cristianos y de otras minorías religiosas como los yazidíes recibe ahora un impulso que no debe minusvalorarse. En un mundo donde el hecho religioso es cada vez más importante, una acción conjunta contra el genocidio es la única manera de salvar a unos cristianos que han estado olvidados durante años. La causa de las minorías cristianas debe llevarse a los foros internacionales -especialmente a las Naciones Unidas- y formar parte de la agenda de derechos humanos.

Más de mil doscientos años después de la muerte de Cirilo, cuya fiesta se celebra hoy, y casi mil años después del cisma de Oriente, se vislumbra una luz de esperanza para las comunidades cristianas que han logrado sobrevivir desde los tiempos de Jesús hasta nuestros días. Ojalá no sea tarde.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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