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ENTRE ADOQUINES

Mariano Rajoy, el protagonista inesperado

miércoles 24 de febrero de 2016, 20:11h

Resulta cuanto menos inesperado que Mariano Rajoy se encuentre protagonizando durante estos últimos días las entrevistas televisivas más seguidas por la audiencia. Aquel otrora conocido como “presidente del plasma”, lleva dos “cara a cara” seguidos y, para sorpresa de la inmensa mayoría, ha logrado que el aislamiento al que los dirigentes del resto de fuerzas políticas le han estado sometiendo se haya convertido ahora en su principal aliado. Aunque sea tarde. Cualquiera con mente abierta, capaz de lidiar con el dogmatismo que en general nos caracteriza y de reflexionar sobre lo que quiere para su presente con independencia del bando en el que lucharon sus abuelos en el pasado, habrá descubierto a un presidente – en funciones – que habla de cosas concretas. Muy concretas. Sean o no de su agrado o simpatía.

Que la simpatía, el carisma o la belleza sean activos de crucial importancia a la hora de “contratar” al gestor de nuestros porvenires, chirría. Pero somos humanos y nos movemos impulsados por las tripas. Igual de humanos que Rajoy se ha mostrado reconociendo que le ha dolido, y mucho, que en su ciudad, en Pontevedra, el Ayuntamiento le haya nombrado persona non grata a cuenta, es decir, con la excusa de la prorroga aprobada por el gobierno en funciones que permite a la empresa ENCE seguir con su actividad, una actividad que lleva años en boca de los pontevedreses, enfrentando a quienes ven en ella un ataque contra el medioambiente y a aquellos otros que no quieren que se pierdan puestos de trabajo en la zona.

Decía Rajoy este miércoles, durante la entrevista que le ha realizado Susana Griso en La Moncloa, que en Pontevedra nunca se había nombrado a nadie persona non grata, añadiendo con esa fina ironía tan sana y gallega, que ni a Hitler ni a Stalin se les había castigado con una nominación, que – esto lo añado yo - más que de un organismo político parece salida de la casa de Gran Hermano. Por supuesto, VIP. Que el presidente en funciones no tire de esa misma ironía para quitar importancia al asunto haciendo ver que no le afecta, muestra con preocupante claridad que el aislamiento al que le ha sometido Sánchez carece de argumentos; y no augura buenos tiempos para quienes no piensen igual que el próximo gobierno del PSOE. A propósito de pensar, ¿qué piensan los votantes de Ciudadanos sobre la actuación de su presidente? ¿Ven en su pacto con Sánchez la diabólica jugada consistente en forzar al PP a unirse para evitar a Podemos, pero con Sánchez ocupando La Moncloa? Y ya que estamos, ¿es Rivera un salvador, un oportunista o un no se sabe? ¿Juega con cartas marcadas o ni siquiera ha mirado la mano que lleva?

Para Rajoy, y así se lo escuchamos afirmar a Cameron hace unos días, nos dirigimos de cabeza hacia unas nuevas elecciones que, sin embargo, las encuestas aseguran que no servirían para aclarar el horizonte político que nos permita arrancar de una vez con la legislatura. Iglesias y Sánchez apelan a valores tan abstractos como el progreso y el cambio, pero ¿quién no va a apostar por cambiar y progresar? Nadie en su sano juicio podrá decir que no quiere que su vida cambie a mejor y progrese de manera continuada para alcanzar un estado lo más benéfico posible. Pero en la vida, pública y privada, el cambio y el progreso precisan de actos concretos, y de estos, ni Sánchez ni Iglesias, ni siquiera “san Albert”, han explicado demasiado. De modo que, ¿sería mucho pedir que la próxima vez que escuchemos hablar de un gobierno del progreso y del cambio nos explicaran en qué consiste su hoja de ruta? ¿Cómo va a afectar, por ejemplo, a los autónomos? ¿O qué mágica fórmula tienen pensada para crear empleo?

Madrid ya tiene un Ayuntamiento liderado por Podemos con el apoyo del PSOE y los cambios, los buenos, han afectado únicamente a parientes, amigos y aliados: ellos sí han cambiado de trabajo. En cuanto al progreso, lo realizado hasta el momento más bien huele a regresión: resucitemos los fantasmas de la Guerra Civil por si alguno aún sigue pululando por las calles de la capital en forma de placa con su nombre y apellidos, hagamos una campaña para decir a los ciudadanos que si la ciudad está sucia es porque son unos guarros y no porque no se limpie o juguemos a la fácil provocación trasnochada con los actos culturales para que vean lo modernos, lo progres que somos todos. Hasta los mismísimos guiñoles.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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