Un joven e inexperto escritor pidió al literato Somerset Maugham que le diera la fórmula del éxito económico en la literatura teatral. Maugham le contestó: Si usted quiere triunfar, comience por escribir una comedia en cinco actos. Una vez terminada, rompa usted el manuscrito, y al cabo de unos días vuelve usted a escribir la comedia reducida a tres actos. Después, la rasga también, y unos días más tarde la transforma en una pieza en un acto. Y hecho esto, se casa usted con una multimillonaria norteamericana. Si el joven e inexperto Pedro Sánchez estuviera aún soltero, encajaría a la perfección en este relato, solo que sustituyendo comedia por pacto. El candidato a la investidura podría concertar tantos pactos como puntos cardinales puede indicar una veleta. No es extraño que tenga a la militancia igual de dividida que la afición del Real Madrid. Esta crisis interna está alineando dos tendencias divergentes con riesgo de resquebrajamiento en el PSOE. Y riesgo para España.
En la austera mesita del Congreso de los Diputados en donde se escenificó el acuerdo entre los dos mozos más de moda de la democracia española se echó de menos un par de ceniceros, obsequio de la alcaldesa Carmena, sobre los que apagar tanto fuego de artificio y tanto fuego fatuo. El pacto, calificado de histórico por ambos firmantes, lo mismo que los resultados electorales obtenidos por Sánchez, lo es de bolsillo al contener solo generalidades y desiderátum. Puestos a desear, bien pudiera haberse incluido en el acuerdo los afanes de la nación española por situar un hombre en Marte en 2022 y anotar, como hiciera en 1949 el ciudadano americano James T. Mangan sobre el espacio sideral, un derecho de propiedad sobre el planeta rojo. Si a sus sesenta y seis páginas se hubieran añadido seiscientas más el acuerdo habría sido un auténtico pandemonio.
Los dos debutantes pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino que nos transportarán a una nueva Transición. Debe ser a media España porque la otra media es apeada del tren y relegada en el andén de la historia. No solo es un insulto a aquella fecunda etapa de nuestra historia reciente sino que también es letal para la inteligencia proponer una “reforma exprés” de la Constitución. Suena como a esa disfunción que suele adjetivarse con precoz. Sin meditar ni saborear. Alfonso Guerra dijo de José Ramón Caso que era la fotocopia de Adolfo Suárez. ¿Qué diría de Albert Rivera? Este tipo de componendas y maridajes entre formaciones políticas sobre cosas sin importancia mientras lo fundamental queda pendiente, suena más a cabildeo en favor del interés propio que a gobierno de estadista al servicio de todo un pueblo. Y mientras el comunismo es hábil para aprovecharse de la candidez ajena y sobre todo para enmascararse detrás de la cortina de humo que determinadas palabras pueden representar. Los Frentes populares fueron y son táctica favorita de los comunistas para avanzar hacia el poder flanqueado por unos camaradas que a la hora de la victoria resultan implacablemente eliminados.