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TRIBUNA

Mestizaje ideológico

miércoles 02 de marzo de 2016, 20:35h

Durante el discurso de investidura celebrado el uno de marzo, el líder del Partido Socialista, Pedro Sánchez, se refirió a la necesidad de lograr un “mestizaje ideológico” para formar gobierno e iniciar una andadura de cambios y reformas que dejaría, eso sí, fuera de todo acuerdo al Partido Popular. No parece muy consistente apelar a un Gobierno de diálogo y acuerdos pero simultáneamente excluir como interlocutor al partido con más legitimación. El hecho de apelar al pasado y acusar a Rajoy de imponer leyes durante cuatro años de manera absolutista, asumiendo una decidida actitud revanchista, creo que no ayuda a salir de la encrucijada política en la que ahora los españoles nos encontramos.

El líder socialista en su discurso de más de hora y media calificó a su partido de “piedra angular” del sistema político español, queriendo dar a entender que cualquier “fórmula de Gobierno” debía pasar necesariamente por el PSOE a la vista de la “complicada aritmética parlamentaria”. De ser esto es así, no se explica que los socialistas digan que no “exigen nada, no aspiran a imponer nada y no tienen líneas rojas” y que “ofrecen gobernar mediante pactos” dando la espalda a los millones de españoles que votaron en su día al Partido Popular.

Me parece que es un error de perspectiva apelar al cambio o mestizaje ideológico apoyándose en fuerzas que no quieren sumar esfuerzos sino desunir. No llego a entender que si la uniformidad empobrece –lo cual es absolutamente cierto- ¿por qué no se quiere formar una gran coalición como la disfruta, por ejemplo, Alemania en nuestros días? Lo quiera o no, Sánchez sabe que no tiene suficientes apoyos a día de hoy para formar Gobierno, al contar solo con el partido de Ciudadanos con el que suma 130 escaños de los 176 que exigen las reglas democráticas para poder gobernar, cifra que tampoco alcanzaría el PSOE de unirse exclusivamente a las fuerzas de izquierdas. La fragmentación del Congreso está claro que no arroja mayorías absolutas ni de derechas ni de izquierdas.

La forma de ganar los favores de Pablo Iglesias no puede ser a través del rechazo de cualquier tipo de acuerdo con el Partido Popular. De hecho, el discurso de investidura confirma que no ha bastado este gesto para impedir la decepción de Podemos, quien ha rechazado la alianza con Ciudadanos y quien ha insistido en que no se ha defendido un proyecto de gobierno serio y creíble.

El mestizaje ideológico estoy de acuerdo con Sánchez en que sería muy positivo para España pero no a cualquier precio. El pragmatismo sin límites es un craso error. Más importante que este tipo de mestizaje me parece que es el “mestizaje de valores democráticos” con el que poder ennoblecer el panorama político actual, cuestionado en este momento por los graves casos de corrupción en partidos de ideologías bien distintas. Para salir de esta crisis política hay que partir de un marco valorativo distinto que promueva el diálogo entre partidos que aspiren a que se respeten los preceptos constitucionales, que apoyen un proyecto de gobierno serio, guiado por la regeneración democrática, y no un mero compendio de buenas intenciones.

Sánchez se refirió con acierto en su discurso a cinco retos que sí pienso debería asumir como propios el futuro Gobierno sea cual sea: empleo, desigualdad, regeneración democrática y combate contra la corrupción, el papel de España en el mundo y la crisis de convivencia en Cataluña. En relación con este último reto, hay que reconocer que los diputados catalanes se mantuvieron expectantes a las palabras de Sánchez sobre aspectos territoriales, a sabiendas de la firma del documento con Ciudadanos que contemplaba el rechazo al referéndum de Cataluña. El líder del PSOE trató de moderar su discurso, enfatizando que lucharía por la defensa de la ley, tendiendo puentes en aras de que todos se sintieran parte de un “proyecto común”. Asimismo, resaltó su apuesta por una reforma de la Constitución que avanzase hacia un modelo federal.

Sin duda, también motivo de gran malestar en su discurso fue la omisión de la supuesta supresión de las Diputaciones Provinciales. La idea de crear “consejos provinciales de alcaldes en sustitución de estas viejas” instituciones, fue deliberadamente omitida, provocando una honda decepción entre socialistas y miembros de Podemos.

En esta primera ronda Sánchez necesita llegar a contar con 176 diputados de los 350 que alberga el hemiciclo. En caso de no lograr esta cifra, habrá que celebrar otro debate y votación 48 horas después –viernes, 4 de marzo-, necesitando entonces mayoría simple. No se albergan esperanzas de conseguirlo.

Esperemos que el nuevo Ejecutivo gobierne en aras del bien común que es algo concreto, por encima de los horizontes políticos y de los intereses partidistas, para que todos los españoles se sientan representados y apoyados por sus representantes en el Congreso de los Diputados. En definitiva, ni pragmatismo ilimitado ni idealismo político inalcanzable.

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