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INVESTIDURA

El debate. ¿Es mejor un Gobierno de extrema izquierda o nuevas elecciones?

jueves 03 de marzo de 2016, 12:41h
Actualizado el: 04 de marzo de 2016, 09:03h
Mientras Sánchez y Rajoy sigan, la gran coalición parece cada día más lejana.

El primer acto del vodevil, sainete, bluf o como se le quiera llamar al descarnado combate en el ring del Hemiciclo de todos contra todos, a excepción de PSOE y Ciudadanos, claro, ha terminado como se esperaba: el “pacto de legislatura” se ha llevado un “no” tan grande como el de los 219 votos que no quieren que Sánchez sea presidente del Gobierno.

Pero el fiasco ha servido para algo. Ha servido para aclarar el panorama y para saber, y empezar a aceptar, que cada día estamos más cerca de que se convoquen nuevas elecciones generales.

La incógnita sobre el futuro político español todavía se reduce a dos opciones: un Gobierno del PSOE y la extrema izquierda con la aquiescencia de los separatistas o una nueva convocatoria a las urnas.

Porque, aunque más difícil que nunca, ese pacto del frente popular es el único que puede cuajar antes del 2 de mayo. De momento, Pablo Iglesias ya ha comunicado a Pedro Sánchez que está dispuesto a reunirse a partir del lunes. La duda está en saber el margen de maniobra que puede tener el secretario general del PSOE dentro de su partido para acercarse a Pablo Iglesias, después de los ataques inmisericordes que el líder de Podemos lanzó a la Historia y a la bancada entera del PSOE. El propio Sánchez fue insultado, vejado y ridiculizado con una crueldad brutal. Entre otras lindezas, le llamó “miserable”. Pero, como tras el fiasco hay que volver al principio, la única agarradera que le queda a Sánchez para no salir escabechado sigue siendo Pablo Iglesias.

Todavía no hay que descartar, pues, que cuaje ese pacto. Y hay que estar muy atentos hasta el último segundo, porque el zorro de Iglesias puede guardarse una carta hasta el final para, al agotar los tiempos, poder fintar a los barones del PSOE, probablemente el gran escollo para que este acuerdo salga adelante. Hasta la última votación no hay que descartar una maniobra a la desesperada.

Muchos creen, en cambio, que el “show” de Pablo Iglesias en el debate estaba pensado como lanzadera de su campaña electoral al apostar por unas nuevas elecciones; más aún, tras su protagonismo en el debate erigiéndose como el adalid de la izquierda auténtica. Con razón se le veía feliz y satisfecho tras el mitin que ofreció desde la tribuna de oradores con sus venenosos eslóganes contra todo el que no fuera morado. Un espectáculo que dejó “K.O.” y mudo al pobre de Pedro Sánchez. Pablo Iglesias, pues, tiene en su mano intentar rematar el frente popular o ir a unas nuevas elecciones.

Y en este punto al que ha llegado la situación política española, buena parte de la opinión pública se decanta por ir a unas nuevas elecciones antes de que se forme un gobierno con la extrema izquierda. Es verdad, que ir a las urnas supone un dineral, una nueva y desagradable campaña electoral, la parálisis política de España otros seis meses con suerte y el estruendo de la bronca política por todos los rincones del suelo patrio. Pero también es verdad, que solo en esos seis meses, un frente popular despilfarraría mucho más en sandeces populistas que el coste de unas elecciones. Pero, sobre todo, que España se iría al traste. Sin más. La crisis económica se desorbitaría acompañada de un incremento del paro sin precedentes, las empresas saldrían corriendo, las inversiones se esfumarían y el ambiente político y social se crisparía, se radicalizaría.

Y como lo de la gran coalición parece cada día más lejano, mientras Sánchez y Rajoy sigan en activo, buena parte de la opinión pública empieza a ver en unas nuevas elecciones la mejor solución para salir del atasco. Y si Rajoy y Sánchez se apartan, mucho mejor.

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