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PRIMER MINISTRO DE CANADÁ

Justin Trudeau o cómo triunfar siendo el 'anti Trump'

viernes 04 de marzo de 2016, 15:27h
Justin Trudeau o cómo triunfar siendo el 'anti Trump'
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Joven, carismático, popular y comprometido. Así es el primer ministro de Canadá.
Con su verborrea y habituales sus salidas de tono Donald Trump ha puesto de manifiesto a lo largo de este proceso de primarias republicanas el perfil cada vez más bajo de la figura política norteamericana.

La sociedad estadounidense le ha dado la espalda a la tradicional 'casta' de Washington y se ha dejado cautivar por discursos más simplistas y demagógicos, como los de Trump, o menos encorsetados y de mayor carácter social, como los del reconocido socialista demócrata Bernie Sanders.

Sin embargo, no muy lejos, de hecho cruzando la frontera norte del país, uno se encuentra con una forma radicalmente diferente de hacer política de la que propugna el que todos señalan como próximo candidato del GOP a ser el presidente de Estados Unidos. En Canadá, un país que vive a la sombra de la primera potencia mundial en casi todos los sentidos, se sienten muy orgullosos de su primer ministro y del trabajo que viene realizando desde que alcanzara el poder el pasado mes de octubre.

Justin Trudeau, de 44 años, casado y con tres hijos, pasaría por ser el yerno ideal si no fuera porque ostenta el cargo más importante del país, por detrás de Isabel II, jefa del Estado mediante herencia colonial. Joven, guapo y con ese don de gentes que es cada vez más habitual en la nueva hornada de políticos, entre los que también podrían contarse los Albert Rivera (36 años), el ahora derrotado Nick Clegg (49) o Matteo Renzi (41).

Pero no es su aspecto físico lo que hace de Trudeau un político diferente, sino sus formas de gobernar. En tan solo cinco meses ha logrado convencer a sus compatriotas más allá de la mayoría absoluta de la que goza su Partido Liberal con medidas sociales en favor de la ciudadanía por encima de los grandes poderes empresariales, económicos o políticos. Una línea muy diferente a la de su antecesor, Stephen Harper, alérgico a las comparecencias públicas.



Trudeau, vástago de otro exprimer ministro, Pierre Elliott Trudeau, artífice del Canadá moderno, multicultural y multilingüe, lo que en sus inicios le llevó a tener que lidiar con la etiqueta de 'hijo de', y exboxeador amateur de cierto reconocimiento se ha mostrado públicamente a favor de reducir la carga impositiva a las clases medias, de legalizar la marihuana (admite haberla fumado "cinco o seis veces" en su vida) o de los matrimonios homosexuales, es defensor del derecho de la mujer a abortar, encabeza enfundado en una camiseta rosa las campañas de su Gobierno contra el acoso escolar y es contrario a los bombardeos indiscriminados en Siria e Iraq.

Prueba de que es un político que antepone la meritocracia por encima de los nombres son las figuras de las que se ha rodeado en su primer Gabinete. En su equipo de gobierno, paritario, se pueden encontrar una exfiscal como ministra de Justicia, una abogada ecologista como responsable de Medio Ambiente, un teniente sij con servicio en Bosnia y Afganistán para el área de Defensa o una inmigrante afgana al frente de la cartera de Instituciones Democráticas.

Pero si hay algo que en estos cinco meses ha marcado el trabajo de Trudeau, que no vacila en hacer campañas riéndose de sí mismo, como primer ministro ha sido su enfoque del problema migratorio derivado de la crisis humanitaria que padece Siria. El canadiense, a diferencia de la respuesta dada por los líderes europeos o de Estados Unidos, ha dado un paso al frente y se ha comprometido a acoger a 25.000 refugiados a los que dará asilo.

Los primeros en llegar se encontraron al propio Trudeau en el aeropuerto dándoles la bienvenida y casi nadie ha osado tacharle de demagogo o populista, porque sus críticos que sus formas no son las tradicionaless. Trudeau es, simplemente, diferente.
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