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TRIBUNA

Homenajes cervantinos

Natalia K. Denisova
sábado 05 de marzo de 2016, 19:55h

La muestra inaugurada el viernes, 4 de marzo, en la Biblioteca Nacional ha sido anunciada el mismo día en los periódicos. De una manera displicente algunos para referirse a esta exposición han llamado a Cervantes “el inquilino” de la Biblioteca Nacional, como si entrara por primera vez en este sagrado edificio de la cultura; es un error flagrante decir que Cervantes es ahora un “inquilino” más del edificio, por la simple razón de que esta casa alberga la colección más importante sobre Cervantes y no hay otro rostro que se encuentre más que el de Cervantes en cada rincón del edificio: a la entrada una estatua, dentro un busto y, para rematar, una sala para investigar que lleva su nombre. Como si fuera poco error el citado, en la misma columna de esa exposición se dice otra gran falsedad, o peor un lugar común: llaman los responsables de la cosa a Cervantes erasmista, un tópico desmentido hace años por los investigadores serios. A pesar de esas afirmaciones carentes de cualquier base científica, el nombre de la muestra, Miguel de Cervantes: de la vida al mito, no deja de atraer porque, como señaló Ortega y Gasset, la vida de Cervantes es desconocida para el público general por fundirse con la de su personaje, don Quijote.

Muchos visitantes pasaron por allí la misma tarde de la apertura. Su expectativa ha sido premiada por una cantidad de objetos “curiosos” recopilada en las salas. Mas, ¿se han acercado a la vida del gran escritor? Al recorrer esta extensa muestra, uno queda algo desconcertado: ha avistado los planes de Madrid y de Argel, los grabados de la Batalla de Lepanto, los retratos de Cervantes, monumentos al Quijote, ha visto varias citas de cartas y obras cervantinas, pero, después de ver todo eso, ¿el espectador conoce acaso mejor al manco genial del siglo XVII? No, porque la muestra es una caja de sastre donde encuentras todo menos al propio Cervantes. Los organizadores han sido incapaces de mostrar una vida íntegra, la del escritor y el hombre Cervantes; hay cosas, sí, muchos fragmentos mal enlazados que aparecen allí en forma de objetos y papeles para ocultar lo esencial: Cervantes. Fallida exposición.

Cervantes sigue siendo un enigma. Los once autógrafos dan ilusión de acercarse al gran autor, pero, siendo los papeles banales, cotidianos, varios procedentes del vulgar oficio de recaudador que ejerció Cervantes, requieren algo más que su presencia física en escaparate. Las explicaciones que los acompañan no nos descubren la tragedia de un hombre que aspiraba a escribir y leer, a la quietud, pero tenía que pasar de aldea en aldea recaudando impuestos de la gente, muchas veces bastante pobres, para utilizarlo como provisión de las armadas. También ha sido algo desagradable encontrar una cita, una de las más importantes del Quijote, donde desaparece el bueno de Sancho: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones…” Pues bien, los organizadores han decidido eliminar el nombre de Sancho de esta frase sin mucho pensar ni señalar que la cita es trunca.

Trunca queda también la parte de la exposición dedicada a las traducciones del Quijote a otras lenguas. Nadie destaca allí con claridad la influencia de Cervantes en la literatura moderna. No está allí la obra The History of Cardenio redactada por homenajeado y celebrado Shakespeare. No está allí la novela de Henry Fielding Tom Jones (1749), donde la influencia de Cervantes es tan evidente como en su obra anterior Don Quijote in England (1728). No está allí Flaubert que no paraba de elogiar al Quijote y quien dio el alma quijotesca a una mujer, madame Bovary. Los organizadores fracasaron en señalar la importancia de Cervantes en la literatura mundial, Cervantes sobrepasa los límites de su saber academicista y erudito, que a lo más que llega es a recoger los objetos curiosos y ponerlos en orden.

Sólo hay un genio comparable a Cervantes en esta muestra. Un genio que se inventó hasta los antepasados para presumir de su lejano ascendiente, me refiero a Dalí Mamí, fue el primer amo de Cervantes durante su cautiverio argelino. Salvador Dalí retrató de manera magistral a Cervantes y al Quijote para integrarlos en una serie de grabados Cinco españoles inmortales. ¿Quiénes son estos cinco privilegiados? El Cid, Cervantes, el Quijote, Velázquez y el Greco. Únicamente un gran genio podía poner entre los españoles inmortales a un personaje inventado y a un meteco de procedencia griega. El genial Dalí confirma la observación de Ortega en las Meditaciones del Quijote: el Quijote se ha convertido en un personaje real, sustituyendo a su autor. Además, Dalí, un catalán no citado desgraciadamente por Mariano Rajoy en su artículo de El Mundo, es un ejemplo de cómo el buen conocimiento de la lengua catalana no está reñida con el magistral manejo de la lengua española. Una verdad incómoda para muchas élites políticas y culturales.

En resolución, como diría Cervantes, la exposición que inaugura el año cervantino está bien lejos de reflejar la importancia de este autor. No obstante, ni el cainismo plañidero ni la sensiblería moralizante, que se percibe en algunos comentarios y algunas citas de un tal José Gomá, que parece mimetizar sin ton ni son a Ortega y Gasset, pueden oscurecer el genio de Miguel Cervantes de Saavedra y de su “hijo” Alonso Quijano el “bueno”.

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