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TRIBUNA

La crisis de España vista desde América hispana

lunes 07 de marzo de 2016, 20:31h

A partir de los hechos históricos innegables y de los lazos de configuración del pensamiento occidental que unen a España con América hispana y concretamente con México, aquí se ensayan algunos elementos de análisis de lo que ocurre en España en estos momentos de debate político y de futuro de corto plazo.

1.- La crisis de España no es una crisis. Se trata de un sobresalto en la continuidad institucional. Sin embargo, los mecanismos legales, jurídicos y políticos son vigentes. Aun si España va inevitablemente a unas nuevas elecciones, ese proceso no sólo será producto de una cerrazón de los partidos sino más bien del difícil aprendizaje respecto a los mensajes del electorado y de la nueva configuración electoral de la sociedad. Mientras los mecanismos electorales sigan funcionando, el sistema político será autopoiético, es decir, de autorregulación.

2.- La transición española no llegó a su fin. El nuevo orden posfranquista fundado en 1976-1978 --ley de reforma política, Pactos de la Moncloa y Constitución-- no es eterno y llegó al punto de considerarse como el viejo orden de la transición. Es natural. Leonardo Morlino estableció el proceso de las transiciones: crisis del viejo orden-transición-instauración democrática- consolidación democrática-crisis. En cuarenta años nació una nueva generación de españoles. Y en lo político, Ciudadanos y Podemos se tardaron en construirse. Eso sí, las instituciones políticas de la transición siguen moviéndose por los valores de cultura política del --llamémosle así, por comodidad-- del viejo régimen de la transición.

3.- La sociedad española se percibe, cuando menos en los medios escritos y digitales que se pueden ver de fuera de España y con un océano de por medio, tranquila, exigente y a la espera de las respuestas nuevas a los nuevos desafíos. El saldo electoral fragmentado y dos nuevas fuerzas a la derecha y al centro crearon una nueva división política-ideológica de la sociedad. Y con esa nueva sociedad hay que lidiar; bueno, los partidos se tienen que acomodar a la nueva correlación de fuerzas sociales reflejadas en el nuevo sistema de partidos. España encara a jóvenes nacidos después de la transición: Pablo Iglesias en 1978 y Albert Rivera en 1979.

4.- Si se analiza con frialdad, el sistema de monarquía parlamentaria sigue siendo vigente en España, a pesar de la presencia en el parlamento de corrientes republicanas e independentistas que han optado por la lucha institucional y no los alzamientos violentos. El modelo nació en 1810-1812 con la crisis de Bayona: la monarquía opera con discreción y firmeza y no se ven rebeliones que recuerden 1936; y los independentistas están siguiendo los cauces institucionales. El desafío actual es mantener y reforzar ese modelo de convivencia a partir de la aceptación del régimen monárquico-parlamentario democrático.

5.- Los desequilibrios actuales son producto directo de la democracia. Se trata, por tanto, de encontrar las formas de ajustar a las instituciones bipartidistas a los nuevos equilibrios políticos pluripartidistas que son producto de nuevas fuerzas sociales en activo. A esta desafiante correlación hay que agregarle un elemento que está distorsionando los viejos equilibrios en España y en otros sistemas políticos: los indignados de la crisis. Por tanto, el viejo régimen de la transición tiene que lidiar con nuevas fuerzas sociales, ideologías post Muro de Berlín --aunque a veces sean anteriores-- y reclamos por el colapso del modelo de Estado de Bienestar que nació de la gran depresión de los veinte. Todo sistema encara retos de la coyuntura y del agotamiento de las viejas estructuras.

6.- El trasfondo del reclamo social se localiza en la crisis --ahí sí-- del sistema económico y del Estado de bienestar de la transición; es decir, de los Pactos de la Moncloa. Y no como problema de España, ni de Europa, sino del sistema económico-productivo internacional nacido después de la caída del Muro de Berlín como Consenso de Washington. Es la crisis del 2008 provocada por la codicia de los banqueros y financieros pero con la complicidad de los gobernantes de las grandes potencias, sobre todo de los EE.UU. Los avisos han sido sucesivos: Italia, Grecia y ahora España; en América por populismos ineficientes y el producto de ese viejo orden es la lista de los más ricos de la revista Forbes. La articulación sistema político democrático-sistema económico capitalista se equilibra con el Estado de bienestar o cuando menos con las políticas sociales. Las nuevas formaciones en España han sido producto de los indignados de la crisis.

Hasta aquí algunos puntos vistos desde fuera. Los debates parlamentarios por la investidura del socialista Pablo Sánchez fueron reveladores a los ojos de otras sociedades menos agobiadas por el corto plazo español. Aunque Keynes decía que a la larga todos estaremos muertos --por la crisis--, a la larga España encontrará una salida institucional: nuevas elecciones que rompan el desequilibrio o pactos más ajustados a la realidad y no --como el del PSOE-Ciudadanos-- ajustados a una minoría de 35%, dejando fuera a la primera y a la tercera fuerzas --PP y Podemos--.

Los Pactos de la Moncloa tuvieron su tiempo histórico pero dejaron una lección política. La historia interna de los Pactos, narrada por Ramón Tamames como uno de sus arquitectos operativos, siguen siendo una aportación de la construcción de acuerdos: Adolfo Suárez los propuso, el Partido Comunista de Santiago Carrillo los apuntaló y el PSOE tardó en sumarse pero al final lo hizo. Su objetivo fue modernizar España y meterla a Europa; ahora el desafío se ve similar: sacar a España del hoyo recesivo y el aumento de la pobreza y marginación y revitalizar Europa.

Los escenarios no se ven difíciles de percibir: o se ponen de acuerdo o España perderá el paso.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

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