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TRIBUNA

Coalición o Elecciones

Manuel Sánchez de Diego
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msdiegoucmes/7/7/11
lunes 07 de marzo de 2016, 20:32h

Pedro Sánchez ha perdido las dos votaciones del proceso de investidura. Mi amigo Juan Ignacio, un pequeño empresario, ha podido respirar tranquilo, pues como ha comentado “ahora que empezaba a levantar cabeza, no puedo permitirme un segundo Zapatero, un Pedro Sánchez que me vuelva a hundir”. Sin embargo, en el futuro todavía hay negros nubarrones políticos. Pedro Sánchez aún sobrevive y su supervivencia le podría llevar a dejarse besar por Podemos y los independentistas. Esperemos que quienes aún tienen criterio en el PSOE encaucen la acción política de ese partido y no lo aboquen al precipicio.

El discurso vacío del excandidato cuya consigna por activa o pasiva era y es “contra Rajoy y el PP”, le ha descalificado para pactar y liderar una Gran Coalición. Así lo manifestamos al comentar el debate a dos y al reflexionar sobre los pactos postelectorales llegamos a decir que Sánchez habíaquemado sus naves. En estos momentos, el PSOE no puede permitirse una convocatoria electoral en junio y, menos con Pedro Sánchez como líder. En esas elecciones es fácil que el PSOE fuera desbancado como segunda fuerza política por una alianza entre Podemos e Izquierda Unida ‑perdonen la imprecisión, pero los cambios de nombre de los comunistas, me tiene desconcertado. Y, eso podría significar el principio del fin del PSOE.

Tampoco Mariano Rajoy está en condiciones de liderar una Gran Coalición. Los ataques que ha recibido y los asuntos de corrupción en el PP han mellado su prestigio. Es verdad que su saldo como gestor de una crisis ha sido esencialmente positiva y sus discursos han sido brillantes y vibrantes y, en la investidura se cebó con el ahora excandidato. Un desquite en toda regla para consumo interno de la parroquia del PP. Pero el PP sigue solo y la tozuda aritmética le impide alcanzar la mayoría absoluta en la primera votación de investidura, y los “síes” no superarían a los “noes” en la segunda.

Por mucho que se empeñen Pedro Sánchez y Rajoy, no creo que el Rey les vuelva a proponer que sean candidatos. Solo si garantizan al menos una mayoría simple del Congreso de los Diputados. Es más, el Rey podría proponer a cualquier persona de nacionalidad española, aunque no sea parlamentario. Sin embargo, hoy por hoy es difícil de encontrar a alguien que desde fuera de la política pueda reunir los votos suficientes.

Si ningún candidato consigue la investidura antes del 3 de mayo se celebrarían elecciones generales el 26 de junio. Casi nadie –exceptuando Podemos, siempre que no se articule una opción de izquierda independentista bajo la efigie de Otegui,‑ quiere unas elecciones. En ellas seguramente se repetirán los resultados de diciembre de 2015: cuatro partidos políticos con un porcentaje de voto entre el 10% y el 20% sobre el censo, punto arriba o abajo; unos partidos nacionalistas que suman entre el 7 y el 10% y una abstención que podría incrementarse por encima del 30%. Si esos datos se refieren a votos válidos (excluyendo los votos nulos) los cuatro partidos más votados obtendrían votos entre el 15 y el 30% a costa de un importante sacrificio económico.

Las elecciones generales pueden suponer al Estado unos 160 millones de euros. Los gastos de del PP, el PSOE y Ciudadanos han sido superiores a las subvenciones que concede el estado por resultados electorales y envíos de propaganda electoral. En principio solo Podemos ha “ganado” dinero en las pasadas elecciones.

Podemos pensar que la campaña electoral de unas futuras elecciones ya está en marcha. Lo que dicen y hacen los líderes políticos, con el rabillo del ojo puesto en las encuestas, se dirige en último término a los ciudadanos. Por eso se vende socialismo y populismo en cada discurso, aparición pública y entrevista.

¿Qué posible candidato podría proponer Felipe VI?

Pablo Iglesias desea unas nuevas elecciones que le encumbren a segunda fuerza política, pero su discurso solo puede obtener apoyos entre los independentistas y la izquierda. Sus ataques al PSOE y a los patriarcas del socialismo le han cerrado las puertas del socialismo, por tanto, tampoco le salen las cuentas con la composición de la cámara actual.

Albert Rivera lidera solo la cuarta fuerza política en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, ha acumulado méritos por sus discursos moderados y constructivos. Salvo algún directo a la mandíbula de Pablo Iglesias cuando le preguntó si daría el Ministerio del Interior al etarra Arnaldo Otegui, por considerarle “un hombre de paz” y, la denuncia de corrupción y pereza del PP, sus palabras se han orientado hacia un consenso imposible bajo la dirección de Pedro Sánchez. Su estrategia comunicativa trata de identificarse con Adolfo Suárez y, de momento tiene un pacto con el PSOE que garantiza el voto afirmativo de al menos 130 diputados. La gran pregunta es si conseguirá que el PP se abstenga o apoye una Gran Coalición bajo su dirección. Lo ideal sería un gobierno fuerte con una vicepresidencia primera económica en manos de alguien del PP y una vicepresidencia segunda de carácter social dirigida por el PSOE. Claro que en ese Gobierno no deberían estar ni Rajoy, ni Pedro Sánchez. Solo así mi amigo podría respirar tranquilo, al menos durante un tiempo.

Manuel Sánchez de Diego

Abogado y Periodista. Profesor de la UCM

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