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GOYA A LA MEJOR PELÍCULA EUROPEA

Mustang, de niña a mujer en la Turquía rural

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 11 de marzo de 2016, 10:02h
Mustang , de niña a mujer en la Turquía rural

Llega a las salas la cinta ganadora del Goya a la mejor película europea, Mustang, la ópera prima de la cineasta turco-francesa Deniz Gamze Ergüven.

MUSTANG

Director: Deniz Gamze Ergüven
País: Francia
Guión: Deniz Gamze Ergüven y Alice Winocour
Fotografía: David Chizallet y Ersin Gok
Música: Warren Ellis
Reparto: Erol Afsin, Ilayda Akdogan, Doga Zeynep Doguslu, Elit Iscan, Ayberk Pekcan, Günes Sensoy, Tugba Sunguroglu
Sinopsis: En un pequeño pueblo, al norte de Turquía, cinco hermanas huérfanas de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años pasan el verano en un jardín paradisíaco de risas y juegos inocentes sobre las olas del Mar Negro con los chicos de la escuela. Sin embargo, la condición de la mujer en el país no tardará en provocar rumores de inmoralidad y escándalo de las jóvenes, así que sus familiares, a través de la abuela y el tío, deciden hacerse cargo del asunto; esto es, prepararlas y precipitarlas hacia su destino de futuras esposas.

Lo mejor: La importancia del mensaje | El equilibrio entre la gravedad del asunto y la luminosidad, energía y esperanza del relato

Lo peor:Algún pequeño giro de guión al final, necesario para resolver la trama pero con menor fuerza y sutileza que el resto. Asumible en cualquier caso

Los primeros minutos de Mustang encierran la esencia de lo que veremos en las dos horas de metraje y lo que hace de esta pequeña ópera prima de la cineasta turco-francesa Deniz Gamze Ergüven una gran película, oportuna y necesaria. Se acaban las clases en el colegio de un pueblo de Turquía; cinco de las alumnas, hermanas de entre 12 y 16 años, lo celebran jugando en el agua del Mar Muerto junto a algunos compañeros de la escuela. Bellos planos cargados de vida que hacen equilibrio, como las niñas a hombros de sus amigos, en una balanza entre la niñez y la adolescencia. Cuando llegan a casa, un golpe de realidad: su abuela las reprende. Los vecinos hablan, se han convertido en la comidilla por su actitud impropia para las mujeres que empiezan a ser, el decoro y la virtud puestos en entredicho en un país que, todavía en sus zonas rurales, sigue arrinconando a la mujer, coartando su libertad y su capacidad de decisión, vinculándola con el pecado y reservándola el papel de esposa, madre y ama de casa.

A partir de entonces, las niñas sufrirán el confinamiento en la casa familiar, una suerte de entrenamiento generacional como final de una etapa –la de la niñez y la libertad- y el inicio del resto de sus vidas, destinadas al matrimonio, los hijos y el acatamiento de las normas, casi siempre impuestas desde fuera y sin posibilidad de réplica.

La magia de Mustang está en que, a pesar de narrar una realidad devastadora, no pierde la luminosidad de ese baño inocente y divertido con el que arranca la cinta. Y así se gana al espectador: fijándose en la luz que entra por cada uno de los barrotes de la casa, lanzando un mensaje de esperanza y optimismo. La dureza del destino de estas niñas, de tantos millones de mujeres en el mundo, podría haber configurado una cinta oscura, áspera y desagradable. Pero la cineasta conjuga con maestría un relato de aplastante realidad con escenas que rozan lo onírico –con una realización y una fotografía que inciden en esta sensación de cuento agridulce- y notas de humor que llegan incluso a arrancar la carcajada en la sala.

La grandeza de la cinta está en lograr el adecuado equilibrio para que esos mimbres más distendidos, que animan el relato e imprimen ritmo, no resten seriedad al asunto de fondo.

Ergüven incide en la permanente sexualización del cuerpo de la mujer. La intimidad de las cinco hermanas, sus juegos, sus risas, están rodados con una delicada planificación, que contrapone el concepto natural del cuerpo al cuerpo-objeto, creado, aquí, por la tradición y la religión.

Mustang también muestra una Turquía de contrastes, en la que la mucho más cosmopolita y modernizada Estambul se convierte en el sueño de las chicas, frente a la cerrazón de su pueblo. Y ahí la cineasta vuelve a abrir una ventana a la esperanza. Enseña y denuncia una Turquía que todavía existe: patriarcal, sustentada en los matrimonios concertados y en la que las mujeres dejan de ir al colegio para aprender a cocinar y coser. Pero no se queda ahí, sino que mira en otras direcciones, buscando una salida que se va haciendo más nítida con el paso del tiempo. Un optimismo que la cinta encierra en su título, en referencia a la raza de los caballos salvajes de Norteamérica, libres, fuertes y resistentes.

La historia, el tono y el mensaje funcionan en Mustang apoyados en una dirección de actores, actrices en este caso, que es una pura delicia. Las cinco chicas, debutantes, logran cargarse de verdad y dotar a sus personajes de carácter y rasgos distintivos, tanto en sus individualidades como dentro de la perfecta conjugación que forman juntas. Ergüven demuestra una capacidad arrolladora para sacar lo mejor de ellas y un ojo clínico para llevar al espectador de una a otra a través de la mirada de la más pequeña, la verdadera guía del público por la trama.

Una película tan necesaria como disfrutable.


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