El proceso democrático que culminará en la elección de los candidatos de los principales partidos estadounidenses está viviendo un momento apasionante. Por el lado demócrata, el excéntrico empresario Donald Trump sigue cosechando éxitos, pero por el momento no son suficientes para asegurar su victoria final. De hecho, los rivales tienen más delegados que los que ha cosechado Trump. Y, a medida que sus competidores van abandonando la carrera, la alternativa de Ted Cruz se va haciendo más fuerte, y ya se vislumbran las defecciones de John Kasich y Marco Rubio. Del lado demócrata, Hillary Clinton podía dar por segura su nominación hace menos de un año, pero el candidato Bernie Sanders ha demostrado tener los suficientes apoyos como para poner en duda las opciones de Clinton.
De modo que en este momento hay cuatro nombres que tienen opciones reales de convertirse en el 45º presidente de los Estados Unidos. Cada uno de ellos tiene implicaciones muy claras dentro de las tradiciones políticas de aquél país. Hillary Clinton es, de todos los candidatos, quien más supone una continuidad con el actual presidente. Su principal referencia intelectual, Saúl Alinsky, es también la del actual presidente. Los dos buscan una transformación gradual, pero importante, de la sociedad estadounidense, para acercarla a una realidad más europea. Clinton es más cercana, en política exterior, al antecesor de Obama, George W. Bush, que al ex senador y antiguo rival de Hillary, pero los dos demócratas coinciden en cuestiones morales y sociales, como el aborto o el matrimonio entre homosexuales.
Bernie Sanders no es esencialmente distinto de Barack Obama o Hillary Clinton, salvo en política exterior. Él no pisaría un terreno que pudiera pertenecer, en alguna medida, a la lucha contra el terrorismo islamista, con todo lo que tiene ello de bueno y de malo. La novedad de Sanders es que es un candidato abiertamente socialista. Y, aunque el socialismo ha ido reptando por la historia de los Estados Unidos con distintos nombres, esta es la primera vez que un candidato que se reconoce como tal tiene opciones reales de convertirse en presidente de los Estados Unidos.
Frente a ellos se hallan los dos candidatos republicanos, toda vez que Marco Rubio está prácticamente fuera. Donald Trump encarna una genuina tradición política que se puede ver en el populismo y el carácter anti elitista de Andrew Jackson, el nativismo transido de un cierto racismo de los know nothings, y la repulsa por el libre cambio que forjó la continuidad entre los whig y el Partido Republicano hasta mediados del pasado siglo. Cruz es un candidato con otro cariz, muy distinto a los otros tres. Sus ideas están atadas, más o menos fuertemente, a las que inspiraron la creación de las instituciones estadounidenses, y que se han renovado en la segunda mitad del XX, con referentes políticos como Barry Goldwater o Ronald Reagan. Como se puede observar por todo ello, hay mucho en juego en estas elecciones estadounidenses.