www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Postdata a mi última estancia en Túnez

Víctor Morales Lezcano
lunes 14 de marzo de 2016, 20:07h
Somos algunos cuantos los historiadores que creemos en la reaparición cíclica del “factor sorpresa” en la superficie de los acontecimientos que hacen época. Uno de esos acontecimientos ha sido la insurrección popular de miles de ciudadanos tunecinos que se manifestaron hacia finales de 2010. Fue una insurrección popular contra el régimen político benalista (por el nombre del presidente de la república, Zine El Abidine Ben Ali) , pronto reconocida como la chispa que azuzó a millares de musulmanes descontentos y furiosos, durante la denominada Primavera Árabe. Cupo a Túnez, por tanto, el mérito de haber sido “primus inter pares”. O sea, el primer país árabe-islámico en manifestarse contra el autoritarismo deshonesto, aunque se tratara de un país de orientación secularizante, desde su independencia, en varios de los principios sobre los que reposó la etapa presidencial de Habib Burguiba (1957-1987).

Cuando la insurrección tunecina se propagó desde la pequeña ciudad de Sidi Bouzid hasta extenderse al conjunto territorial de esta nación norteafricana, no faltaron indicios de que se anunciaba un período de cambios imprevisibles. Fue lo que algunas autoridades intelectuales llamaron una “revolución”, cual es el caso del conocido profesor Abdeljelil Temimi; mientras que otros se contentaron con la metafórica denominación de “primavera árabe”, en especial el heteróclito amasijo de los medios y redes de comunicación social.

Más allá de querellas nominales o de sesgos interpretativos, la insurrección que se extendió por todo Túnez entre el 17 de diciembre de 2010 y el 14 de enero de 2011 era portadora de una aspiración política bicéfala: tanto el castigo al antiguo régimen como la conquista de una democracia liberal, de impronta norteafricana. Quizá, algún día, el autor de estas líneas llegue a recomponer todo el proceso de transición que ha venido experimentando Túnez, desde el chispazo inicial al que se ha aludido antes, hasta el momento de promulgarse la nueva constitución del 26 de enero de 2014. No sin avatares, ni incertidumbres, ni reveses que terminaron por hacer entrar en razón al poderoso partido islamista Ennahda (Renacimiento).

La milenaria Ifriquiya, que Roma había incorporado a su órbita imperial, se llenó de desasosiego, cuando, de resultas de otras insurrecciones magrebíes contemporáneas (caso de la argelina de los años 90 del siglo XX; o de la libia entre los años 2011-2012), la salud de la república de Túnez se sintió amenazada por factores geopolíticos inmediatos, procedentes del “vecindario” más próximo.

Se alude, aquí y ahora, también, a la amenaza que han supuesto para Túnez los atentados terroristas producidos durante 2015, “annus horribilis” para Túnez donde lo haya: casos del barrio de El Bardo, del hotel en Susa (ciudad-balneario muy visitada), y de los aledaños urbanos del Ministerio del Interior, puntos de muerte todos estos para nacionales y extranjeros. Se trató de atentados portadores de la marca terrorista “yihadí”, ejercitados por guerrilleros clandestinos de procedencia libia -e, incluso, por bandas de una juventud autóctona severamente castigada por la crisis económica que viene dañando el tejido social más frágil de Túnez-.

Como he podido expresar en una entrevista publicada hace una semana en “La Presse de Tunisie” (6 de marzo, 2016), esperemos que el turbulento estado guerrillero de la vecina Libia, y los reveses que vienen sufriendo Túnez y sus gentes, sean neutralizados por la tradición civilizatoria del Mediterráneo, donde se da cita, desde hace tres mil años, el coraje de ánimo al servicio del entendimiento colectivo. Es decir, el diálogo entre ribereños.

Béji Caïd Essebsi, presidente de la república de Túnez, gentes del gobierno y de la oposición cabal -con Rachid Ghanuchi en primera fila-, y con ellos una ingente masa de ciudadanos de la república, esperan y aspiran a que haya fortuna en la desafiante, pero no imposible, tarea de reconciliar el islam piadoso con el respeto a la libertad mesurada.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(1)

+
0 comentarios