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TRIBUNA

Una gran cualidad social

sábado 19 de marzo de 2016, 19:36h

Amistad:Un barco lo suficientemente grande como para llevar a dos cuando hace buen tiempo, pero sólo a uno cuando hace malo”. Ambrose Bierce, ‘El diccionario del diablo’

El otro día pregunté a un amigo: ¿qué harías tú para caer bien a una persona? No me supo responder con una sola frase pero entre varias ideas y propuestas pronunció la palabra clave:escuchar.

Parece que la sociedad valora cada vez más todo lo que tiene que ver con hablar y presta cada vez menos atención a todo aquello relacionado con escuchar. Existe un creciente interés por aprender a hablar mejor en público, hacer presentaciones deslumbrantes (tipo charlas TED) o caer bien en reuniones informales resultando interesante, agudo y entretenido, eso sí, siempre utilizando la palabra -o el lenguaje no verbal- para llamar la atención y no necesariamente para prestar atención. Incluso el lenguaje de las redes sociales (Facebook, Instagram, Twitter) ensalza el ‘yo’ hasta extremos insospechados dificultando el interés por los demás ¿Cómo podría uno oír algo, si no para de hablar o de pensar en lo siguiente que va a decir? A primera vista parece que contar y adornar nuestra aventura, en forma de idea, opinión, pensamiento, hazaña o fantasía, es lo que pide el guion del humano contemporáneo, pero: este camino, ¿en realidad nos acerca, o nos separa?

Leyendo un artículo sobre la introversión y la extroversión, que muy amablemente me remitió la mujer de un compañero de trabajo, me llamó la atención una definición que se le atribuye al famoso psicólogo Carl Gustav Jung: “para los introvertidos lo importante sería el yo, mientras que para los extrovertidos lo que primaría sería el yo con respecto a los otros”. También dice la Wikipedia que “los introvertidos se interesan principalmente por sus pensamientos y sentimientos, por su mundo interior, mientras que los extrovertidos se interesan por el mundo exterior de la gente y de las cosas, tratan de ser más sociables y de estar más al tanto de lo que pasa en su entorno”. Tomando estas definiciones y mezclándolas a mi gusto, podría decirse que vivimos en un mundo bastante introvertido bajo una apariencia de falsa extroversión donde lo importante es más bien el ‘yo’, ‘mis pensamientos’ y ‘mis sentimientos’, aunque trato de ser más sociable y de estar al tanto de lo que pasa en mi entorno, para potenciar mi yo con respecto a los otros.

Todo esto para decir que creo firmemente que la cualidad social que marca la diferencia es el interés genuino por muchas personas y no al revés, el interés de muchas personas en uno mismo. ¿Se nace -o se hace- con este interés? De la misma manera que hay multitud de personas abiertas, chisposas y ‘populares’ que, al carecer del don de la atención, resultan ruidosas, cansinas y fanfarronas, hay muchas otras atractivas que preguntan con gran interés y curiosidad verdadera, y que son encantadoras aunque sean solitarias, tímidas o se comuniquen con dificultad y torpeza.

Como en tantas otras facetas de la vida, las apariencias engañan, y nos engañamos a nosotros mismos si pensamos que al hablar mucho caemos en gracia. Estamos un poco ciegos si no nos damos cuenta de que para aprender, hay que escuchar; que para conectar hay que escuchar, y que para ayudar, para progresar, para amar, y hasta para reír y divertirse, hay que escuchar mucho más, y hablar mucho menos.

¿Cómo podría una persona cambiar el patrón de conducta? Seguramente sería muy difícil, ya que para empezar tendría que abandonar un estado de agitación vital que convierte el ‘yoismo’ en una actitud compulsiva y voraz: ¡yo, mi, mío! Leer es un ejercicio estupendo que cultiva la paciencia, la concentración y la escucha pasiva. La meditación, el yoga, pilates, caminar, el ejercicio físico o cualquier otra actividad que nos relaje es bienvenida, pero sobre todo, lo que nos ayudará a dar la vuelta a la tortilla serán la práctica diaria del interés natural y auténtico por lo que otra persona tiene que contarnos, y la toma de conciencia del efecto que provocamos cada vez que lo hacemos. En definitiva, escuchar es prestar atención más allá de nosotros mismos para seguir creciendo y, por supuesto, para caer bien.

La pesadez del locuaz

“El locuaz, en cambio, abusa de la palabrería y, sobre todo, no deja sitio para el otro. Lleva a sus últimas consecuencias el recurso ritual a la comunicación enfática, y llega incluso a caricaturizarla mediante la aniquilación simbólica de su compañero, del que no busca más que un oído complaciente. En su lucha pertinaz contra el silencio, logra la proeza de pasarse la vida haciendo de la simple emisión una actividad infatigable. Busca con ello saturar el tiempo gracias al encanto de un discurso en el que el destinatario poco importa, pues su contenido no sólo está vacío de sentido, sino que además es indiferente para el que escucha: su único objetivo es la afirmación reiterada de sí mismo. El cogito del locuaz podría formularse así: "Existo porque rompo continuamente el silencio con mi palabra proliferante". Ignora la necesidad de las pausas en el discurso y de los turnos de palabra, únicamente él consume el tiempo que dura el intercambio, y satura los recursos de silencio con su pobre discurso, imponiendo al otro el suplicio de tener que escucharlo. No tolera ningún intersticio en el habla. Necesita a su compañero para completar el simulacro, pues al ser incapaz de callarse es natural que no pueda oírle; ni siquiera se da cuenta de que la buena educación exige el cumplimiento de unas normas. Invade el espacio mental de su interlocutor, le abruma con una serie de detalles sin interés que sólo le conciernen a él; y, no contento con erigirse en maestro de ceremonias del intercambio, suprime toda posibilidad de réplica, conformándose con un cara a cara desnaturalizado, que además está condicionado por una aceptación forzosa. Dice Kafka en su Diario: "¿Sigue estando ahí el bosque? El bosque estaba poco más o menos ahí. Pero, apenas mi vista se alejó diez pasos, desistí, atrapado una vez más por la aburrida conversación”.” David Le Breton, “El silencio. Aproximaciones"

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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