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La melatonina puede cambiar tu vida

sábado 19 de marzo de 2016, 19:42h
Actualizado el: 19/03/2016 19:53h

Durante muchos años la humanidad fue diezmada por enfermedades terribles, temibles que no tenían cura, desde la tuberculosis a la peste bubónica tratada magistralmente por Thomas Mann en “La montaña mágica” y por Albert Camus en su obra “La Peste”. Los pueblos bárbaros del norte hacían llegar hasta el sofisticado e impoluto Imperio Romano enfermedades, plagas desconocidas que diezmaban su población y su mirar victoriosa. La petite touche humilde del Berghoff llegaba hasta el romanticismo como una forma hermosa de morir escupiendo sangre. Mucho más adelante los terrestres temíamos ser invadidos por epidemias y pandemias terribles portadas por asteroides o meteoritos chocados contra el planeta o por extraterrestres que llegaban en la mitad de la noche hasta colinas y montículos de la Tierra para ir descendiendo bajo el nombre de siniestras enfermedades. El cáncer hizo su aparición en pueblos desarrollados como Estados Unidos venidos de Dios sabe dónde, el cáncer como “la enfermedad del horror” en cuyo seno familiares, amigos e inmensas multitudes de todos los continentes hacían las maletas para emprender el viaje de no retorno hacia los cementerios.

He visto luchar denodadamente a médicos y enfermeras de alta reputación contra ese mal irremediable que es el cáncer. Pero de pronto el Sida, sin dar un respiro a la ciencia hacía su aparición. Enfermedad vergonzante y oculta al principio iba a tomar la voz cantante de la mano de la Organización Mundial de la Salud, con sede en Ginebra.

He visto a sidosos morir heroicamente sin abrir el pico a nadie. Porque podría ser peor, abrir el pico, comentarlo y hacer el bien desahogándose, o morir en el silencio de la mordaza, ni contar que fueron infectados por una esporádica aventura sexual sin mayor importancia o por una transfusión equivocada por falta de higiene y de información.

Se empieza a vencer el Sida, los pacientes diezmados por neumonías y esperanzados por esas gotas o pastillas suministradas que relata el autor de este artículo.

La enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, el Alzheimer o la Demencia Senil, hacían recordarnos a todos, guionistas brillantes, argumentistas, gentes corrientes, que hacían de las suyas paralizando a los pacientes de forma sorpresiva aunque sin ningún dolor.

La terapia genética, la manipulación de la carga de los genes daba esperanzas de vencer las nuevas dolencias. Pero eso tardaba en llegar, quizá demasiado lentos, incluso hasta la Iglesia se llegaba a oponer con miopía medieval en determinados casos. Y un buen día la Fundación Ronald Reagan daba pasos de gigante pero por aquel entonces muchos pacientes cambiaban la noche por día para trabajar y o para descansar.

Hasta que consiguieron sintetizar o utilizar en humanos la “serotonina”, la hormona del sueño que ayuda mejorar el ciclo sueño – vigilia, a regular el ciclo circadiano y a reducir los efectos de jet lag, contribuyendo a mejorar la calidad del sueño, su longitud. Comienzas a levantarte de nuevo cuando ha salido el sol, estás más relajado durante el día, más descansado, más tranquilo sin usar tranquilizantes, ni ansiolíticos, ni antidepresivos, ni somníferos, ni hipnóticos.

Y la “melatonina” comienza a dispensarse en pequeños suministradores como antes la sacarina u otras substancias. El enfermo comienza a sentirse rejuvenecer, como si fuera la droga mágica, la droga tan esperada.

(Continuará)

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