TIRO CON ARCO
‘Designed in California, made in China’
domingo 20 de marzo de 2016, 19:24h
Es lo que pone en los aparatos de la compañía Apple: “Diseñado en California, hecho en China”. No es mal resumen del tiempo presente. La compañía fundada por Steve Jobs y su amigo Steve Wozniak se ha convertido en un símbolo del valor añadido, de que el público todavía está dispuesto a pagar por el talento frente a otras compañías que ponen en el mercado productos similares, aunque más baratos. Si hay una marca que comunica, esa es la de la manzana. Algunos de sus usuarios, más que compradores, parecen creyentes. Poco importan las denuncias de los medios de comunicación sobre las malas condiciones en las que trabajan los empleados de la taiwanesa Foxconn, principal fabricante de los productos Apple. El prestigio de la marca apenas se resiente. Hoy día es una de las mayores cotizadas del mundo, tan sólo superada por Google.
“Diseñado en California, hecho en China”. Hay que elegir: o se elige ser el diseñador, o el fabricante. O el caro ‘cerebro’ californiano o las baratas manos chinas. Suena un poco duro planteado así, pero bueno, hace mucho tiempo que se nos da la martingala con cuál debería ser el modelo económico en España: si competir con el precio, o si competir con el talento. Con el reto de la robótica, el dilema es más acuciante. El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, se iba al Campus Google de Madrid a celebrar el Día de la Mujer y dejaba otro aforismo para el recuerdo: “Tenemos que fabricar máquinas que nos permitan seguir fabricando máquinas, porque lo que no va a hacer nunca la máquina es fabricar máquinas”. Poniendo muy buena voluntad, supongo que a lo que se refiere el presidente es a que la economía española debe estar preparada para ser una potencia tecnológica, de manera que los robots no supongan menos puestos de trabajo.
Este voluntarismo es ya bastante viejo. Recuerdo escuchar a Zapatero decir algo parecido ante unos estudiantes antes de llegar al Gobierno, en la campaña electoral de 2004. Decía el ya ex presidente que España tenía que ser el país que diseñaba los zapatos Manolo Blahnik, que triunfaban en todo el mundo, y por los que la gente estaba dispuesta a pagar sus buenos dólares. Que no había que competir con los precios, sino con el talento.
Lo cierto es que nadie pinchó la burbuja inmobiliaria, que el motor de la economía española siguió siendo el ladrillo, aliado con el crédito y el sector público, y que cuando llegó la crisis se pusieron parches de vaga inspiración keynesiana esperando a que todo escampara. Que la ‘salida de la crisis’ ha sido, en realidad, una profunda ‘devaluación interna’ que, aliada con el desplome del petróleo y las políticas del Banco Central Europeo, ha permitido a la economía española competir con el precio. Por eso se baten records de exportaciones y de turismo. Porque somos más baratos.