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TRIBUNA

Mafalda perdida en Yalta ¡¡¡Paren el mundo que me quiero bajar!!!

lunes 21 de marzo de 2016, 20:48h

En una de sus caricaturas más invocadas, el argentino Quino presenta a su personaje simbólico Mafalda gritando, con la boca abierta de enojo y angustia, que paren el mundo porque se quiere bajar. La situación internacional en el ciclo postsoviético 1989-2016 es peor de lo que se vivió en el anterior 1914-1989: la desarticulación del orden mundial. La elección del próximo presidente de los EE.-UU. en noviembre próximo es un llamado de atención: el mundo en manos de Donald Trump o Hillary Clinton sólo deja la oportunidad de bajarse de él.

El desmoronamiento del Muro de Berlín como el fin histórico del comunismo soviético instalado en 1917 no fue el fin de la historia ni la victoria del capitalismo, sino el fin de un ciclo internacional: el wilsonismo como eje articulador de acuerdos internacionales estabilizadores. El proceso de transición política de la Unión Soviética iniciado en 1985 con el arribo de Mijaíl Gorbachov al poder de la mano de la glasnost --transparencia informativa-- y la perestroika --reestructuración productiva-- no fue entendida ni en el campo soviético ni en el campo estadunidense. Gorbachov no supo qué hacer con su victoria, fue derrocado y echado del poder; y Washington padeció el conservadurismo de Ronald Reagan, el enfoque CIA de George Bush padre, la frivolidad de Bill Clinton, el resentimiento de George W. Bush y la inexperiencia de Barack Obama.

El mundo asiste a un reacomodo de hegemonías sin objetivos de reorganización ni un plan de vuelo. Para entender lo que está sucediendo en estos días en los EE.UU. con la lucha Trump-Clinton, el avance de Putin, la crisis de China, la lucha interna en Irán, el debilitamiento de la Unión Europea y el desamparo de países dependientes de los centros de poder, es necesario revisar los cinco periodos posteriores a la segunda guerra mundial, a partir de que las relaciones políticas y sociales han sido producto de los acuerdos económico-financieros-comerciales: el orden económico-financiero de Bretton Woods, la reorganización provocada por el fin del patrón oro, la liberalización comercial del Consenso de Washington, la entronización del mercado por el colapso del Estado de bienestar y la codicia financiera-bancaria que explotó en el 2008.

La estabilidad internacional posterior a la segunda guerra se fijó en los espacios de los Tratados de Yalta, la guerra fría y el dominio militar estadunidense. Sólo que a veces se quiere olvidar que la hegemonía --alianza dominante de una comunidad internacional-- estuvo basada en la economía de guerras --convencionales, declaradas y frías-- que ya había advertido Dwight Eisenhower en 1961: el complejo militar-industrial, reforzado por los mass-media como fabricantes de consensos por su poder de dominación de conductas, porque una guerra con difusión convierte la propaganda --Harold Lasswell-- en las modernas armas de destrucción masiva.

Detrás del desorden internacional actual, de la crisis que vino de la transición de China del comunismo campesino al capitalismo financiero especulador y de las luchas nacionales en Europa por crisis de los modelos de desarrollo se localiza el verdadero origen: la incapacidad de los EE.UU. para conducir el mundo. Lo vemos en la competencia por la presidencia: a pesar de que las elecciones presidenciales en los EE.UU. se rigen por ciclos de crisis sociales internas (derechos civiles o pobreza) y seguridad nacional (nuevos equilibrios de poder) ahora vemos la declinación del viejo orden mundial kissingeriano pero la ausencia de un nuevo acuerdo de estabilidad en la multipolaridad.

Como se ha visto en la reanudación de relaciones oficiales de Washington con La Habana, la diplomacia ya no fue la de las cañoneras --los barcos de agresión típicos del militarismo estadounidense-- pero tampoco un verdadero acuerdo: los EE.UU. no saben qué hacer con Cuba, Europa, Irán, América Latina, Rusia, China y otros polos de poder, Clinton se ahogó en su sexualidad, Bush redujo su poder a la venganza contra quien atacó a su padre y Obama tomó decisiones sin tener un enfoque de inteligencia y seguridad nacional. El viejo modelo de dependencia estabilizadora en el papel militar internacional de Washington se hundió en el terrorismo en Irak y Afganistán. En suma: los EE.U. no entienden aún qué está ocurriendo en el mundo y todo lo reducen a proteger su american way of life o modo de vida estadunidense y a asustarse porque no saben por qué el mundo los odia.

El verdadero desafío en el dilema Trump-Clinton no radica en inclinarse por Hillary con todo y su halconismo, guerrerismo y visión imperial tradicional que casi raya en el cuatrerismo del viejo oeste --los cuatreros que robaban ganado--, con la esperanza de que no siga expulsando migrantes como Obama; y la dimensión lilliputense de Trump se percibe en el hecho de que el gran imperio estadunidense se ve amenazado por México y por eso quiere poner un muro y declararle la guerra a México si los mexicanos no pagan el costo de ese muro. Los mexicanos se preocupan no porque Washington le declare la guerra, sino porque recuerdan lo que dijo alguna vez el presidente Ruiz Cortines (1952-1958) cuando le aconsejaron declararle la guerra a los EE.UU para resolver problemas internos: “¿y si les ganamos?”

Los escenarios sobre el corto plazo del mundo son inquietantes por la ausencia de estadistas. Problemas domésticos --aún menores a locales-- están determinando inestabilidades nacionales con efectos internacionales. Y lo peor es que la verdadera razón de la crisis mundial sigue sin ser atendida: el sistema financiero, económico y comercial internacional está al garete, nadie quiere meter orden y la crisis económica ha desajustado la estabilidad en las relaciones sociales, políticas y de poder. Por eso hay que gritar como Mafalda para bajarse de este mundo irracional.

Ésta es la caricatura de Quino:




indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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