www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Y DIGO YO

La rutina y el yihadismo homegrown

Javier Cámara
x
javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 24 de marzo de 2016, 19:39h

Aunque todos nos llevamos las manos a la cabeza y a todos nos horroriza pensar qué habríamos hecho si nos toca en primera persona, lo cierto es que los atentados yihadistas que se cometen en suelo europeo empiezan a ser rutina. No nos debería sorprender. Ya lo son los que ocurren en Iraq, Siria, Yemen o Afganistán. Esto no significa que no nos indignemos o no lloremos nuestros muertos –cuando cae cerca se llora mucho–, pero nos estamos acostumbrando.

Con todos los respetos, y vaya por delante que no me produce ninguna satisfacción saber qué va a pasar después de cada atentado, pero siempre es lo mismo. Lo primero es clamar al cielo. ¡Cómo han podido! Acto seguido, casi inmediatamente, las redes sociales empiezan a hacer su parte. Internet se llena de “Je suis” y todos cambiamos nuestros perfiles con fotos, corazones y los colores del país al que le haya tocado ese día. Casi como un milagro, todos somos parisinos o londinenses o bruselenses y sabemos escribir en distintos idiomas, aunque no hayamos tocado el francés o el inglés en nuestra vida.

Si tenemos tiempo, nos acercamos a alguna manifestación o acto de repulsa por los atentados. Insisto, con todos los respetos, nos indignamos contra los políticos que no hacen nada –y es verdad– y empezamos a debatir en el trabajo, con los amigos, en los chats de whatsapp sobre el Islam, sobre moderados y radicales, sobre métodos y sobre lo que cada uno haría para solucionar el problema. A unos les afectará más y otros procurarán seguir con su vida normal. “No podemos permitir que gane el terrorismo y condicione nuestra forma de vivir”, diremos orgullosos de lo que somos y creemos que representamos.

Ojo, no está mal todo esto. Hasta cierto punto es lo que los ciudadanos podemos hacer, pero, inevitablemente, se empieza a convertir en rutina. Esta columna de opinión, de hecho, lo es.

En España, que siempre pensamos que cualquier país europeo es mejor que nosotros, más civilizado y, por supuesto, más educado, veíamos a Bélgica como ese centro democrático de los organismos europeos paradigma de una sociedad occidental avanzada de plenos derechos y libertades. Efectivamente, así es. Tanto que se ha convertido en el lugar perfecto para que, amparándose en todo ese albedrío no controlado, el germen yihadista cale, brote y crezca sin medida ni control. Ya sabemos que ciertos barrios de Bruselas son verdaderos santuarios para los terroristas y no se está haciendo mucho para evitarlo.

Aquí también tenemos ese problema. Como en Bélgica o Francia, en Ceuta y Melilla y en determinadas zonas de Barcelona, principalmente, se está produciendo lo que se ha denominado ‘Yihadismo homegrown’, es decir, yihadistas nacidos en territorio español. De hecho, la mitad de los más de 140 yihadistas detenidos desde 2013 son españoles que quieren cometer un atentado y causar el mayor daño posible en la tierra, las gentes y las instituciones que le han dado todo lo que tiene.

Difícil luchar en estas condiciones, por lo que, contra este terrorismo de segundas generaciones, vigilancia. Por cierto, se agradecería un poco más de ayuda desde los propios entornos musulmanes.

Nos olvidamos de que un terrorista no juega con nuestras reglas. Su escala de valores es otra muy distinta y sus acciones nunca tendrán una explicación lógica. “¡Ingratos, desagradecidos!”, proferiremos irritados. Por eso necesitamos inteligencia, la de unos servicios de la policía que sí saben meterse en sus cabezas de terroristas e intuir qué van a hacer y dónde y cuándo. No es fácil. Muchos dicen que las fuerzas de seguridad belgas están en las nubes, que no se enteran, que en ese país ejemplo de tolerancia no se hace lo suficiente. Imagino que, a fuerza de sufrir lo que acaban de sufrir, estarán aprendiendo.

Y si no, que pregunten a la española cómo hacer. Nuestra Policía no baja la guardia. El 11-M en Madrid nos enseñó a estar alerta y a tomar medidas de precaución constantemente. Nos enteramos de que ha habido operaciones antiyihadistas y, quizá, no le damos la importancia que se merece, pero esos detenidos son los nacidos aquí que querían poner bombas, coger un fusil y disparar contra el que pase por delante, cualquiera vale.

La Policía española es ejemplar, pero no es suficiente. Hace falta más coordinación entre países y, sobre todo, una respuesta política sin equívocos ni ambigüedades. Se acuerdan de Santa Bárbara sólo cuando truena y funcionan a golpe de atentados para firmar pactos o promulgar planes de actuación que no se desarrollan. No esperemos a que nos vuelva a tocar otro atentado, entremos en pánico y nos consuma el miedo, para lamentarnos y, entonces sí, actuar.

Mucha corrección política para no “mancharse las manos”, que después vienen los nuevos, los que poseen la verdad absoluta, lo que se quedan de “observadores” e, incluso, no condenan los atentados en algunas partes de España. Lo dicho, es rutina. Ya ni el dinero, que es lo más miedoso, reacciona a la tremenda cuando hay un atentado. Las Bolsas subieron tras los atentados de Bruselas. ¡Veremos qué ha cambiado hasta el próximo atentado!

Javier Cámara

Periodista

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios