www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Andrés Amorós y Luis Miguel Dominguín

martes 10 de junio de 2008, 20:30h
Andrés Amorós escribe muy bien, pero habla mejor... Escuchar a Plácido Domingo es uno de los placeres de este mundo, pero hay que oírle cantando que es una lata. Amorós no canta, ni se disfraza de Otelo. Habla por los codos que es un primor. Yo no he tenido la suerte de oírle varias conferencias, de charlar y de hacer de peón en algún coloquio al alimón. Es estupendo escuchar a la gente que habla bien. Recuerdo a Eugenio Montes, Ignacio Aldecoa, Camilo José Cela, Fernán Gómez, García Luengo y otros muchos, que importaba poco lo que decían, sino cómo lo decían. Las charlas que he presenciado de Amorós no son leídas, quizás alguna chuleta recordatoria y punto. Excelente el análisis a los autores literarios modernos. Respeto profundo a los clásicos. Sobre el mito del Tenorio -en la presentación de un libro de Arcadio Baquero- fue de las conferencias más amenas y sabias que he escuchado. Como intelectual inteligente, el humor es su herramienta más principal.

Los toros es lo suyo. De ahí su último libro sobre Luis Miguel Dominguín, que es de lo mejorcito que se ha editado este año. Qué tío. Lo que sabe de la fiesta y cómo lo cuenta. Qué lástima no haber ilustrado su libro, con una reproducción del póster de Alaska con las banderillas. ¡Toma cultura! No le hace falta, es divertidísimo. Ya sé, que ustedes se pasan las horas leyendo y releyendo “En busca del tiempo perdido”, pero les recomiendo esta última creación de Andrés Amorós, que se lee de un tirón y no aburre, como el pesado de Proust. Se nota que estaba deseando escribirlo. Dominguín, como Manolete, pertenecen a la historia de España, por eso, este gran narrador, nos habla de Marcial Lalanda y del más grande; Ignacio Sánchez Mejías. Como contador de historias, no se olvida de su padre notario y amigo de Luis Miguel y relata con maestría la posguerra en la memoria histórica; Manolete, Cossío, Corrochano, Ordóñez, el estraperlo y Hemingway. Interés sin nostalgia, como debe ser.

A mí los toros me aburren bastante. Intentó aficionarme mi inolvidable amigo Vicente Zabala, que un día desapareció en un avión a reunirse con los personajes del libro del ilustre catedrático. Le acompañé a Las Ventas muchas tardes. Sabía tanto que se adelantaba a los movimientos del animal. Profetizaba en unos segundos, lo que se le iba a ocurrir al morlaco. Esto hacía que fuera indiferente al arte de Cúchares y admirase la intuición de mi amigo Zabala. El arte de torear es un instinto, que hay que saberlo apreciar. Amorós me dijo una vez a propósito de José Tomás, que éste tenía un sueño: ser Manolete. Espero no se le ocurra torear en Linares. Valle Inclán, en “Los cuernos de Don Friolera”, hace decir a uno de los personajes “que cuando nuestro teatro, tenga la fuerza-trágica de los toros, será un espectáculo heroico, como “La Ilíada”.

El teatro es la otra debilidad de Andrés Amorós, crítico, comentarista y poeta. Su sabiduría siempre la puso al servicio de la profesión. Su paso por el INAEM estuvo lleno de aciertos. Aguantó a los músicos y soportó alguna presión del sector. En su haber está no intentar sacar la ley del teatro. Consiguió un equilibrio entre la profesionalidad y la cosa cultural.

Estoy deseando escuchar a Andrés Amorós, aunque sea por teléfono. Mientras tanto, volverá a releer los más de cien libros que ha publicado, y los leeré de un tirón.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.