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TRIBUNA

A Shakespeare por España

Natalia K. Denisova
sábado 02 de abril de 2016, 20:13h

Quejas, lamentos y lloros llenan las páginas de la prensa impresa y digital. Hace meses que los periodistas culturales, intelectuales y algunos altos cargos señalan las carencias que no les permiten celebrar el IV centenario de la muerte de Cervantes: a unos, les faltan los presupuestos, a otros el apoyo gubernamental y, sospecho, que a todos juntos les faltan ganas de hacerlo. Para completar esta pesadilla de plañideras, la mayoría de los comentaristas se dedica a comparar el homenaje de Shakespeare con el de Cervantes. La comparación, instrumento preferido del filósofo Aristóteles, ha sido desvirtuado por el abuso y ha perdido su principal virtud: aclarar las cosas que comparamos. La palabrería cansina y superflua lo ha mezclado todo. Lo único claro e indiscutible es el desconocimiento de ambos clásicos que procede del rechazo a rendirles el homenaje más sencillo: abrir las páginas de sus obras y leerlas.

Quienes han hecho este sencillo ejercicio, entre ellos destacamos a los estudiosos británicos y norteamericanos, reconocen la influencia de la literatura española sobre los escritores ingleses de los siglos XVI y XVII. El Quijote fascinaba durante décadas a los creadores del Albión, y uno de los frutos es The History of Cardenio, obra teatral de Shakespeare basada en un episodio de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Su estreno ante el rey James I para sellar la paz entre los dos países, marcó el principio del influjo más potente de la cultura española en Inglaterra. El Quijote fue el protagonista.

Mas La Historia de Cardenio, según algunos estudiosos, sigue siendo una reconstrucción más que una obra clave del Bardo inglés. Es el argumento que se utiliza con frecuencia para quitarle importancia a la hegemonía española en la cultura europea durante los siglos XVI y XVII. Falso. En la propia obra de Shakespeare la influencia de las letras hispanas es más amplia que La historia de Cardenio. Verbi gratia, La Tempestad, una de las obras más conocidas del inglés, también guarda una huella profunda de lo hispánico: los investigadores sajones, como Peter D. McIntosh, desmontaron la equívoca atribución de la trama y las descripciones de La Tempestad a los relatos de los colonos ingleses de Norteamérica. Otra fuente fue la que inspiró al gran William para crear este drama. Los propios nombres de los personajes (Antonio, Alonso, Fernando, Sebastián, Gonzalo) dejan entrever que Shakespeare no fue ajeno al gusto de su tiempo de leer los relatos de viajes de los españoles y portugueses.

Siguiendo este camino los investigadores han encontrado un personaje fascinante llamado Pedro Sarmiento de Gamboa. Él, viajero infatigable, participó en las expediciones al Pacífico con Álvaro de Mendaña; tomo parte en el gobierno del virreinato del Perú con el reformador Francisco de Toledo; exploró el Estrecho de Magallanes y consiguió la ayuda de Felipe II para fortificar un terreno tan inhóspito. Durante estos años vivió de todo: las rebeliones internas, viajes por Brasil y toda Hispanoamérica, fundó ciudades y, desde luego, sufrió numerosas tempestades y sobrevivió naufragios hasta que finalmente fue capturado por los ingleses en el Atlántico.

He aquí el verdadero comienzo de La Tempestad de Shakespeare. Sarmiento de Gamboa fue privado de todos sus diarios, donde apuntaba los acontecimientos de su azarosa vida. Dada la importancia del preso, no olvidemos que fue un hombre de Estado y gran conocedor del Estrecho de Magallanes, que tanto atraía a Inglaterra, su estancia en Londres de seis semanas no pasó desapercibida entre los más altos cargos e intelectuales del lugar. Durante su arresto, tuvo un encuentro de más de dos horas con la reina Isabel I. Son célebres las charlas en latín con Sir Walter Ralegh, documentadas por éste último en sus escritos, donde Sarmiento aparece como una persona amable, con gran encanto y un ágil narrador. Esta habilidad de Sarmiento y la curiosidad de los ingleses por los asuntos del imperio español, divulgaron sus aventuras por la más alta sociedad de Londres. Así, a través de los principales personajes de la Corte, Shakespeare llegó a conocer los relatos del marino español. Sin duda, para averiguar estas vías es imprescindible la investigación más profunda, pero no son nada despreciables las coincidencias entre las narraciones de Sarmiento y La Tempestad shakespeareana. Por ejemplo, los nombres de los personajes “malos” de Shakespeare, Antonio y Alonso, fueron también los malos para el propio Sarmiento; mientras que los “buenos”, Gonzalo y Fernando, fueron las personas de confianza del aventurero español.

En fin, no hay cosa más grata que celebrar los centenarios descubriendo las obras de los homenajeados. Sobre todo, si esos homenajes, nos permiten luchar contra el desprecio de la cultura española por parte de los quejumbrosos “intelectuales”.

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