www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESCRITO AL RASO

Sofía Hellqvist o el poder sexy

sábado 02 de abril de 2016, 20:17h

Algunos pensábamos que el Poder no era tan sexy y que el atractivo dependía de otros factores como la inteligencia, la elegancia y el conocimiento aplicado a la bondad. Pero estábamos equivocados. En la cervecería Alemana de la madrileña plaza de Santa Ana, el bar donde Hemingway se tomaba él solo un barril de cerveza, hablamos con varios amigos periodistas y escritores de que por primera vez en tres años el Banco de España ha revisado a la baja su previsión de crecimiento: es decir, que frente al crecimiento del 3% del PIB que vaticina el ministro de Economía –en funciones–, que sigue en campaña, Luis María Linde dice que va a ser que no. Y la plaza se va llenando, obstinadamente, de guiris a medida que va declinando el sol.

Dice el informe trimestral y macroeconómico que este bajón es por la incertidumbre y “las dudas acerca del curso futuro de las políticas económicas”, que podrían incidir en los gastos de las empresas. Es el dios callado y monologante del pesimismo propio de un servicio de estudios el que cree saberlo todo, el oráculo que hila el tapiz de sinsabores monetarios al estilo de las agencias de (des)calificación, Standard & Poor’s style, que nos sigue sonando a Pull & Bear y a rebajas de jersey. No solo contempla el dossier el descenso en el crecimiento, sino una tasa de paro del 20,3%, por encima del 19,7% del cálculo de los Presupuestos de 2016 que presentó hace unos meses el Ejecutivo –ahora en funciones–.

Si miramos a otras latitudes norteñas, donde la economía funciona, vemos, por ejemplo, cómo el príncipe sueco Carlos Felipe de Suecia se ha casado con Sofía Cristina de Suecia para el ringorrango europeo, la stripper Sofia Hellqvist para los miles de suecos que escribieron sus prosas profanas contemplando en la intimidad hasta hace poco la anarquía de las curvas de la porno star. En enero la esposa del príncipe Carlos Felipe ha sido reconocida incluso con el Premio Lantis 2015, un galardón que premia a las mujeres rurales tradicionales, en ese ritornello confuso de lenguas que es la ultramodernidad en la que vivimos. Podríamos decir que Sofía –con tilde, a la española– es la anarquía bien educada de los suecos, que se hacen los ídem ante lo que en España hubiese sido un escándalo de dimensiones regias. Así que Sofía Hellqvist, en mitad de un duelo de embarazos con su cuñada, la princesa Victoria de Suecia, le ha traído a la corte de su suegro, el otoñal y buerovallejiano rey Carl Gustav, un regusto capitoné de bajos de la calle Silva y un perfume de show girl que ha revolucionado las dos estaciones de los suecos: el invierno cerrado y los dos meses de verano, julio y agosto, cuando Estocolmo se convierte en un desmadre a pie de muelle.

Carlos Felipe anda en las portadas, un día sí y otro también, en los tabloides Aftonbladet y el Expressen, la gran prosa y la gran poesía de los lectores suecos, con su historia de amor de esa noche en la que Sofía , congénitamente pura y socialmente pragmática, le tiró los tejos al Príncipe, como en la Bella Durmiente, mientras deslizaba sus muslos por la barra. Imaginamos que Sofía había encontrado un cliente de verdad y se le puso una cara de niña buena nórdica de portada de DVD, de muñeca de porcelana –mucho cuidado con ellas– dispuesta a darlo todo. Él, en contra de su familia, se dejó cercar por ese amor punzante y rebelde en la puerta del club, soñando con la vedette más grácil y sexy del elenco, bebiendo un vodka detrás de otro, porque allí te cobran por una copa de vino lo que en España por una botella –porque no es tierra de viñedos– y las coronas se le acaban rápido a uno en la cartera. Y los suecos tienen una borrachera mal llevada, de alta graduación de alcoholes blancos y contundentes, pues que pueden montar una zapatiesta en cualquier momento, a pesar de que sus chicas son copias –literales– de Valeria Mazza, Claudia Schiffer y Denise Richards, que la belleza máxima tampoco al hombre le es suficiente para ser feliz. Uno viaja en el metro o acude a los clubes de jazz y se encuentra de pronto con unos ojos verde esmeralda o azul zafiro como los de Sofía, en mitad del hormigón y el cristal, entre el striptease y la discoteca del Teatro de la Ópera Real.

El caso es que a los suecos nos les va nada mal el PIB. Y nos preguntamos si tiene algo que ver esta primavera luciente de embarazos de supermodelos que dan el salto sin grandes problemas a la familia real desde el viento mundano del callejón, un poder sexy y plenipotenciario que reclama el amor urgente y político, la primera plana tímida y al rojo vivo a la vez, de un romanticismo convencional que en esta España de dureza de macho alfa y debate de investidura a cuatro –Mariano, el hombre-traje, Pablo y Albert, el de los posados en porretas– no se estila en absoluto. Aquí mientras andamos entre el desboque del déficit, escenarios estériles, investiduras bamboleantes y candidatos que no se llaman por teléfono porque no se desbravan en casa, amén de una España que nunca cumple con Bruselas, esa novia insatisfecha que siempre pide más…

España tiene que cotizar al alza erotizando sus relaciones galantes y liberales, buscando la felicidad que dan las razas rubias y morenas de este mundo y la convivencia de la high class que tensiona amorosamente, aunque sea con el beso a sueldo bajo el luminoso de un club de alterne o en la espectacular terraza del Moderna Museet, en un abrazo procaz y post-cubista entre Picasso y Braque. Nos falta todo eso. A los suecos, en cambio, con este trámite imprescindible les va muy requetebién: su PIB ha crecido un 4,1% y los ha catapultado a la cabeza del ranking mundial de la economía. Sofía Hellqvist, con su nombre de escritora de novelas criminales, mientras se pone y se quita las medias muy despacio, es la fuerza sexy y deshabillé, el verdadero producto interior bruto: el valor absoluto. Y eso que Carlos Felipe parecía tonto… Con perdón, Majestad.

Twitter: @DavidFelipe1975

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.