Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, ya con mentalidad frentepopular, (Venezuela sí, el Ibex no) marcharon Carrera de San Jerónimo abajo escenificando el preludio de un Gobierno a la valenciana. Continuación de aquél Gobierno republicano del Frente Popular que, en noviembre de 1936, se trasladó a Valencia dejando Madrid colgado de una pancarta que rezaba “No pasarán”, como una página de internet cuando está en construcción. Perdonen las molestias. Volvemos pronto… Como Iglesias es más de tienda y trastienda en Sol que de despacho enmoquetado en Cedaceros, se llevó a Sánchez a su terreno (al huerto): la calle. Conviene precisar: También se lo llevará de calle. La tradición electoral del comunismo es “o nosotros en el poder, o el desorden (con los nuevos bolcheviques, bullicio y desbarajuste) en la calle. Les arrebata callejear, vocear y escrachear en la vía pública. Durante el meloso encuentro entre ambos (atrás quedó “Tú mandas poco en tu partido” y lo de la cal viva), y en presencia de decenas de reporteros gráficos y televisivos, el dirigente entregó al dirigido un libro como presente. Solo uno de los leones del Congreso (el otro, y que hallábase pactando con Rivera), tuvo la lucidez suficiente para acordarse del troyano Laocoonte: Temo a los comunistas incluso cuando hacen regalos.
En plena Guerra fría, Ernest Bevin, político laborista, se jactaba de que “las izquierdas entienden a las izquierdas”, con lo cual insinuaba que los socialdemócratas en Inglaterra y Europa harían muy buenas migas con los comunistas. Los cándidos de entonces, con Bevin a la cabeza, no alcanzaban a comprender que los comunistas nunca quisieron mantener buenas relaciones ni con la democracia ni con la socialdemocracia; solamente pretendían ser los amos, destruyendo por absorción o por la fuerza, a todo el que se pusiera en su camino. Los partidos marxistas solo respetan las libertades en cuanto sirven a sus fines. Llevan a cabo con la mayor desfachatez el ataque a los sistemas democráticos desde el interior de ellos, escudándose en ellos y aprovechándose de ellos; como caballos de Troya dentro de las ciudadelas enemigas. Y la historia tiene abundantísimos ejemplos de cómo el comunismo arrastra en esa dinámica perversa y destructiva al socialismo, por templado que éste quiera aparecer. No en vano, son ambas ramas de un mismo tronco, que difieren tan solo algunas veces en la táctica empleada, pero que fatalmente están destinados a unirse siempre que se trate de luchar contra la estabilidad, la prosperidad y todo lo que en definitiva se proponga asegurar una democracia verdadera.
El sistema informático de Ferraz ya tiene dentro un virus de los llamados troyanos. Pronto en las pantallas de sus ordenadores aparecerá el texto “En construcción”. Y Alfonso Guerra, invadido por la nostalgia de aquél tándem con Fernando Abril Martorell, empieza a temerse lo peor: que al PSOE sanchista no lo reconozca ni la madre que lo parió.