¿Alguien ha visto por ahí a Zapatero?
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 11 de junio de 2008, 01:06h
Tengo que confesar que durante la pasada Legislatura pensé que Zapatero era un problema para España. Ahora, además, pienso que España es un problema para Zapatero. Una España muy desagradecida con el líder socialista, que aunque mayoritariamente le votó, se permite pedirle cuentas, en lugar de agradecerle como se merece que consiguiera acabar con el peligro de la derecha (que creo recordar que iba a invadir Irak, secar el Ebro, quitar las pensiones y envenenar las fuentes).
El dirigente socialista vivió de las rentas de la oposición a la Oposición, y en eso escudaba toda su enorme capacidad para no hacer nada. Ni él, ni su
Gobierno. Una fábrica de producir palabras, de alumbrar grandes conceptos, de simplificar cualquier problema con mantras como la paz, la igualdad, la laicidad y la homosexualidad.
Ha sido, sin duda, una jugada diabólica de Rajoy. Desaparecido el PP como contendiente y gran excusa para unificar las fuerzas de la progresía española, las miradas se dirigen al inquilino de La Moncloa, por si en vez de hacer política lírica se dedica a algo parecido a gobernar.
La vida se ha tornado injusta con Zapatero. Él se ha dedicado a esto de la Presidencia con el objetivo de la paz perpetua, y no para mancharse las manos con el gasóleo, que es como un chapapote en fino.
Ahora que la crisis que no previó, o sí previó y ocultó, dispara junto a su oreja, Zapatero se ha instalado en el búnker. "Tú no te quemes, presidente", le susurró al oído un empresario. Y no se quema, ni se roza, ni se mancha. Ya aparecerá cuando haya buenas noticias que dar, con suerte al final de la Legislatura. Y si fallan las buenas noticias, pues se anuncian otros cuatrocientos euros, o mil, o dos mil. Será por euros.
Por el momento, perfil bajo, y que no se acuerden los transportistas de que en vez de cortar las autopistas para que los ciudadanos paguen el pato,
podrían cortar el acceso a La Moncloa. Claro que igual entonces la Policía haría algo más que la ola a los huelguistas en su protesta salvaje, sean
cuales sean sus razones.
Los niños se tapan la cara, y piensan que así no son vistos. Es una posible táctica. Pero al brillante vencedor electoral sí se le ve el plumero. Especialmente, su irrefrenable tendencia a la debilidad. Por eso, cederá en esta huelga y en las siguientes. Y hay cola.
Así, hasta que a Solbes le estalle la caja, lo que tampoco creo que le importe mucho, porque ése sí es un ministro de la escuela (filosófica, por supuesto) cínica.
Y es que los españoles, además de votar, a veces (pocas) miran la cuenta corriente. Y se convierten en un problema para sus gobernantes. Una verdadera injusticia, en el caso de Zapatero, con lo bien que queda en los carteles.
Hay que frenar cuanto antes la política de acoso por la gestión económica del Gobierno. No se lo merece, porque no ha habido gestión alguna, y por lo tanto, ninguna merece la crítica.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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