El veterano cineasta francés Christian Vincent estrena en España su último trabajo, El Juez, una comedia romántica 'sui géneris' con un extraordinario Fabrice Luchini.
EL JUEZ
Director: Christian Vincent País: Francia Guión: Christian Vincent Música: Claire Denamur Reparto: Fabrice Luchini, Sidse Babett Knudsen, Miss Ming, Berenice Sand, Claire Assali, Floriane Potiez, Corinne Masiero Sinopsis: En una pequeña población francesa, el juez Michel Racine es presidente de un temido tribunal de lo penal. Tan duro consigo mismo como con los demás, es apodado "el juez de las dos cifras": con él, siempre caen más de diez años. Todo cambia el día en que Racine se topa con Ditte Lorensen-Coteret. Ella es miembro del jurado que va a juzgar a un hombre acusado de homicidio. Seis años antes, Racine estuvo enamorado de esta mujer, prácticamente en secreto. Es quizá la única mujer a la que jamás haya amado.
Lo mejor: El alma de la película | Diálogos orgánicos | Fabrice Luchini | Sidse Babett Knudsen | La escena del jurado en la comida
Lo peor: Quedarse en la superficie
Todo lo que se cuenta en El Juez –y no es poco- tiene un cierto aire de insustancialidad que es, paradójicamente, lo que dota a la cinta de personalidad y fuerza. El último trabajo del veterano cineasta francés Christian Vincent (La discrète, La cocinera del presidente) radiografía unos días en la vida del Presidente del Tribunal Penal de una remota región de Francia, un hombre un tanto excéntrico y gris, durante el juicio por el caso del homicidio de un bebé. En el jurado popular, un antiguo amor que apenas confesó en su día y que vuelve ahora de la forma más inesperada y azarosa a su rutina.
Por un lado, Vincent consigue relatar una historia de amor en la madurez de una manera aséptica en superficie, de naturalidad abrumadora, con diálogos y situaciones que cualquiera puede oír y observar en la mesa de al lado de algún restaurante. El arte está en conseguir que nada parezca estar dispuesto para una audiencia que mira desde la butaca, sino que el argumento se va componiendo de forma orgánica, dosificada, realista.
Además de un guión brillante, reconocido en el festival de Venecia, las interpretaciones protagonistas configuran la base sobre las que se equilibra la propuesta de Vincent: lograr generar expectativa por un pedazo de cotidianidad. El cineasta vuelve a contar con el actor que protagonizó su ópera prima (La descrète) y el extraordinario Fabrice Luchini no decepciona. La mezcla de simpatía y rechazo, de desconfianza y ternura, que desprende en su papel en El Juez le valió la Copa Volpi al mejor actor en Venecia y consigue un efecto de atracción fascinante a este otro lado de la pantalla. Y para iluminar las zonas más oscuras de su personaje, la cinta se sirve de la luminosidad de Sidse Babett Knudsen, todo expresividad. Vincent quiere narrar el amor en gran angular, reduciendo a uno los momentos de intimidad de la pareja protagonista, a la que sitúa en la sala de un juzgado, en medio de las formalidades de un juicio, del lenguaje seco de la jurisprudencia y los hechos horribles que están siendo juzgados. Y sale airoso gracias a que la química entre ambos actores no entiende de tiempos y espacios. Luchini y Knudsen se hablan con la mirada y la expresión corporal. Y el público lo entiende.
Por otra parte, el cineasta hace una sinopsis del sistema judicial francés y cuenta de manera detallada y realista el desarrollo de un juicio, haciendo de paso un puñado de buenas reflexiones sobre la justicia y la verdad.
Hay además un tercer vértice en la cinta, que retrata la sociedad francesa con especial ahínco en una secuencia magnífica de los miembros del jurado popular compartiendo mesa a la hora de comer, dotada de ese naturalismo y aparente sencillez que recorre la columna vertebral de El Juez. Deliciosa insustancialidad.