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POR LIBRE

Prohibido hablar de política

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 10 de abril de 2016, 19:51h
Hace un par de días, refugiado en una esquina del Parterre de El Retiro, a la sombra del imponente ciprés calvo, se sentó en mi banco un amigo de la infancia, al que no veía desde hacía más de veinte años. Después de la sorpresa y de desgañitarnos con los hipócritas piropos de rigor como la jovialidad y el buen aspecto que irradiábamos, sin más preámbulos, nos lanzamos enrabietados a hablar; mejor dicho, a discutir de política.

De pronto, mi amigo gritó: “Tendría que estar prohibido hablar de política.” Y es que llevábamos media vida sin vernos, no sabíamos nada el uno del otro y, en lugar de alegrarnos por el casual encuentro, de recordar viejos tiempos, de preguntarnos por los hijos, por las mujeres, novias o vecinas, incluso por la suegra y los cuñados, estábamos discutiendo casi a gritos.

Coincidimos enseguida en que la política hastía, cabrea y, sobre todo, en que ningún humano puede desenredar el embrollo que atrapa a España. No servirá de nada seguir discutiendo. Decidimos, pues, cumplir la conjura de mi amigo: no hablar de política.

A partir de ahí, todo cambió. Y allí mismo, donde el parque desemboca en el Casón del Buen Retiro, de donde “El Guernica” fue injustamente desalojado, asistimos a la artesanal labor de los jardineros que podaban como con cuchillas de afeitar los setos recién abonados. Paseaban gentes relajadas, charlando y sonriendo, sin saber que al otro lado de la verja del parque, al otro lado del Museo del Prado, España se la estaba jugando con la farsa protagonizada por unos inconscientes.

Y hablamos de los españoles que también merodeaban en ese mismo instante por los innumerables parques de las ciudades; unos majestuosos, otros, más modestos. Pero todos llenos de ciudadanos sintiendo el crujido de las ramas de los árboles, contemplando los jardines, los árboles y arbustos floreciendo al sol de la primavera, los estanques con patos o sin ellos, los perros brincando por la hierba y los niños despellejándose las rodillas en el tobogán.

Y de los millones de españoles que este fin de semana abarrotarían los Museos, muchos con exposiciones excepcionales, los cines, los teatros, los campos de fútbol, las plazas de toros, las playas, las montañas, los bares del barrio o las terrazas de la plaza mayor del pueblo. De los afortunados que se refugiarían en cabañas escondidas en los bosques para dejarse abrigar por el calor de unos leños ardiendo o de un abrazo. De los peregrinos que recorrerían el camino de Santiago o de los excursionistas que escalarían por el empedrado de la calzada romana que, desde lo alto del valle de La Fuenfría, a la sombra de los imponentes pinos negros, todavía llega hasta la misma entrada del Pórtico de la Gloria.

Y los muchos que se aislarían del mundo para refugiarse en la soledad de un rincón a leer un libro. Los que se dedicarían a jugar a los bolos, a la petanca, al parchís, al mus. O a tomarse unas cañas con caracoles en una tasca del Rastro, o unas rabas en la herradura de Cudillero o, puestos a soñar, unos langostinos a orillas del delta del Guadalquivir, asomados al Parque de Doñana.

Incluso envidiamos a esos audaces, tal vez chiflados, que se juegan el pellejo para escalar un acantilado de hielo, o los que, incrustados en una minúscula barcaza de goma, se dejan golpear por los brutales puñetazos de agua de esos ríos encabritados. Felices ellos. De todos aquellos, la mayoría, que son capaces de olvidar el volcán que ruge bajo el suelo y excitarse con la vida. De la gente capaz de esquivar a los trileros que se han pasado más de cien días haciéndose fotos y mintiendo con el paripé de que iban a formar Gobierno.

León Felipe escribió que “para enterrar a los muertos, cualquiera vale, cualquiera, menos el sepulturero” No es que para arreglar España cualquiera vale, cualquiera, menos el político. Que también. Ya solo se trata de que, hoy, para vivir en paz, aquí, en el Parterre de El Retiro, cualquier idea vale, cualquiera, menos la de hablar de política. ¿Nuevas elecciones? Pues tan amigos.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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