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WELTPOLITIK

1953-2016: La crisis de Iberoamérica

lunes 18 de abril de 2016, 20:58h

El aterrizaje del Air Force One en el aeropuerto “José Martí” de La Habana fue la culminación de una larga etapa de sesenta y tres años --dos generaciones-- en la vida de Iberoamérica. El agotamiento paulatino de la utopía socialista por la dependencia de la Unión Soviética y la burocratización militarista del gobierno cubano cerraron una fase y dejaron abierta por ahora a la nada el futuro político del subcontinente americano.

Fidel Castro y la Revolución Cubana fijaron el destino político de Iberoamérica desde 1953 con el asalto al Cuartel Moncada que marcó el inicio de la lucha guerrillera por el poder. La victoria en enero de 1959 se convirtió en la más grande utopía en el continente americano desde la independencia impulsada por Bolívar al comienzo del siglo XIX. Más que una experiencia sistémica en Cuba, la instauración del socialismo se potenció como una cultura política pero basada sólo en un pivote: la derrota del imperio estadunidense antes que Vietnam.

El regreso del imperio a Cuba fue así no sólo la derrota de la gesta heroica de Fidel Castro y su utopía caribeña, sino el final de una experiencia iberoamericana. Ciertamente ningún país de la región supuso en su momento instaurar un gobierno socialista cerrado como el cubano, aunque varios intentaron acercarse andando el mismo camino: una guerrilla y un proyecto socialista, pero las condiciones fueron otras. Las guerrillas brasileña, argentina, uruguaya se acercaron a la meta, sólo Nicaragua lo logró con la derrota del somocismo aunque luego entró en la misma fase de burocratización y corrupción de la cubana.

Chile fue un experimento aparte: la conquista del poder por la vía electoral de la democracia, aunque sin un proyecto económico sólido y en medio de la peor fase del capitalismo estadunidense de Ronald Reagan y Henry Kissinger. Salvador Allende llegó a la presidencia pero no pudo construir una base política, privilegió las expropiaciones por sí mismas y se olvidó de una de las lecciones marxistas-leninistas básicas: las condiciones de las contradicciones sociales. El golpe de 1973 cerró el ciclo de las revoluciones socialistas marxistas.

El problema de Iberoamérica radicó en la disociación de la economía y de la política, donde se localizó el fracaso de la revolución socialista de Cuba: la economía comunista con un Estado absoluto y una sociedad dependiente, pero en un escenario internacional dominado por la hegemonía política del dólar. Los intentos de reflexión teórica del modelo de desarrollo llevaron a varias tesis importantes --la teoría de la dependencia, la relación centro-periferia, el papel del Estado-- pero en una situación de subordinación tecnológica, científica y de maquinaria de los EE.UU.

Cuba se dedicó a dar sólo el apoyo político-ideológico de la utopía del socialismo comunista en la región y de ejemplo de la resistencia al dominio estadunidense, aunque a costa de encerrarse en sí misma y en sus escasas posibilidades de desarrollo; al final, el orgullo socialista autoritario construyó un muro para resistir a Washington. Sólo que sin la URSS, con China en declive, con Irán regateando recursos económicos y muerto Hugo Chávez y en crisis el petróleo que Venezuela le regalaba a Cuba, los Castro llegaron a la conclusión de que no había más que regresar al redil estadunidense, y más aprovechando la ingenuidad de un Barack Obama que deja el poder en noviembre.

Pero la crisis en todos los países iberoamericanos está a la espera de una nueva propuesta de desarrollo económico y de ideas políticas. Cuba agotó en 1968-1970 --aunque nació con el autoritarismo castrista en 1959-- su dominio cultural-político con el apoyo a la invasión de tanques soviéticos a Praga y la represión al poeta Heberto Padilla y desde entonces se han ido engarzando las deserciones ideológicas. Su último aliento fue el apoyo a la revolución sandinista para llevarla al poder, pero la ambición capitalista de los líderes los hizo perder el poder para largo regresar ya sin el encanto de las revoluciones socialistas.

En 1989 el mundo dio un paso adelante en la consolidación del capitalismo nacido de la posguerra con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial e Iberoamérica --con México al frente-- le entró al Consenso de Washington para la globalización del comercio. Desde entonces Iberoamérica dejó de pensar en teorías propias del desarrollo y le entró a la competencia globalizadora.

El escenario de Iberoamérica ha cambiado: el sistema financiero de la posguerra busca beneficiar sólo al dólar, la guerra fría agotó las ideologías radicales utópicas, Cuba recibió a los EE.UU con los brazos abiertos, las naciones perdieron las posibilidades de definir sus modelos de desarrollo y los sistemas políticos se pasaron todos al centro con diferencias sólo entre populistas clientelares o capitalistas globalizados.

La crisis del desarrollo ha comenzado a pivotear cambios políticos: el ciclo de izquierda light en Iberoamérica, como toda geopolítica pendular, se agotó por la crisis, la corrupción y la ambición de las élites de perpetuarse en el poder: los Kirchner en Argentina, Chávez-Maduro en Venezuela, Correa en Ecuador, Dilma y Lula en Brasil, Evo en Bolivia, el PRI en México, Bachelet en Chile y los Fujimori en Perú revelan situaciones --más-menos-- de modelos monárquicos familiares o de clan transmitiéndose el poder entre ellos, generando problemas --verdaderos tapones-- en la circulación de las élites y convirtiendo la capitalidad en un problema de gobernabilidad.

Lo que está llegando como tsunami económico-social a los países de Iberoamérica es el efecto concéntrico del agotamiento del papel de la economía estadunidense como motor del crecimiento internacional, ante la incapacidad local para generar corrientes contracíclicas. Detrás de la crisis de Brasil, Argentina y México se encuentran los modelos de desarrollo clientelares y populistas. La urgencia de un nuevo paradigma económico y de desarrollo es más importante que indagar qué pasará en la región después de Cuba.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

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