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LIGA DE CAMPEONES - SEMIFINALES (IDA): ATLÉTICO 1 BAYERN 0

El Atlético también alecciona al Bayern y se allana la vuelta | 1-0

miércoles 27 de abril de 2016, 22:36h

El tempranero gol de Saúl, en plena salida exuberante madrileña que sacó de eje a su ilustre oponente, otorga al Atlético el primer capítulo de la eliminatoria. Lució personalidad en la primera media hora el bloque de Simeone, que se tornó granítico en el segundo acto. La talentosa plantilla dirigida por Guardiola no se mostró eficaz cuando dispuso de opciones y las semifinales viajan a Munich tal y como quería el segundo clasificado español: el Bayern deberá arriesgar. Estadio Vicente Calderón



Negar el aroma a venganza que deprenden estas semifinales de la Liga de Campeones se convirtió en uno de los epígrafes nucleares del discurso de ambos contendientes. La última ocasión, y única, en la que Atlético de Madrid y Bayern de Munich cruzaron sus caminos en el escaparate continental les encontró en la final del 74, aquella que abonó el sambenito de "pupas" a los hoy locales. Es por este guiño del destino que la entidad radicada frente al castizo Puente de Toledo ha esquivado el simbolismo que conlleva este cruce, porque la obra de Simeone reniega de tal apelativo en sus presupuestos centrales y porque el presentismo dibuja otro paradigma. El contexto de los púgiles marcaba una deliciosa contraposición de estilos -quizá la más nítida y natural- y, sobre todo, la opción idónea para completar, con degustación de gloria incluida, el excelso trabajo desarrollado por ambos cuerpos técnicos. Guardiola se despide en este curso del timón del gigante alemán, el primer favorito al arranque de la competición, y el tercer fiasco europeo en tres años de mandato nublaría la legitimidad estilística impuesta en el club muniqués. Los colchoneros regresaban a este peldaño dos años después de descubrirse con opciones de hacer historia, más maduros y conscientes de que la utopía se ha uniformado de realidad tangible. Sobre el verde se deplegaba, entonces, la oferta mutua para mordisquear la guinda legendaria. Y todo ello sazonado por las repetidas faltas de respeto esputadas por la cúpula directiva germana, con dirección al rival actual, y salpicado por la riqueza táctica propia de las escuadras en liza, coronando esta eliminatoria de soberbios antagonistas como un objeto de estudio.

 

Diego Pablo Simeone se vio obligado a sortear infortunios con aspecto de determinantes. A la ya consabida baja de Diego Godín se añadió, a última hora, la ausencia de Carrasco, el elemento desequilibrante por excelencia. El belga no superó las molestias en su tobillo derecho y se despeñó de la lista. Así pues, el técnico argentino recondujo su apuesta inicial subrayando el equilibrio por delante del riesgo en transición, sabedor del valor doble de los tantos anotados a domicilio. Gabi se vería abrigado por la medular arquetípica, con Augusto de guardaespaldas y Saúl y Koke ejerciendo de interiores de brega y llegada. Torres regresaba a la titularidad para sacar lustre a su complementariedad con Griezmann, en una dupla desenfrenada. La retaguardia vería suturada la baja del mariscal charrúa con el ingreso de Giménez y Savic. Lucas esperaría turno, pues este miércoles tocaba baile con uno de los mejores rematadores aéreos presentes. Sobre Juanfran y Filipe volvía a gravitar la exigente atribución de amarrar a dos flechas venenosas y aportar fluidez en ataque. Oblak cerraba una estructura que repetiría los parámetros de orden, intensa red de ayudas, pericia en el manejo del cuero y eficacia en vuelo. Se presentaba un nuevo ejercicio de paciencia en pos de confirmar el estatus de mejor defensa del Viejo Continente. Discutir la posesión se entreveía complicado, pero dañar la espalda oponente parecía más a mano. Se debatía el Cholo sobre los condicionantes de jugar en casa la ida, hecho este que no predispondría, a priori, una interpretación tan ambiciosa como la que descontextualizó al Barça en la fase precedente. Thomas y, sobre todo, Vietto, Correa y Óliver aguardarían turno en la banda, según la necesidad que evocara la tesitura.

 

Josep Guardiola, que repartió halagos en la previa, también hubo de digerir ausencias notorias. Robben, Badstuber y, en última instancia, Boateng, dejaban al preparador catalán sin un estilete punzante sin par y sin zagueros de garantías. En consecuencia, Javi Martínez y Alaba -sensacional lateral reconvertido a central interino- cerrarían una zaga en la que Juan Bernat y Philipp Lahm actuarían más como carrileros que como laterales. Pero, no sería ésta línea la que sufriera la modificación protagónica. El ideólogo del Barcelona referencial efectuó una vuelta de tuerca a su vestuario y sacó del once a Müller y Ribery, dos corazones emblemáticos y amenazas en estático. En su lugar, optó el de Sampedor por reforzar su medular añadiendo a Thiago y suprimiendo un escaño ofensivo. Xabi Alonso volvería a representar el ancla único, con Alcántara y Arturo Vidal como interiores creativos. Quiso Pep ganar con placidez la pugna por el cuero en el centro del campo y varió su esquema restando punch. Pegados a la cal asomaban Douglas Costa -nuevo ejemplar de la tradicional exuberancia carioca- y Kingsley Coman -precoz pieza decisiva ante la Juventus que disfrutó de una altenativa de campanillas-. Debían ambos abrir la cancha o trazar diagonales para alimentar a la única referencia, Robert Lewandowski, que en este evento se veía despojado de la compañía en punta que potencia sus aptitudes. Se trataba, para el equipo que tiene su cuarta Bundesliga consecutiva a un triunfo de distancia, de reproducir el modelo de asociación controladora y verticalidad estudiada que ha limitado su balance de derrotas, a estas alturas de calendario, a tres. Pero ganaba vigencia, además, la vigilancia tras pérdida, esa que cercenó sus opciones de éxito en las pretéritas visitas a territorio español. A los ilustres suplentes mecionados se añadía Mario Götze, dispuestos todos ellos a abordar el objetivo de anotar en el ardoroso y rebosante Calderón.

 


Con S.M. el Rey Don Felipe VI, la Princesa de Asturias Doña Leonor y el seleccionador Vicente del Bosque en el palco de autoridades, se alzó el telón de una eliminatoria cuyos protagonistas retrararon como un desafío de 180 minutos. Y lo hizo con un despliegue rotundo de intensidad local, tanto en cancha propia como ajena. Con precocidad aleccionó el Atlético a un Bayern urgido por enseñar su variante camaleónica: tenía que bajar al barro y pelear por cada pulgada, por cada balón suelto. La guerra de guerrillas que no quería Guardiola se estaba desatando. Las imprecisiones suponían un castigo de amortización acelerada y el líder alemán perdía muy rápido el esférico, incapaz de contener y congelar la fulgurante apuesta rojiblanca. Xabi Alonso yacía rodeado por la maniobra de ahogo disparada en la presión erosiva colchonera. En los primeros diez minutos no consiguió el coloso bávaro asentar su guión en la conversación. Tan sólo susurró el peligro propio de la anatomía de Coman y Costa, que figuraban cada cual en su banda natural con el fin de edificar un repiqueteo de centros al área. Sí alcanzaría la ruta de acceso al área rival la directriz explosiva de Simeone. Un chut de Saúl desde el pico del área, que detuvo delante de su larguero Neuer -minuto 3-, y el posterior recorte de Torres a Bernat y disparo, tímido y al primer poste que atajó el meta alemán -minuto 7-, corroboraron el pelaje de combate al que habia conducido el partido la valentía, confianza y autoestima del encargado de eliminar al vigente campeón del torneo más elitista que conoce este deporte. El arrojo dictaba el pentagrama de juego.

 

Pero, la deflagración de vatios expuesta ascendería hasta tocar techo y convulsionar los planteamientos a las primera de cambio. Saúl, protagonista con balón durante el primer acto, convirtió las llegadas descritas en el aperitivo. La lógica de presión incendiaria estaba sacando de eje a la consistencia de un Bayern arrinconado. Había perdido el patrón de la pelota y debía poner en práctica su capacidad de sufrimiento y achique. No lo aplicó con efectividad. El canterano zurdo agujereó en solitario las ayudas en banda izquierda, superó a tres obreros -Thiago, Bernat y Alonso- con un slalom sinuoso que le dejó en mano a mano con Alaba, central improvisado. El jugador más mejorado del ejercicio atlético fintó en un par de ocasiones para abrir ángulo y dirección a un zurdazo que se coló pegado a la madera -minuto 11-. La inocua estirada de Neuer desató el estallido de la ferviente tribuna. Había recogido fruto con celeridad el esfuerzo y personalidad madrileños, como si se asistiera a una escenificación de la continuación de la ecuación que arrodilló al líder de la Liga. La mezcla de actitud y fiereza táctica gobernaron el partido hasta llevarse un suculento pedazo del botín. Golpeó primero el bloque local por mor del reparto equidistante de la pulsión competitiva. Se reproducía la vía que sentenció a los aristócratas europeos y patrios a su paso por el Paseo de los Melancólicos.

 

No modificó el rictus el Bayern con el 1-0. Quiso la pelota de igual modo. A fin de cuentas, un gol no alteraba el plan. Verbalizaron en la previa la asunción de una eliminatoria de 180 minutos y hacer diana a domicilio seguía marcado como una variable alcanzable, sin relacion directa con este imprevisto. Pep eligió, para asentar la idea, pasar a Lahm al interior y el esquema mutó hacia los tres zagueros, con la intención de superpoblar la parcela central y ganar algo de juego entre líneas. Thiago y Vidal fluctuaban por delante de Alonso y el capitán alemán, pero las coberturas colchoneras taponaban los pasillos interiores y negaban las pretendidas superioridades exteriores, de manera que el peligro del favorito quedó neutralizado y limitado, en este prólogo de eliminatoria, a las acciones a balón parado. Sólo el disparo de Alaba, desde media distancia y muy alejado, saludó a Oblak -minuto 16-. Por su parte, poco a poco viró revoluciones un Atlético que acometió la primigenia gestión de la ventaja alternando la cesión ordenada de metros y el lanzamiento de presiones elevadas. La pelota, en coherencia, se fue tiñendo de rojo -hoy negro- para regocijo de Guardiola, que contemplaba cómo sus pupilos escapaban de la treta física y posicional capitalina y dictaban, a duras penas, el perfil de partido a disputar. Una falta lateral botada con puntiaguda astucia por Douglas Costa, que amagó el centro y buscó el primer poste de Oblak, supuso la constatación del cambio de mando. El cuero se topó con el lateral de la red -minuto 25-.

 


En los aledaños de la media hora el enfrentamiento lucía la apariencia del escenario previsible. El Bayern monopolizaba el cuero a través de circulaciones desprovistas de profundidad. Le faltaba, sin embargo, cumplimentar el siguiente renglón. La laboriosa acumulación de piezas, que dibujaba una cohesion interlineal sobresaliente, se resistía a los anhelos alemanes, cuya voluntad era víctima, como la de tantos otros, y terminaba por recluirse en el continuado ejercicio del envío lateral hacia el área, la argucia ofensiva oponente predilecta por la retaguardia local. En pararlelo dejaba de ser latente la amenaza perenne que constituía la transición rápida colchonera para hacerse notar. A ello se sumó la endeblez de la zaga visitante en la lectura de los envíos largos al espacio, que se tornó comprobada. Con Saúl destacando en el manejo de la pelota y el tempo, Griezmann y Torres buscaron las cosquillas de forma continuada a sus marcadores, sabedores de la inferioridad numérica que generaba la desatendida vigilancia tras pérdida teutona. Al tiempo, Filipe brillaba como la salida de pelota prioritaria y clarividente. Y la percepción encontró un episodio práctico que pudo abrir brecha en el minuto 30. Un balón largo, peinado por el fundamental Saúl, cayó en los cordones de Griezmann. El galo recogió el rudo envío y lo tradujo en un cuerpeo con Javi Martínez y posterior mano a mano con Neuer. La principal esperanza francesa de cara a la disputa de su Eurocopa ganó el primer obstáculo pero no superó el segundo. El Balón de Bronce de 2014 mostró sus reflejos a través del pié izquierdo sacado para reconducir la acción a saque de esquina.

 

Se avecinaba el intermedio con el cortejo del cuero alemán alcanzando cotas absolutas. Sobrevino un paradigmático lanzamiento a las nubes de Vidal, desde 25 metros, después de que Juanfran y Saúl abortaran el avance que entrelazaban Thiago, Bernat y Douglas Costa en la cal izquierda -minuto 35-. De nuevo, el trabajo posicional coral complicaba la pretendida superioridad en banda. El chileno se había destapado, como haría Iniesta en cuartos de final, como el único elemento afanado en la ocupación del espacio destinado a la mediapunta, con el fin de dividir y fracturar a una línea defensiva cómoda en la ejecución de su pizarra hasta el momento. Pero el colapso de la medular arrancado por Simeone condujo a la intensa confrontación a vestuarios. El postrero remate desde larga distancia de Bernat, que hacía hincapié en la falta de soluciones creativas visitantes, clausuró un primer acto que reflejó guarismos descriptivos. El 70% de posesión respondió a la eterna circulación teutona. Sin embargo, en la relación de oportunidades gestadas se explicaba la verdadera esencia del duelo. Generó más centros al área el Atlético (siete a seis) y ganó ampliamente en la estadística de chuts entre palos (cuatro, por un sólo intento alemán). La primera parte había obedecido a los prototípicos objetivos que persigue el laboratorio de Simeone en este tipo de encuentros.

Necesitaba el Bayern un salto de página para desembarazarse de la pegajosa estructura defensiva contrincante. Sin cambios nominales se decretó la reanudación, pero sí se experimentó una modificación en la charla que se extendería hasta el minuto 90. Las huestes de Pep alzaron sus pulsaciones y ambición, con y sin pelota, ganando, por lógica, metros. Asimismo, el respingo de intensidad alemana se vio nutrida por una intencionalidad más vertical que confluyó en una mutación de la localización del juego: hasta el epílogo circularía la pelota en territorio atlético. No tardó en cambiar la dirección del viento tras la enmienda interpuesta por Guardiola, y la tormenta de remates visitantes no esperó a acontecer. Un córner botado por Costa, que sufrió varios rebotes, terminó en el cabezazo desviado de Coman -minuto 46-. Hasta entonces no inquietó la producción bávara al achique local, pero, en este trance, empezaban a descoserse las costuras del esfuerzo rojiblanco. La apertura del tradicional intervalo agónico al que queda expuesto el Atlético daba su comienzo. Y aconteció con toda la gallardía que le es propia al rival de esta noche.

 


La histórica potencia anatómica que caracteriza al magnetismo alemán reclamó atención con un cañonazo desde larga distancia y una acción a balón parado de excelente maniobra aérea. La primera acepción encontró a David Alaba desempolvando el fantasma que lleva por nombre Schwarzenbeck. El austriaco descerrajó un temible lanzamiento, desde 40 metros, que restalló en la cruceta -minuto 53-. Acto y seguido, en el 56, fue Javi Martínez el que asumió la segunda arista mencionada. El córner lanzadopor Costa concluyó en un vuelo y testarazo picado del polivalente guerrero vasco que atrapó Oblak, bien colocado. Tocaba sufrir y navegar en tal situación, como marca la norma. La pelota se movía con frugalidad y al antojo, ahora sí, de los visitantes. La movilidad entre líneas de Vidal y Thiago surtía efecto, con Douglas Costa y Coman mucho más enérgicos, y acertados, en el desborde de las maltrechas emboscadas oponentes. El resuello no permitía que la anestesia colectiva rojiblanca repitiera brío y coordinación, y Javi Martínez se sumaba también a posiciones de remate de forma alterna, para acompañar a la soledad de un Lewandowski cubierto con seriedad. Con el encierro madrileño autografiado, sin respiro ni posibilidad de enlazar una transición contemporizadora, avanzó el segundo acto. El modelo de repliegue y salida tendía la ortodoxia del lado local.

 

Redobló la apuesta Guardiola en el ecuador del periodo, para que el ritmo y la fe de los suyos no amainara. Antes de que introdujera en la fórmula a Ribery, recibió Lewandowski de espaldas a portería en el área, se giró y ganó por potencia a Savic, pero su angulado chut fue demasiado cruzado. Oblak acompañó y cerró el intento en escorzo -minuto 63- y el Atlético parecería manejarse con el agua al cuello. Vidal seguía aclamado como factor diferencial y proporcionó la asistencia con un primer toque sedoso desde la frontal. Coman -más voluntairoso que acertado, muy penalizado por las ayudas en estático oponentes- dejó su escaño al 7 francés en una modificación estratégica de Pep. El técnico catalán cambió de banda y atribuciones a un Douglas Costa mitigado que no pararía de crecer. El talentoso zurdo ocupó la banda diestra, pudiendo gozar de su doble vertiente de desequilibrio, sobre todo indagando en la diagonal. Una tratativa refleja en el caso de Franck, que asumiría la exclusividad del desborde interlineal. Thiago y Vidal habían subido muchos metros y la apuesta germana se descubría en clara ganancia de ambición, lanzando hasta a cuatro rematadores en el área rojiblanca. Hizo acto de presencia, entonces, el trascendental Müller. Thiago, menos relevante de lo que hubiera deseado su preparador, cedió el espacio para que su equipo conformara la estratagema posicional de derribo, con dos rematadores referenciales en el área que regalaran espacio para los llegadores centrales y exteriores.

 

Antes de que el cambio marcara tendencia detectó el Bayern el callejón anhelado e imprevisto. Un balón largo de Lahm al desmarque de ruptura de Costa, que se filtró en profundidad, patrocinó el susto del respetable antes del desenlace. Savic no llegó al corte y el brasileño, enchufado en el último tercio de duelo, dibujó una frenética vaselina que no encontró portería por poco. Vidal, el mejor rendimiento global de su vestuario, tomó el relevo del órdago ofensivo y disparó un tenebroso lanzamiento cruzado, desde el pico del área, que Oblak despejó con una valiosa estirada de foto. Corría el minuto 73 y no atisbaba el horizonte un Atlético demasiado amarrado ante el suicidio atacante rival. Sin embargo, en el 75, se granjeó oxígeno, finalmente, el denodado sacrificio capitalino. Un contra lanzada, la primera con argumento en plena travesía por el desierto, significó un tres para dos, con Griezmann conduciendo y Fernando Torres aguardando, que refrescó la decrepitud de la espalda teutona. Recibió el cuero El Niño en la frontal, sentó a Alaba y lanzó un fino remate con el exterior que supero a Neuer pero que escupió la madera del palo largo. Koke tomó el rechace pero su disparo esquinado fue presa fácil para el portero visitante. Éste repunte posicional era lo que ansiaba el sudor colchonero, que respiró al tiempo que Benatia entraba por Bernat. El ajuste, última sustitución visitante, buscó un mejor equilibrio y alzó la relevancia ofensiva de Alaba, que salió de la cueva para participar en la confección del asedio.

 

Había ascendido metros la voluntad rojiblanca, como marca la búsqueda de cierres de partidos controlados del Cholo, pero una pérdida de Giménez en la salida de pelota cauterizó el movimiento. La pelota llegó a las botas de Müller, que, oportuno, cambió hacia el otro costado, donde Alaba ejecutó un remate desatinado -minuto 79-. Se avecinaban 10 minutos de abrazo a la épica en la solidaridad de esfuerzos si no rascaba el Atlético un oasis que rompiera la extenuante y prolongada inercia. Y Koke, irrelevante con pelota y entregado sin ella, emergió como el encargado de llevar sobre sus hombros la manutención de tan importante necesidad. Se lanzó a una conducción solitaria, destinada a perder el cuero con rapidez, pues se manejaba rodeado de marcadores y pegado a la cal. La pelota superó la línea de banda y el volante español prosiguió su avance fuera del campo, calentando la sartén de la compostura teutona. Benatia picó el anzuelo y trompicó de manera explícita, con rudeza, al 6 rojiblanco. El resultado: amarilla para el central marroquí y amonestación también para Neuer, que recorrió 30 metros para abroncar al gestor de la interrupción que inyectaba oxígeno al esfuerzo de los suyos. "Tenemos que adaptarnos a todo lo que ocurra", dijo Guardiola. A esas alturas de minutaje no lo consiguieron. Simeone, que se guardó los cambios demasiado -contemplando la carencia de pulmones final- y acabaría por realizar solo uno, dio entrada a Thomas para que Saúl -vacío y herido- recibiera la primera ovación atronadora de su currículum -minuto 84-.

 

Con la misión cumplida, que atemperó la relación de fuerzas y dinámica del partido, se precipitó el pitido final que promocionó el alivio, primero, y paroxismo, después, del coliseo indio. Cupo tiempo para que Augusto, Benatia, Vidal y Douglas Costa -que se confirmó como la mayor amenaza bávara- intercambiaran intentos infructuosos que sólo sirvieron para que el reguero de interrupciones perpetrado en el tramo final encontrara cierta coherencia en el caos. Oblak tapó el intento del chileno que cerró el envite y se completó un nuevo partido de altura en el que el Atlético salió victorioso gracias a la ejecución del libreto de su entrenador. Golpeó primero en un arrebato de pasión que hurtó el rol dominante a su rival y exigió, después, precisión, paciencia en la elaboración y puntería. Con el marcador a favor retó al Bayern, una de las mejores ofensivas actuales, pero el gladiador alemán resultó ser una captura más de los designios de este impenetrable defensor de la ribera del Manzanares (llegó 20 veces al área pero remató a diana en siete ocasiones, con una efectividad en los remates del 43%, por el 71 por ciento madrileño). La defensa volvió a superar al ataque y, como quedó pronosticado, el billete para el baile milanés se dilucidará en Munich. Eso sí, con ventaja rojiblanca. No marcó el bloque germano, contraviniendo el diagnóstico explicitado por Lahm, que atribuía a este factor buena parte de la argumentación de las derrotas padecidas ante Madrid y Barça en las dos últimas semifinales disputadas. No bastó el empresa propositiva de Guardiola. Así, al galope de la irresistible irreverencia tacticista que ha situado al Atlético con un lugar entre la aristocracia continental viaja la serie a Alemania. Con más de media montaña escalada y con el Calderón aseado.


Ficha técnica:
Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Giménez, Savic, Filipe; Saúl (Thomas, m. 84), Gabi, Augusto, Koke; Griezmann y Fernando Torres.
Bayern Múnich:
Neuer; Lahm, Javi Martínez, Alaba, Bernat (Benatia, m. 76); Thiago (Müller, m. 70), Xabi Alonso, Vidal; Coman (Ribery, m. 63), Lewandowski y Douglas Costa.
Gol: 1-0, m. 10: Saúl.
Árbitro:
Mark Clattenburg (Inglaterra). Amonestó al local Saúl (m. 83) y a los visitantes Douglas Costa (m. 39), Xabi Alonso (m. 82) y Neuer (m. 82).
Incidencias: partido de ida de las semifinales de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Vicente Calderón ante 55.000 espectadores.
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