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TRIBUNA

Con pasión, ¿se nace o se hace?

viernes 29 de abril de 2016, 20:22h
Actualizado el: 29 de abril de 2016, 20:29h

Aunque no recuerdo el momento exacto, dicen mis compañeros de universidad que nuestro padrino de promoción soltó una perla en el discurso final de nuestra graduación: “Y recuerden, ¡no se prostituyan!”. ‘Perla’ por ser un consejo precioso y, sobre todo, escaso. Ese fue uno de los mejores consejos que jamás haya escuchado, y también de los menos aplicados. El mejor piropo, sin duda, salió de la boca de un buen amigo recientemente: “cuando haces -esto o aquello-, haces magia”. Se me pusieron los pelos como escarpias y el estómago se besó con el diafragma. ¿Cuándo fue la última vez que hicieron magia? Estoy seguro de que cada uno de ustedes tuvo su momento, ¿lo recuerdan?

Dentro de lo que podríamos llamar “El mercado motivacional” (libros, vídeos, conferencias, espiritualidad, terapias, coaching, filosofía, etc), y dependiendo del maestro y de la escuela, hay unos mensajes que se repiten más que otros pero, en los tiempos que corren y en cuanto a las técnicas de motivación personal se refiere, hay uno que destaca por encima de los demás: ‘busca aquello que te apasiona en la vida’. Cuando terminan de leer un libro de estos tan potentes, o salen entusiasmados de una conferencia protagonizada por un gran coach o un gran comunicador, ¿cómo se les queda el cuerpo? Los ‘deberes’ que uno se lleva a casa son casi siempre tres, nada más: cuidar del cuerpo, de la mente y del alma. El gran maestro y escritor de best sellers, con licencia para influenciarnos, sólo nos pedirá unas tareas de sencilla apariencia: 1- Que practiquemos deporte, que cuidemos la nutrición y que seamos conscientes de lo que perjudica y beneficia a nuestro cuerpo; 2- Que cultivemos la mente a diario, estudiando, leyendo y aprendiendo; y por último (3), que establezcamos relaciones emocionales sanas y equilibradas, que evitemos la gente tóxica y que sigamos las indicaciones de nuestro corazón, que no nos vendamos y que hagamos lo que nos apasiona. Casi nada. Ah sí, y nada de intoxicantes, vicios o demasiados placeres con poca ropa encima (no sea que lo que les apasiona tenga que ver con los instintos más básicos).

Igual que hemos oído hasta la saciedad sobre la motivación positiva, también hemos podido comprobar en multitud de biografías o biopics (Ray Charles, Steve Jobs) que la vida de muchos pensadores, científicos, escritores, pintores, músicos, innovadores o genios extra motivados que desarrollaron la pasión de su vida, muchas veces con gran sufrimiento y algunos con muy poco dinero, no fue nada fácil. Si para desarrollar una pasión hay que vivir en una especie de tortura interior, ¿quién querría recorrer ese camino? Además, por otra parte, cuando uno lleva decenas de libros, conferencias y años enganchando a la búsqueda de la motivación perdida, ¿no será que la medicina aplicada no surte efecto? Menudo lío, algo no cuadra. Motivado: ¿se nace o se hace?; la pasión, ¿se disfruta o se sufre?

Fundido a negro.

Cuando escucho alguna canción de los años ochenta o noventa, cantada por voces que por desgracia se han ido muy pronto (el pequeño gran Prince la semana pasada, sin ir más lejos), me invaden unos sentimientos de pureza y entusiasmo difíciles de describir, aunque se podrían resumir en un gran titular: ‘Siéntete bien con lo que haces en este momento, el resto… detalles sin importancia’. Es como si aquellas canciones me trasladaran por unos instantes al momento donde uno vivía con pasión sin buscarla. Idealistas, tersos y vírgenes, vivíamos en un lugar seguro y colorido, pero intrépido y desconocido; estas canciones a veces suenan a una mezcla de comida casera, familiar y entrañable, con fragancia de grandes carcajadas, osadas, libres y ruidosas. Todos vivíamos como protagonistas de un videoclip musical interminable: las chicas, el aire, el atardecer, la velocidad, la música, los vaqueros y la chupa de cuero. Eso sí que era magia.

Recuerdo que mis amigos de juventud tenían todo tipo de habilidades: piano, yoyó, comics, fútbol, baile, chistes, ordenadores, guitarra, escritura, judo… En aquella época el dinero, la fama y la motivación era lo de menos, lo importante era divertirse y pasarlo en grande. Sin miedo, sin límites y sin preocupaciones. ¿Dónde se quedó el protagonista de aquel videoclip?

“La adolescencia que no tiene nada que ver con las costumbres, la adolescencia que sólo ama el amor, la verdad y la virtud, ¡la bella, la maravillosa, la descortés adolescencia! […] Si hay que escoger necesariamente, e inmadurez por inmadurez, más vale, moralmente hablando, un adolescente prolongado que un niño demasiado obediente para crecer: más vale ser demasiado honesto para ser educado que demasiado educado para ser honesto”. André Comte-Sponville

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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