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Comercio y debate

martes 03 de mayo de 2016, 08:46h
La organización Greenpeace ha accedido a un conjunto de documentos que forman parte de la negociación entre la Comisión Europea y los Estados Unidos, que finalmente ha hecho públicos. No podemos saber cuántos habrá podido conocer Greenpeace ni qué parte de ellos ha preferido no mostrar. Lo que sí sabemos es que con ellos quiere denunciar que la Unión Europea estaría dispuesta a rebajar ciertos estándares de control de los productos o de su factura ecológica. Es un acto de propaganda más. O, como diría uno de sus fundadores, Robert Hunter, es una “bomba de tiempo mental transmitida por la prensa mundial”. Pero más allá de los intereses de este grupo, debemos pensar en los del conjunto de la sociedad europea y en todas las cuestiones que se suscitan con este asunto.

Hasta cierto punto es comprensible que el curso de las negociaciones se adelante a lo que la opinión pública sabe de ellas. Pero los europeos por un lado vemos a los responsables de la negociación hablando entre ellos y por otro recibimos propaganda de uno u otro lado sobre lo que es o debe ser un tratado de comercio transatlántico. Pero no se nos hace partícipes, con la información relevante, del gran debate sobre la conveniencia de ampliar las relaciones comerciales con el resto del mundo. La gestión informativa de esta negociación ha hurtado ese debate y fomenta el uso torticero y propagandístico de la información.

Bien es cierto que, pese a todos sus beneficios, el libre comercio no suele beneficiarse del debate. El gobierno de Francia, por ejemplo, no ha tenido ya más remedio que realizar parte de las postergadas reformas que deben sacar al país del anquilosamiento y de la crisis del sistema. Esas reformas se han retrasado porque asumirlas supone enfrentarse a una opinión pública refractaria ante su realidad. Una reforma laboral razonable ha provocado un movimiento de protesta violenta en las calles del país. Y el gobierno galo no ha encontrado mejor forma de contrarrestar esta situación que asumiendo un papel más exigente, o más crítico, con los avances en la negociación del TTIP, que es el acrónimo que designa al acuerdo tansatlático.

No sólo la más acendrada teoría económica, sino toda la experiencia histórica muestra que prosperidad y libre comercio están íntimamente relacionadas. Los acuerdos de libre comercio y cooperación entre América del norte y los países asiáticos, con el Pacífico como espacio común, han vuelto a mostrar los beneficios del mutuo entendimiento económico por medio del comercio. El Atlántico, que ha sido protagonista de la historia desde el desembarco de España en América, ha cedido el testigo al otro continente, y Europa corre el riesgo de quedar atrás.
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