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TRIBUNA

Pena de silencio

miércoles 04 de mayo de 2016, 20:04h

Escribo sobre Ortega y Gasset. Aunque es poca cosa para lo que se merece este hombre, la segunda semana de mayo, desde hace muchos años, celebro el nacimiento de Ortega y Gasset. Leo y releo en alguno de sus libros. Le dedico alguna de mis clases en la universidad. Aprovecho mi situación en los medios de comunicación para decir algo sobre su jovial pensamiento. Esta vez he preferido adelantarme a la fecha del 9 de mayo, día de su nacimiento, porque me apetecía contarles una de las mil burradas que se dicen sobre Ortega, el único filósofo político que ha dado España en el siglo veinte, que sigue siendo denostado por los académicos, los políticos e incluso por quienes se consideran sus seguidores. España siempre ha sido cruel con sus hombres ilustres, pero el caso de Ortega o, mejor dicho, de los estudiosos de Ortega bordea la paranoia, por ejemplo, la última biografía que ha escrito un profesor de literatura, Jordi Gracia, sobre el filósofo limita con el insulto y la impostura. Me fijaré solo en el capítulo 13 de este desnortado libro sobre Ortega y Gasset.

Dice Gracia, mimetizando ridículamente a José Gaos, quizá el mayor crítico político y, seguramente, el más cruel que haya tenido nunca el filósofo español, que le da miedo Ortega cuando escribe de política. Provoca pánico el cesarismo de Ortega en su biógrafo. Es de risa, si no fuera un tema trágico para la cultura española. Este biógrafo, un triste epígono del socialista Gaos, llega a decir que Ortega es un salvaje (sic), cuando escribe de política. Terrible. Y encima, exhibiendo un desconocimiento absoluto de la obra de Ortega, quiere exculparlo de fascismo: “Pero su propuesta política (…), no lo alinean con el fascismo rampante, no lo acercan a la trama civil golpista ni tan siquiera lo sitúan en las proximidades del reaccionarismo católico ni político.” Este tipo de biografía políticamente correcta es más dañina y oscura para una cultura libre que el exabrupto dogmático de quien no comparte el liberalismo de Ortega. Este profesor de literatura es incapaz de captar, o peor, lo disfraza con una prosa amanerada, el reproche, la principal objeción, que hace Gaos a Ortega: su silencio frente a la República y la época de Franco. Además, no entiende la génesis, la razón histórica, de esa objeción. No comprende que el reproche de Gaos es el mismo que le hizo, veintiún años antes, José Antonio Primo de Rivera. “Don José”, dijo el fundador de Falange, asesinado en Alicante en los primeros compases de la guerra civil, “fue severo con sí mismo y se impuso una larga pena de silencio; pero no era su silencio, sino su voz lo que necesitaba la generación que dejó a la intemperie. Su voz profética y su voz de mando.”

Desde entonces, en 1935, nunca se le ha dejado de reprochar a Ortega su silencio. José Antonio Primo de Rivera fue uno de los primeros que lo hizo de modo directo y en vida del filósofo, pero fue Gaos, mucho más tarde, quien elevó ese reproche a categoría filosófica. Política. Aunque de modo más cruel, acerado y oscuro que el utilizado por José Antonio, Gaos condenó el silencio que se impuso Ortega, en realidad, “el inicio de una falta de participación en la política de su patria que, prolongada hasta la muerte, debió de ser sentida por él como una amputación de su ser.” Gaos esperó más de dos décadas, se dice pronto, para repetir el reproche que José Antonio Primo de Rivera dedicó a Ortega para celebrar las bodas de plata del filósofo con su cátedra en la Universidad Central. Para Gaos el silencio del maestro fue incomprensible o, por utilizar los términos exactos de Gaos, era “poco comprensible.” Tenía que haber estado siempre con la República y, quizá después, también debería haberse declarado poco menos que franquista y todo hubiera estado claro… El discípulo esperó la muerte del maestro para echarle en cara su falta de compromiso con la patria. Pero Gaos no se quedó en el reproche moral. Fue más lejos. Primero, lo tildó de cobarde, copiando un argumento de la Apología, de Platón; después, lo acusa de contradictorio con sus propias posiciones; y, finalmente, Gaos intentó “justificar”, sí, “fundamentar” que la obra Ortega no daba para mucho más que el silencio cómplice con el llamado bando nacional durante la guerra y la postguerra, sencillamente, según reitera Gaos, porque Ortega carecía de sensibilidad democrática.

Sí, sí, amigos, el texto de Gaos, titulado Ortega en política, principal fuente de inspiración de Gracia, marca el inicio de acoso y derribo de Ortega como pensador liberal y demócrata. Pocos críticos de la obra de Ortega han dejado de referirse a este ensayo del socialista José Gaos. Pocos han conseguido zafarse de los tópicos y lugares comunes vertidos por Gaos en ese ensayo sobre el pensamiento político de Ortega. Sin embargo, el último biógrafo de Ortega, Gracia, considera que esta crítica es “piadosa”. Este calificativo descalifica a su autor. Tiendo a pensar que Gracia desprecia tanto a Gaos como a Ortega. Desconoce que el filósofo es impío o no es. Si algo sensato, desde el punto de vista filosófico, contiene el ensayo de Gaos, tiene que ver con su impiedad a la hora de ejercer la crítica... En fin, mejor dialogar con Gaos que con sus epígonos, o sea, cuestiono que callarse, sobre todo, durante la guerra y la postguerra, fuera la consecuencia “lógica”, como dice Gaos, que se derivaba de una obra insensible y delatora, dicho con los términos del propio Gaos, de la sensibilidad antidemocrática de Ortega, “que sin duda no dejó de ser tal nunca después del año 17 en que publicó Democracia morbosa”. Lo diré de otro modo, quizá tuviera razón José Antonio al hablar de la voz profética de Ortega, pero se equivocaba sobre su voz de mando. Esta nunca fue autoritaria. Jamás aspiró Ortega a ser un filósofo-rey. Al contrario, toda su filosofía es una crítica permanente del filósofo-dirigente. No aceptó jamás Ortega ser un arrastrado al servicio de príncipes como lo fue, por ejemplo, Kant, ni mucho menos pretendió ser un guía metafísico, un pastor del Ser, al modo del nazi Heidegger. Toda su obra fue una apuesta a favor del filósofo-socrático.

Ortega es la antítesis del profesor (Gelehrte) alemán y el escritor (écrivain) francés. Él quiso ser solo un filósofo en la plazuela. Era excelente, sin duda, pero uno más entre muchos. Uno entre otros, pero nunca por encima de los otros. He ahí la almendra del pensamiento y la acción políticas de Ortega. Difícil de entender para un país donde el listillo del pueblo, el profesorcito de turno, se cree un genio. La crítica permanente de Ortega al filósofo-rey, especialmente a partir de 1932, lo convierte en uno de los grandes de la filosofía socrática de nuestra época. El filósofo no puede aspirar a otra cosa que la crítica, aunque esta le lleve al ostracismo y la muerte. El filósofo no es un rey sino un sencillo ciudadano. Es algo que no consiguió ver José Antonio Primo de Rivera, en 1935, tampoco lo comprendió José Gaos, en 1956, ya convertido en un mandarín de la filosofía mexicana. Menos aún lo entenderá Gracia que sigue con estulta beatería a José Gaos. Estos tres intérpretes de Ortega podrían aparecer como espíritus libres para un bienpensante, pero, en realidad, no lo son, porque hablan “con falsía en vez de callar con verdad.”

La argumentación de Ortega a favor del silencio del pensador siempre fue sólida y contundente. Un par de citas de Ortega de su primera época son suficientes para seguir pensando sobre el poderío político del silencio: “Estoy seguro de que en tiempo de guerra, cuando la pasión anega a las muchedumbres, es un crimen de leso pensamiento que el pensador hable. Porque de hablar tiene que mentir… Pero el hombre de ciencia, cuyo menester es esforzarse tras la verdad, no puede usar de la autoridad en esa labor ganada para decir la mentira. Lo propio acontece con el artista, con el poeta.” “Sabios y poetas tienen obligación de servir a su patria como ciudadanos anónimos; pero no tienen derecho a servirla como sabios y poetas. Además, no pueden: la ciencia y el arte gozan de un pudor tan acendrado que ante la más leve intención impura se evaporan”.

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