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Y DIGO YO

No debemos fiarnos de las encuestas, ahora

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 05 de mayo de 2016, 20:30h
Actualizado el: 06 de mayo de 2016, 14:58h

Hacer o intentar hacer un pronóstico ligeramente aproximado sobre lo que puede suceder el próximo 26J es casi imposible, a pesar de que todos tenemos más información que hace cinco meses. Una ventaja, que puede llevar más incertidumbre a la ciudadanía vistos los acuerdos alcanzados anteriormente –ninguno reseñable–, es que las cartas están sobre la mesa y boca arriba.

Sabemos lo que han hecho los partidos, lo que no han hecho, lo que estarían dispuestos a hacer con unas mínimas contrapartidas y conocemos las líneas rojas que, si se respetan, seguirán siendo tales. También nos podemos hacer una idea de hasta dónde están dispuestos a llegar por un sillón.

Lo único que parece claro –y no ayuda mucho– es que las encuestas no muestran un camino fácil, ni real. Sobre todo real. Como se está poniendo de moda en decir, “las encuestas son una foto fija en una película en movimiento”. Es verdad que se suele utilizar esta expresión para salir del paso cuando la pregunta del periodista al político de turno hace referencia a algún dato negativo. Pero es verdad, muchas de las conclusiones que nos ofrece una encuesta hecha hoy pueden cambiar de forma notable dentro de un mes.

Hacer vaticinios sobre lo que sucederá es arriesgado. Todavía pueden saltar nuevos casos de corrupción o puede mejorar muchísimo la situación económica. Puede que en los debates algún candidato meta mucho la pata o puede, por el contrario, arrasar en carisma y credibilidad. Lo que sí podrían ir adelantando son sus intenciones para el día después. Pero también parece difícil.

Y digo yo: ¿Debe un político o candidato decir con quién va a pactar o le conviene no desvelar sus intenciones?

Los expertos demoscópicos y en comunicación política no se ponen de acuerdo. O los que salen en televisión dicen una cosa y los que trabajan para los partidos hacen otra. El caso es que no son unas elecciones al uso y uno puede pensar lícitamente que los parámetros habituales de actuación pueden verse modificados, aunque el presidente en funciones ya haya dicho que va a volver a centrar la campaña en la Economía. ¡Pues mucha suerte porque aburrirá!

El caso es que al margen de la guerra sobre cuánto dinero hay que gastarse en la campaña, todos los mensajes sobre pactos, los acercamientos y alejamientos, hay que mirarlos bajo el prisma electoral de unas elecciones que pasan por ser una suerte de segunda vuelta.

Llama la atención sobremanera lo listos que han sido todos los candidatos. El más tonto sabía perfectamente, sin ningún género de duda, qué es lo que había querido decir la ciudadanía española con su voto, lo que había pedido el pueblo español en las urnas el pasado 20D. El caso es que ninguno ha dado con la solución y en estas nos vemos. Tanto esfuerzo de interpretación para nada…

“Los ciudadanos han pedido cambio, regeneración, pactos, negociar…”, decía algún candidato a ser rechazado en la votación de investidura. No lo tengo yo tan claro. Los votantes pueden pedir ahora lo que quieran, por supuesto, pero el votante del PP no quiere que Rajoy pacte, quiere que gobierne. Y lo mismo el del PSOE, no ha pedido un Gobierno reformista progresista, quiere que Sánchez sea presidente y que no se baje los pantalones ante ningún recién llegado.

Los afines a Podemos y Ciudadanos sí pueden hablar de negociar porque saben que no les va a quedar otra, aunque también se verá. Lo dicho, no podemos fiarnos de las encuestas, pero ¿y si hay sorpasso? ¿Y si Ciudadanos tiene la llave? ¿Y si hay una gran coalición? Es pronto, veremos.

Javier Cámara

Periodista

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