La cada vez más próxima cita electoral del 26J vuelve a poner a los partidos políticos, por si no lo estuvieran lo suficiente ya para su regocijo y nuestra saturación, en el foco mediático. Las diferentes formaciones afinan unos programas que en muy poco o en nada serán distintos a los que nos ofrecieron hace tan solo unos meses, de ahí que los sondeos arrojen, para desesperación de la audiencia, escenarios casi idénticos a los del pasado mes de noviembre.
Gran parte de la culpa de este panorama se debe a la izquierda española, personalizada en PSOE, Podemos e Izquierda Unida (11,6 millones de votos en suma), que empieza a dar síntomas de una borrachera electoral que, pasado el puntillo álgido, ese que te envalentona y desinhibe, ha acabado por ir dando tumbos, cuando no en una resaca tan prematura como machacona.
Por un lado, los socialistas van camino de empeorar, y parecía difícil, los resultados más paupérrimos de su historia. Un Pedro Sánchez, quien aprovecha toda oportunidad que se le presenta para intentar hacer ver su nulo valor como líder con, todo sea dicho, un éxito rotundo, ve cómo su principal enemigo lo tiene dentro de casa.
El expresidente Felipe González tiene que salir al paso día sí y día también, cuando no se le relaciona de rebote con algún papel panameño, a un rescate tibio del socialismo que él mismo empezó a hundir hace ya más de dos décadas, dejando por los suelos el inexistente liderazgo del actual secretario general, fiel reflejo de la vulgaridad política y gran responsable del impasse en el que nos encontramos.
Por otro lado, la todopoderosa andaluza Susana Díaz sigue renegando de intenciones presidenciales, cuando todos sus movimientos indican lo contrario. Primero se cargó a Eduardo Madina en favor de Pedro Sánchez, al que ahora le mueve la silla sabedora de que el de Tetuán tiene las horas contadas en Ferraz y que ya llegará la hora de bregarse en campos de primera a su debido tiempo. Mientras, sonrisita por aquí, chascarrillo por allá, apoyo velado a su candidato con el colmillo salivando... Tela.
El PSOE es desde hace tiempo una casa de locos, un club de conspiradores y conspiranoicos más pendientes de mantener el culo a salvo que de construir un discurso y un programa políticos lógicos y acordes a la historia del partido. Es lo que tiene hacer primar la mediocridad, estrategia con la que pretenden 'pulir' España, esperemos que sin éxito, por encima de la calidad.
Me atrevo a decir que el 26J habrá que entonar un réquiem por la rosa, teñida de negro, cuyos líderes han hecho todo lo posible por dispararse en la sien. Sin duda, si de algo pueden jactarse a gusto es de haberse vuelto muy certeros en esto de suicidarse políticamente.
Por detrás, pujando y empujando fuerte, vienen atropellados los de Podemos, que han equivocado lo de llegar a esto de la política pisando fuerte con lo de pisotear. Una vez consumada la fagocitación de Izquierda Unida, con maneras de abusón y tomando a sus camaradas por el niño tonto de la clase, por momentos no sin razón, Iglesias y compañía son la gran amenaza para la estabilidad y el crecimiento de este país.
Es digno de reconocimiento el hecho de que hayan adoptado un discurso valiente, fresco y dinámico, pero con ideas y propuestas dignas de otras épocas y otras latitudes menos democráticas. Se han alzado con la voz única y plenipotenciaria, una suerte de oráculo al que no se le puede contradecir sin correr el riesgo de ser acusado de fascista, de negrero o de aprovechado.
Mientras, poco a poco se van contagiando sus señorías de esas maneras y privilegios a los que antes tanto disparaban. Que si una le sube el sueldo bajo cuerda a sus gerentes, que si la otra va de VIP al tenis, que si el otro acumula acusaciones de fraude... Si es que en boca cerrada no entran moscas, pero tampoco salen estupideces.
Lástima que en esas estemos a poco más de un mes de que los españoles tengamos que apostar por unos u otros, cuando ni los unos ni los otros están a la altura de este país, y a las pruebas me remito. La izquierda, y gran parte de la derecha, se merece líderes y partidos de mayor categoría, más dedicación y mejor cualificación. No todo es verborrea y modos de cartón piedra.