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TRIBUNA

El cáncer y la declaración de la renta

Juan José Vijuesca
miércoles 11 de mayo de 2016, 19:55h

Se sube el telón, se ve al programa Padre y a millones de contribuyentes haciendo cola para cumplimentar una de las casillas reservadas, bien a la asignación de la Iglesia Católica o a destinar cantidades para actividades de interés general consideradas de interés social. Se baja el telón. Ahí queda un 0,7 por 100 de voluntades propias para el habitual reparto de todos los años por estas mismas fechas.

En nada que multiplicáramos las mareantes cifras de esta aleatoria asignación podríamos comprobar cuánto de interés general podría tener una reforma inmediata de conceptos. Dicho en tono coloquial, habilitar una casilla específica para destinar una parte de este volumen a la investigación contra el cáncer, por ejemplo. Imaginen por un momento si tratándose de voluntades asociadas al contribuyente, o sea, algo que al igual que tenemos libertad de marcar con una cruz lo que cada cual tiene a bien hacer, al mismo tiempo pudiéramos sustraernos a aquello que por carencia de recursos posibilitara el conseguir una fuente de financiación por decreto popular, sería lo más.

Ya sé que el tema se presta a diversidad de genuflexiones y criterios, pero salvar vidas a cambio de poner una simple cruz en una casilla podría situarnos como país pionero en defensa de una ciencia cada vez más necesitada de recursos por la abulia de los gobiernos que no hacen lo suficiente. No seré yo quien haga oratoria sobre el mercadeo y la rentabilidad de algo tan serio. Sería repugnante. Pero tampoco me resigno al silencio de las palabras cuando el subconsciente es capaz de regatear a la propia maldad de pensamientos. La investigación en este país ejerce la mendicidad y esto resulta intolerable.

Ya existen iniciativas al respecto. Me consta; pero yo no voy a ser ajeno cuando las actuales políticas se atrincheran en simples maquillajes, en sencillas muestras de demagogia costumbrista incapaces de erradicar con solvencia los auténticos problemas que atentan a la salud de las personas. Niños, adolescentes, adultos, que han padecido o vienen sufriendo las terribles consecuencias del cáncer en sus diferentes versiones esperan algo diferente de esta sociedad. A todos en general nos tutela el azar en esta lotería de la salud, por eso cada vez se hace más necesaria la acción popular para corregir los desajustes que tiene una colectividad tan avanzada como la nuestra pero a la vez tan misantrópica.

Quienes gobiernan, quienes aspiran a gobernar, quienes mercantilizan por cuenta ajena con nuestro presente y nuestro futuro no son más que aquellos que dictan y legislan, por eso nunca éstos deben ser distintos a quienes contribuimos en aceptar las normas de convivencia, pero de ahí a convertirnos en ciudadanos de inferior categoría cuando los medios y mecanismos de un Estado los hacen insuficientes o atentatorios hacia la ciudadanía, eso señores míos, no cabe en conformidad. Hoy en día se tiende a cambiar casi todo, es más, ojalá fuera en aras del bienestar común, sin embargo el mundo se rige por la parte invisible de unos poderes ocultos y eso nos convierte en el placebo de cualquier experimento enriquecedor para quienes manejan los hilos.

No hay cordura existencial a pesar del beneplácito en algunas cosas que nos rodean, me refiero a esa parte de vida real que cada cual esconde en lugar seguro mirando de reojo la miseria ajena, pero en conciencia esto no sirve como justificación, porque la vida, ese milagro que viene más allá del control de la propia gestión terrenal, es tan augusta que ningún refractario debería permitirse dominio sobre ella; razón de más para que cualquier ser atribuido en jerarquía, por muy electo que éste sea, pueda atentar contra la propia existencia de los demás y mucho menos contra la decencia de sus actos cuando en él descanse la obligación de corregir y mejorar las leyes y las normas en aras de proteger al ser humano.

Por eso, pacientes lectores, son tiempos de perseverar sobre aquello que nos debilita y nos hace vulnerables. Médicos y personal sanitario tenemos, quizás de los mejores. Personas entregadas en causas ajenas, también. Voluntarios anónimos, organizaciones no lucrativas y profesionales vocacionales más allá de lo estrictamente terapéutico se involucran con afán de superación que les dignifican. Solo faltaría una clase política digna y ejemplarizante, no es necesaria una de gama alta, solo con ser honrada y valerosa es suficiente, porque un político de los de ahora solo piensa en las próximas elecciones; sin embargo, un auténtico estadista lo hace sobre las próximas generaciones. Ténganlo en cuenta.

En fin, se abre el telón: se ve la Declaración de la Renta con una casilla contra el cáncer. Se baja el telón: se ve la planta de oncología infantil de cualquier hospital, por poner un ejemplo.
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