Fernando Álvarez de Miranda, la verdad retrospectiva
Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 13 de mayo de 2016, 21:29h
Actualizado el: 13/05/2016 21:39h
Fernando Álvarez de Miranda (Santander, 1924-Madrid, 2016) ha sido, por los muchos rasgos y acontecimientos de su larga vida, para mí, un símbolo de lo mejor de la política española de nuestro tiempo.
Fue diputado por Palencia de la UCD en la legislatura constituyente -en la que fue presidente del Congreso de los Diputados-, y en la primera legislatura constitucional. Entonces empecé a conocerlo personalmente, pues el largo y accidentado camino hacia un Estatuto de Autonomía de Castilla y León hizo posible y necesario que los diputados y senadores de aquellos años, entre 1977 y 1982, llegásemos a conocernos hasta llegar a ser amigos de verdad. Ese ascenso a la amistad, que como toda amistad auténtica conllevaba admiración, fue consecuencia de que nos sentíamos unidos ante las dificultades, que fueron notables, desde la gran recesión económica, ocasionada por los precios de la energía, hasta el golpismo militar que amenazaba a nuestra recién lograda libertad democrática.
Por otra parte, Fernando Álvarez de Miranda se hacía querer. Su gran autoridad procedía de su humana cordialidad. Hasta cierto punto, Fernando Álvarez de Miranda se parecía a Ramón Rubial, el legendario presidente del PSOE, pues ambos habían sido perseguidos por el franquismo por su oposición y resistencia a aquel Régimen dictatorial, y sin embargo, fueron conocidos por su decidida actitud de superar las consecuencias de la Guerra Civil y del franquismo.
Unos años más tarde, ya en este siglo, tuve la satisfacción de participar en un debate en la Diputación de Palencia sobre los tiempos de transición (con minúscula, pues fueron inciertos), con Fernando Álvarez de Miranda y Santiago Carrillo. Los tres habíamos sido parlamentarios constituyentes, pero las opiniones de mis otros dos compañeros de aquel foro, verificadas por lo que habían sido sus respectivas vidas políticas, fueron el acontecimiento de aquel debate. Mi recuerdo de ese encuentro en Palencia, con el paso de los años, adquiere más y más significados.
Ahora, después de esta temporada de estúpido y malvado revisionismo de nuestro proceso constituyente, recordar el testimonio personal de Álvarez de Miranda y de Carrillo es, en sí mismo, la prueba de su autenticidad histórica.
Un comunista, activo protagonista de la Guerra Civil (y de sus horrores), compartía con un demócrata cristiano, que había estado encuadrado en el partido de Adolfo Suárez (partido que contaba con muchos antiguos miembros del Movimiento Nacional de Franco), los mismos fundamentos para convivir políticamente. Álvarez de Miranda y Carrillo coincidiendo en lo básico:¡he ahí la expresión de la legitimidad, la imprescindible y frágil virtud con la que un Estado será viable!
En el coloquio con los palentinos que acudieron al debate, como se esperaba, surgieron preguntas sobre los acuerdos de la Transición (con mayúscula, pues es una verdad retrospectiva). Se abordó el gran asunto de la “reconciliación nacional” (así lo definieron los comunistas del PCE en 1956, y con los mismos términos lo propuso Nelson Mandela para Sudáfrica). Carrillo explicó las razones de esa nueva propuesta estratégica, y Álvarez de Miranda, al narrar su participación en el llamado (por “Arriba”, el periódico oficial del Régimen) “Contubernio de Munich”, señaló que entonces, en aquel Congreso europeísta de 1962, los demás partidos contrarios al franquismo siguieron a los comunistas en su política de lograr la “reconciliación nacional”.
En vísperas de otras elecciones legislativas, en las que deberíamos decidir más cuestiones que el tipo de Gobierno, no vendría mal que no se jugase con el gran pacto constituyente del que hablaron Carrillo y Álvarez de Miranda en Palencia, en un año que aún no se cuestionaba los resultados de una política que unificó a los partidos y movimientos sociales y culturales antifranquistas, y cuyo fruto más preciado fue la democracia que se instauraría con esas premisas.
La reconciliación, la amnistía, el consenso no fueron adoptados en reuniones secretas, por parlamentarios asustados por los militares, como se intenta falsear ahora el proceso constituyente. Esos rasgos definitorios de nuestra democracia fueron obra compartida por los que, como Fernando Álvarez de Miranda, en los años duros de la dictadura, apostaron por un futuro sin odios políticos. Además, en aquella primera campaña electoral de 1977, se discutió y se debatió, en mítines, reuniones, y en los medios de comunicación, esos capitales asuntos. Los electores supieron qué íbamos a hacer sobre la amnistía, y cómo pensábamos lograr los acuerdos para aprobar una Constitución democrática. Algunos nos unimos para ello. Yo resulté elegido en una candidatura para el Senado que tenía el apoyo del PCE, la Democracia Cristiana de Ruiz Giménez y del PSOE. Esas fuerzas, después, se entendieron con la UCD de Adolfo Suárez y de Fernando Álvarez de Miranda. Pero a derecha e izquierda de esos partidos, hubo otros que proponían lo contrario, en lugar de la amnistía, por ejemplo, seguir manteniendo la lógica de los vencedores y vencidos. No alcanzaron la mayoría de los votos. ¿Podrán ahora dar la vuelta a aquellos acuerdos? De eso van las próximas elecciones, no sólo de formar Gobierno.
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Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
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