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TRIBUNA

Reflexiones para la democracia. Una mirada latinoamericana

domingo 15 de mayo de 2016, 18:44h

La construcción del ‘espacio público democrático’ requiere de la existencia de un conjunto coherente de reglas que permitan regular los contenidos de las diversas interacciones e intercambios que pudieran llegar a producirse. La construcción de esas reglas es el resultado de procesos de negociación más o menos permanente a partir de los cuales logramos llegar a determinados acuerdos acerca de los contenidos normativos que regulan la convivencia. Así, nuestra vida se desarrolla en interacción con los demás dentro de ámbitos sociales más o menos bien definidos, dentro de los cuales nos validamos como miembros plenos del cuerpo socio- político, en tanto que adquirimos la calidad de ciudadanos y somos reconocidos como sujetos de pleno derecho por las personas con quienes interactuamos. Esto último en el sentido de que adquirimos la capacidad para suscribir contratos y generar obligaciones. Esta capacidad para conferir nos coloca en plano de igualdad con los demás, nos hace responsables de nuestros actos, nos obliga a justificar nuestras actuaciones y hace que los compromisos que adquirimos con los demás y/ o con la sociedad como totalidad nos sean exigibles.

Este juego, que nos lleva a desarrollar nuestra capacidad para el ejercicio pleno, responsable y autónomo de la libertad, es el resultado de un largo proceso de aprendizaje social que se desarrolla a lo largo de nuestra vida. Éste nos permite adquirir un código de lenguaje a través del cual comunicarnos, nos proporciona una visión acerca de los códigos moral a través de los cuales funciona nuestra sociedad, nos permite crear una concepción válida acerca de lo que consideramos como Bueno (la idea del Bien), nos transmite tradiciones, conductas y valores; permite el desarrollo de nuestra identidad individual dentro del contexto colectivo y nos permite desarrollar los contenidos de aquellas cosas que esperamos alcanzar en el transcurso de nuestra vida. La naturaleza humana se desarrolla en convivencia con los demás. Es en el ámbito de lo social donde se ponen de manifiesto nuestras potencialidades humanas; es en el contacto con los demás, en el intercambio con los otros, donde se produce el reconocimiento de nuestra identidad y se nos acepta como agentes que tienen capacidad para generar discursos.

Este punto es crucial. Nos desarrollamos plenamente en la medida en que estamos en capacidad para comunicarnos con los otros, para establecer diálogos, para realizar argumentos. Si entendemos que la Política tiene que ver con la construcción de arreglos colectivos eficientes, dentro de los cuales podamos convivir a pesar de las diferencias que entre unos y otros pudieran existir; pero, más aun, dentro de los cuales podemos llegar a acuerdos mínimos que permitan puntos de encuentro y soluciones viables de carácter pacífico a las controversias; entonces, tendríamos que decir que la Política se pone de manifiesto cuando nos reconocemos y nos validamos en términos del desarrollo de nuestra capacidad para conversar con los demás y establecer acuerdos mínimos de obligatorio cumplimiento. No se trata, entonces, de que nos veamos en la necesidad de vivir dentro de espacios sociales diferenciados, sino, y esto es lo más importante, de que dentro de esos espacios podamos entendernos, aceptarnos y respetarnos.

La construcción de la democracia está directamente relacionada con la construcción del discurso público democrático, con el establecimiento de marco legal reconocible, más o menos permanente, legítimo, justo e imparcial, y de un Estado de Derecho que garantice adecuadamente el respeto por los derechos individuales de los asociados. No es casual que el sistema de protección de las libertades asociadas a la comunicación se encuentre desarrollado de manera extensiva. Cuando se protege nuestro derecho a expresarnos libremente, se protege mucho más que nuestra capacidad para hablar. En realidad se está salvaguardando nuestro derecho para expresar libremente el contenido de nuestro pensamiento, nuestros puntos de vista, nuestras creencias y nuestros valores. Cuando se habla de libertad de expresión hacemos referencia al derecho que tenemos de manifestar de manera pública aquello que pensamos sin mayores restricciones que el respeto por los derechos de los demás y la protección de la convivencia ciudadana. Pero, adicionalmente, hacemos referencia a la necesidad de que nuestro discurso sea reconocido ampliamente y aceptado en términos de su contenido.

Ciertamente somos responsables por lo que decimos. Aquello que expresamos tiene consecuencias que pueden ser o no favorables a nuestros intereses. Esto no significa, sin embargo, que los argumentos ‘valgan’ en función de quien los elabora. En nuestra concepción acerca de este asunto, los argumentos se validan en razón de su consistencia interna, es decir, en términos de la coherencia con la cual sean presentados, sin que puedan ser descalificados o validados en razón de la persona que los elabore. En este sentido, es posible decir que nuestra identidad se construye mediante el intercambio dialógico. Si se nos pide que definamos los contenidos de nuestras preferencias, queda entonces establecido que esto sólo es posible si media un proceso de construcción de argumentos que se produzca públicamente, mediante el cual podamos obtener información de interés para nosotros, validarla o no; realizar comparaciones con los puntos de vista que sobre determinados asuntos tengan otras personas y definir la líneas argumentativas a partir de las cuales presentamos nuestras ideas.

El ejercicio deliberativo tiene un carácter constructivo que se pone de manifiesto a través del intercambio dialógico que se produce entre sujetos que actuando libremente han acordado resolver sus diferencias mediante el desarrollo de acuerdos que les garanticen un beneficio mutuo, con lo cual queda planteada la construcción de soluciones de carácter cooperativo a los problemas de la convivencia colectiva. Construir sociedades que funcionen bajo estos presupuestos constituye un reto fundamental para América Latina.

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