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POCO A POCO

El peligro que encarna Colau

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 16 de mayo de 2016, 22:16h
Actualizado el: 17/05/2016 18:59h
Albert Rivera, Alberto Garzón, Íñigo Errejón, Pablo Casado, Inés Arrimadas, Pablo Iglesias, Andrea Levy... Si algo nos ha traído la manida crisis política española es una renovación en cuanto a rostros que la sociedad venía reclamando desde hace tiempo.

Es cierto que los viejos popes siguen bien agarrados a sus asientos de Génova o Ferraz, pero algo de aire fresco ha corrido por los pasillos del Congreso de los Diputados, del Senado y de casi todas las sedes de las distintas formaciones, lo que ya es un paso hacia delante.

La mayoría de estos nombres traen debajo del brazo una nueva forma de conectar con la gente, una estrategia 2.0 que motiva, engancha y arrastra. Cada uno con su estilo y con ideas tan diversas como ideologías representan, lo que viene a enriquecer el discurso general. Sin embargo, hay algunos de esos nuevos nombres de los que mejor guardarse, y en este caso me refiero por encima de cualquier otro al de Ada Colau.

De vocación desconocida hasta que se convirtió en la performance de bandera del movimiento antidesahucio, la alcaldesa de Barcelona representa lo más peligroso de esta España partida en dos: el revanchismo. Su programa de gestión se ha basado única y exclusivamente en saldar cuentas con lo que ella considera "la hidra demoníaca del sistema opresor", que esta izquierda desnortada pedante es un rato. Colau le quiere pasar la minuta a todo aquel con el que no casen sus ideas, tan radicales como a veces vacías de todo sentido o argumentación.

Un ego desmedido y unas formas agresivas, que no violentas, la han llevado a desmarcarse de todo y de todos para imponer su ley en la ciudad condal, donde más de uno de inspiración independentista se pregunta si no era mejor haberse quedado con el bueno de Trías, que tampoco es que fuera ninguna maravilla para el sueldazo que tenía, pero al menos no disparaba a todo lo que oliera a ilustrado y, dicho sea de paso, tampoco incordiaba.

Colau es de esas figuras a las que hay que temer, de esos personajes que acribillan a diestro y siniestro porque alguna bala dará en el blanco, amigo o enemigo, lo mismo da. Por el camino coloca al novio, lo edulcora de meritocracia y pa`lante sea dicho, que cuando la casta soy yo ya no es tan casta. También premia a su consejo con una subida general de nóminas, cuando las arcas consistoriales tiritan y apenas lucen pelusilla, con un decretazo del que nos enteramos en diferido y de rebote.

Eso sí, no le mentemos estos pecaditos, vaya a ser que nos tache de fachas, que por lo visto es todo aquel que no aplaude sus desmanes o no se pliega a sus ideas teñidas de odio y rencor. Aquí el primero, por cierto.

Bienvenida sea la nueva ola de profesionales de la política que insuflen energía y nuevos resortes a un sistema oxidado y anquilosado en décadas de agotada democracia. De izquierda, de derechas, de arriba o de abajo, pero que vengan para sumar, no para fomentar la disensión, el odio, la ruptura y el encabronamiento generalizado. Para eso mejor quedarse en casa, señora Colau.

Borja M. Herraiz

Jefe de Internacional de El Imparcial

BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial

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