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Los intelectuales (mexicanos) están deprimidos

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
lunes 23 de mayo de 2016, 20:34h

Ahora que se comienzan a recoger datos sobre posicionamientos intelectuales en el corto plazo reciente, hay un fenómeno social que llama la atención: los hombres de letras están deprimidos. Pero lo interesante es que la sociedad mexicana está irritada, furiosa, desencantada, escéptica y hasta apática, pero hasta ahora su estado de ánimo no es depresivo. Varias expresiones intelectuales recientes llaman la atención:

--Al recibir el Premio Cervantes, el escritor Fernando del Paso dibujó a México como la Dodge City del viejo oeste con datos que debieron horrorizar a los reyes de España y sus acompañantes por la crudeza de la queja, sobre todo cuando el premiado había sido reconocido por la belleza de su prosa. El escenario mexicano parecía salido más de la más dura novela negra estadounidense.

--Por esos días el narrador Juan Villoro, con reconocimientos internacionales y ahora en su fase de comentarista en medios escritos, lanzó una frase que dejó pasmados a quienes la leyeron: “vivimos en un país del que te preguntas si vale la pena que exista”, más una primera frase de novela apocalíptica que de una realidad que debiera explicarse con mayores razonamientos.

--En el número de mayo de la revista Letras Libres el historiador y ensayista Enrique Krauze trató de captar el presente mexicano en la coyuntura de una crisis social pero con un enfoque más psicológico que de realidad sociopolítica:Desaliento de México, mostrando una sociedad desencantada con la democracia y agobiada por la violencia criminal ante la incompetencia de las élites políticas de gobierno en la que participan todos los partidos.

--Y en el número de mayo de la revista Nexos el historiador, ensayista y novelista Héctor Aguilar Camín publica el ensayo Nocturno de la democracia mexicana también enfocado, aunque con mayor revisión metodológica, el largo y sinuoso camino de México del autoritarismo de un partido a prácticas democráticas procedimentales electorales que paradójicamente se han convertido en una parte adicional del funcionamiento distorsionado del sistema político mexicano aún priísta.

Lo que llama la atención es el estado de ánimo de los intelectuales mexicanos, suponiendo que estos cuatro hombres de letras --lettermen, si se quiere-- ofrecieran un abanico de posicionamientos de no militantes ante la caótica realidad mexicana. En este sentido, los intelectuales mexicanos prefieren no participar en el debate de fondo de la reorganización inevitable del sistema político o lo hacen desde el diván de las reflexiones.

Los intelectuales mexicanos nunca han sido un referente en el pensamiento político mexicano. De 1808 a 1958 fueron parte del poder constructor de la nación. En 1958 varios intelectuales --con Octavio Paz de manera significativa-- publicaron un desplegado de prensa exigiendo al gobierno que no reprimiera las protestas sindicales entonces controladas por el Partido Comunista Mexicano. De 1958 al movimiento estudiantil de 1968 hubo poca presencia crítica de los intelectuales. Durante el movimiento --julio a diciembre-- se registraron una decena de desplegados pidiendo al gobierno atender las demandas de los estudiantes.

El gobierno de Luis Echeverría (1970-1976) fue de seducción a los intelectuales. Carlos Fuentes y Fernando Benítez se convirtieron en promotores del discurso político tercermundista y populista de Echeverría, provocando debates internos fuertes. Dos frases calentaron el ambiente: “Echeverría o el fascismo”, declaró Benítez, un historiador y antropólogo que impulsó los suplementos culturales; “dejar aislado a Echeverría sería un crimen histórico de los intelectuales”, dijo Fuentes para convocar a los intelectuales a sumarse al poder institucional, él más tarde embajador en Francia. El debate era otro: cuestionar el sistema político y el presidencialismo.

El año de 1972 marcó la fractura intelectual entre dos grupos --mafias intelectuales, comunidades epistemológicas o mandarinatos, como se quiera ver-- que sigue latente en México hasta la fecha: el cronista Carlos Monsiváis dedicó espacio en el suplemento La Cultura en México para caracterizar al grupo de Octavio Paz en la revista Plural como “liberales” --no se atrevieron a decirles derechistas o conservadores-- y Paz contestó en Plural con un debate sobre Los escritores y la política. La confrontación, animada por el dilema intelectual de la escritura o la revolución y en el escenario de Cuba y la Unión Soviética, se mantiene hasta la fecha: Krauze en Letras Libres y Aguilar Camín --heredero de Monsiváis-- en Nexos.

Los cuatro posicionamientos intelectuales recientes ante la realidad mexicana actual --Del Paso, Villoro, Krauze y Aguilar Camín-- revelan una severa crisis ideológica, política y hasta epistemológica de los intelectuales de cara a la crisis en el subsistema de pensamiento político mexicano. El enfoque de la realidad desde los estados de ánimo elude lo que es la verdadera crisis mexicana: el agotamiento del sistema político/régimen de gobierno/Estado constitucional fundado por el PRI en el periodo 1920-1940 en torno a tres pivotes: el partido del Estado, el presidencialismo absolutista y el Estado clientelar.

El problema de los intelectuales de ahora radica en que hay cuando menos dos anteriores que fijaron otros marcos de referencia: el escritor marxista José Revueltas en 1958 con México: una democracia bárbara y en 1970 Octavio Paz con su insuperable Posdata; en ambos ensayos ofrecieron caracterizaciones del sistema y su crisis y planteamiento de salidas. Ahora todo se agota en desalientos, estados de ánimo, desencantos, cuando en el fondo existe un reacomodo político, ideológico y de clases en busca de nuevos equilibrios de poder.

Sin partidos de clase, con una sociedad agobiada por la violencia criminal y los intelectuales deprimidos, los escenarios de salida de la crisis mexicana están cada días más lejos porque toda crisis necesita primero explicarse/racionalizarse para poder definir los caminos de solución. La depresión y la tristeza intelectual en México ha llevado a una ausencia de debate de ideas y por tanto a una crisis grave del pensamiento político mexicano como no había ocurrido en el pasado, sobre todo cuando en ese pretérito priísta el pensamiento histórico oficial dominaba la ideología.

Si los intelectuales están deprimidos, ¿quién ayudará a la sociedad mexicana a reflexionar la crisis?

indicadorpolitico.mx
[email protected]
@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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