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La hidra corporativista

viernes 13 de junio de 2008, 00:34h
El mundo de las ideas es camaleónico, mutante, y en ocasiones se parece a una hidra: la historia siega una de sus cabezas, pero no somos capaces de ver que esa misma idea vuelve a asomar con una cabeza distinta. Miremos, sino, al “diálogo social” entre empresarios y sindicatos, con el Gobierno como árbitro. Hoy ese diálogo se mantiene con las “fuerzas sociales” como antaño se hacía con las “fuerzas vivas de la nación”. El fantasma del corporativismo, de la representación social por sectores, de la democracia orgánica, que parecía encerrado en los libros de historia, se ha vestido con nuevos ropajes y tiene a gran parte de la sociedad hechizada.

No cabe negar todo lo que tiene de bueno, ni las contribuciones que tales conversaciones puedan tener para la paz social, que es un bien en sí mismo. Pero debemos estar vigilantes ante dos posibles confusiones: por un lado, la de la representatividad -que en un Estado de Derecho reside en los ciudadanos y en las instituciones democráticas y no en los distintos grupos sociales arbitrados por el Gobierno- y, por otro, la de los asuntos privados, que han de tratarse en la medida de lo posible entre los agentes interesados, sin mayor intervención del Gobierno. La enésima cabeza de la hidra corporativista no puede despistarnos de que en nuestra sociedad priman el principio de representatividad democrática y la primacía de los acuerdos voluntarios sobre la arbitraria intervención del Gobierno.

Con estas cautelas, no dejamos de dar por buena la iniciativa del Gobierno de reunirse con sindicatos y empresarios el próximo día 18, siempre que quede clara la primacía del Parlamento y de las instituciones frente a los acuerdos a que pueda llegar el Ejecutivo con ciertas organizaciones, perfectamente legítimas, pero que no son representativas del conjunto de la población.
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