www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ORIENT EXPRESS

El atentado contra la casa-cuartel de Vic

domingo 29 de mayo de 2016, 19:55h

En este día que termina se cumplen 25 años del atentado de ETA contra la casa-cuartel de Vic. Aquel 29 de mayo de 1991 los terroristas hicieron estallar un coche bomba cargado con 18 bombonas de butano y 216 kilos de amonal dentro del complejo en el que vivían 14 guardias civiles y sus familias. En torno a las siete de la tarde, mientras las puertas de acceso estaban abiertas, lanzaron el coche por la rampa de entrada y lo detonaron por control remoto cuando llegó al centro del patio.

Los asesinos mataron a dos guardias de 48 y 30 años, a la suegra de uno de ellos (70) y a la esposa de otro (21), a un chico de 17, a una de 14 y a tres niñas de 8, 10 y 11 años. Otro guardia murió atropellado por una ambulancia mientras auxiliaba a los heridos. Hubo 44. Uno de ellos fue una niña de 8 años que perdió una pierna.

Las tres plantas del edificio se derrumbaron. La onda expansiva reventó cristales a 500 metros del inmueble. 50 edificios más resultaron dañados. Pegado a la casa-cuartel estaba un colegio religioso en cuyo patio jugaban unos 50 niños cuando los etarras hicieron explotar el coche bomba.

Aquel año 1991 ETA mató a 46 personas.

Algunos lo recordamos.

Creo que somos muchos los que conservamos memoria de aquellos años en que unos asesinos mataban a personas inocentes. No hubo ningún conflicto. No hubo dos bandos enfrentados. ETA mataba, hería, secuestraba y extorsionaba inspirada por una ideología que mezclaba el nacionalismo vasco con la izquierda revolucionaria. Euskal Herria no existió jamás. La única libertad que estaba amenazada a diario era la de los guardias civiles, los policías nacionales, los militares, los periodistas, los políticos de partidos constitucionalistas y millones de ciudadanos que creían en el orden constitucional y en la unidad de España.

En ciudades como Madrid, ETA siempre trató de tener operativa una célula - ¿por qué seguimos llamándolos “comandos”? - que atentase en la capital de España. En las tres provincias vascas, en Navarra, en Barcelona, en Andalucía y en todo el país, los terroristas mataban seleccionando, a veces, sus víctimas. Así mataron a Antonio Echevarría Albisu y Víctor Legobruru en 1976 o a Javier de Ibarra en 1977. Así llevaban matando desde 1968, cuando tirotearon a José Pardines Arcay en un control de carretera en la N-1 a la altura de Villabona (Guipúzcoa). Así mataron a su última víctima hasta el momento: Jean-Serge Nérin, brigada de la Policía Nacional de Francia, muerto en 2010 mientras perseguía a unos etarras. Otras veces, ETA buscó muertos y heridos de forma indiscriminada, como en la cafetería Rolando de la calle Correo en Madrid (1974), en Hipercor (1987). En otras ocasiones, se preocupó de que hubiese “ataúdes blancos” como en el atentado que hoy recordamos.

Yo lo recuerdo.

Yo me acuerdo bien de aquellas portadas en blanco y negro con fotos de otro atentado u otro secuestro. Aún tengo grabada en mi memoria el día en que se conoció el asesinato de Miguel Ángel Blanco o la mañana en que mataron a Tomás y Valiente en la Autónoma. En aquellos años terribles, todos sabíamos que ETA mataba aplaudida por algunos. Otros no aplaudían, pero trataban de mantener una equidistancia abyecta entre víctimas y victimarios. Mientras unos sacudían el árbol, otros recogían las nueces.

La ideología de odio que inspiró a ETA y que despertó las simpatías de sus amigos y aliados no ha desaparecido. Al contrario, algunos siguen teniendo la misma tibieza a la hora de condenar el terrorismo de aquellos años. Las condenas genéricas de “la violencia” encubren a menudo el engaño de dar a entender que hubo más violencia además del terrorismo. Tras esa ambigüedad subyace la trampa del llamado “conflicto”, como si una sociedad democrática y una banda de asesinos compartiesen legitimidad y crímenes.

Hoy vemos a Arnaldo Otegui en libertad intentando dar lecciones de democracia. Hoy los herederos de aquellos terroristas mantienen viva la llama del pensamiento que inspiró a ETA. Dicen condenar la violencia, pero defienden las ideas que alimentaron el terror y pretendieron justificarlo.

Por eso, en este tiempo en que ETA parece desaparecida pero no derrotada, hay que recordar el pasado. En la tradición occidental, que hunde sus raíces en la Biblia, el recuerdo es un deber y se proyecta hacia el porvenir. La memoria es como una brújula que ha de guiarnos en el futuro. Por eso, debemos preservar el recuerdo de aquellos años. La ideología que inspiró a ETA ha logrado entrar en las instituciones y conserva toda su carga de odio. Ese odio impregnó el discurso y las acciones de ETA y sus aliados y no ha desaparecido. Al contrario, goza de excelente salud entre la izquierda radical.

Debemos reaccionar y recuperar la claridad moral que nos permita distinguir entre demócratas y totalitarios, entre aquellos que solo condenan los métodos de ETA -pero no sus fines ni sus fundamentos- y los que nos oponemos a todo su proyecto totalitario y liberticida, del cual el terrorismo forma parte. Debemos desenmascarar los dobles discursos, las ambigüedades, las comprensiones, las “explicaciones políticas”. Debemos atrevernos a defender la verdad frente a quienes pretenden reescribir la historia.

Hoy esta columna eleva una oración por las víctimas del atentado de la casa-cuartel de Vic y por todas las víctimas de ETA.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(1)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.