Ya se lavan en la jofaina de sus pecados: la interminable ronda de consultas con Su Majestad podría adelantarse antes de la Constitución de las Cortes, el 19 de julio, negociaciones de la Mesa y Junta de portavoces, más elección de presidentes de Congreso y Senado inclusive, con segundas vueltas de 48 horas si la cosa no sale bien, nada más saberse los resultados. Andan haciendo una pinza de sucedáneo de cangrejo Mariano y Pablo en la planta gourmet, a ver si se comen a Pedro, que en verano tendrá que llevar un traje fino, para que no pase mucho calor, o presentarse dando gritos en mangas de camisa arremangada, como el labrador de más aire. Todos irán confeccionando la materia seca de los pactos, con la canícula tostándonos a la parrilla, mientras nos escapamos en la medida de lo posible a los cursos de verano, a Almagro, a los viajes y a las conferencias all over the world.
Aquí estamos, amor, asomados al balcón del estío; tú allí, nosotros aquí y el abismo a nuestros pies; y aquellos nuestros votos perdidos, y el otro voto, el del 26-J… discreto, casi mínimo y clandestino. Promesas rotas y nadificadas. Tú con tu nuevo-viejo amor, que pasaste en dos patadas y sin mirar atrás de las letras a las ciencias, y nosotros con nuestro periodismo a cuestas; qué sabor a verano y a mala noche electoral nos viene ya. Ayer con Antonino Nieto nos entró un vendaval de lluvia porteña, tropical y maravilloso, impulsado con ventilador, en el Teatro Valle-Inclán, con el grupo Teatro Ciego: nos hablaron los invidentes y después nos perdimos Antonino y yo, cogidos del brazo, en la lluvia ácida de Madrid, por las callejas aledañas de la plaza de Santa Ana, entre la luz bamboleante del domingo que muere. Las mismas calles donde robábamos todas las miradas de sana envidia. Somos vagonetas encalladas, algunas ya en blanco y negro, con la escritura oblicua y atravesada de los cuarenta.
Amor. Ni siquiera ya buscamos la absolución, tampoco la verdad. No hay derecho, amor, porque la vida es absurda. Amor, amor, amor. Tú lo sabes, aunque ya no estés, ni estemos. Ni existamos siquiera, ni derrames una sola lágrima porque no te sale. Y ahora esta gaita averiada de los diputados yendo en coche a la Zarzuela, que va a ser el culebrón del verano. Esta ronda de conversaciones se nos ha hecho ya en España una cosa cotidiana, vulgarona y de mal gusto, una sucesión de hombres y de fechas y citas, de palmadas en el traje o en la camisa: consultas, pleno de investidura, anatomías ambiciosas por Carrera de San Jerónimo burlándose de todos los españoles…
Si alguna cualidad tiene la palabra escrita es la de contarlo todo para que no se olvide. La novela aquella tan larga se nos ha vuelto órfica, monstruosa, terrible y divertida a la vez, a decir del editor, como un disparo en la sien, a quemarropa. Y mucha sangre y mucha risa. Y toda la traición del mundo y de los infiernos. Casi es una novela política y será la única que firmemos en la Casa de Fieras del año próximo, enjaulados como un león en celo buscando su aura, recordando la gloria. Nuestra gloria. La hemos escrito para desrealizarnos del todo, para desposeernos del todo. Para morir del todo: la muerte como evasión. Si no nos la tomamos por nuestra propia mano en las páginas de la ficción, otros lo harán por nosotros. Tú, por ejemplo. Ellos, los mentirosos del hemiciclo. Todos vosotros.
Los plazos van licuando ilusiones. De continuar con el retraso que comenzó en diciembre, si no hay nuevo Ejecutivo el proyecto de cuentas de los Presupuestos para 2017 sería prorrogado automáticamente los últimos días de septiembre. Es decir, que De Guindos y Montoro nos dejarían sin fuerzas. Exangües. Con la amenaza de cumplir con las exigencias de la Troika en la carta de amor-amor que le pillamos a Mariano dirigida a Juncker.
Lo mejor de todo, amor, es que ya no nos siento porque hemos probado, por fin, lo gaseoso, lo dudoso, lo provisional, lo superficial de la vida. El no ser y el descenso de la nube rosa. Bueno: ya, despojados, solo sentimos a don Quijote escapándose a hurtadillas y con fervor al alba. La literatura, amor, por imposible que te lo parezca, nunca miente, porque no está hecha de migajas, sino de entrega. Por si, en tu evidencia mineral e indiferente, no te habías enterado. Ni tú, ni las viejas enjoyadas del barrio de Salamanca que votarán la rancia continuidad de sus miserias.
Por muy de izquierdas que te las des. Amor.
@DavidFelipe1975