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TRIBUNA

La Santa Expedición(I)

sábado 04 de junio de 2016, 20:03h
Actualizado el: 06/04/2016 20:19h

Fue una de las decisiones de política exterior más importantes de ese gran rey que fue Carlos III. España, tras casi doscientos años de monarcas y gobiernos incapaces, a pesar de sus inmensas posesiones americanas había perdido en el siglo XVII la supremacía mundial que ostentara en el siglo XVI, en beneficio de otras potencias como Inglaterra o Francia. Y Carlos III, monarca ilustrado, se rodeó de ministros competentes, dispuesto a devolver a España el rango perdido. Y ciertamente que lo consiguió en alta medida gracias a sus reformas, entre ellas la gestión de las Américas, que se habían convertido en un lastre económico, en lugar de proveer a la metrópoli de los rendimientos merecidos a la luz de sus incontables riquezas. El rey estaba decidido a que América devolviera a España un lugar de preeminencia en el concierto mundial.

Carlos III nombró visitador de la Nueva España, el virreinato mejicano, a un eficiente gestor, José de Gálvez, quien tras poner orden en las maltrechas finanzas del virreinato acometió la parte más trascendente del plan real: la ocupación de California.

Este territorio no era inédito para España. Una expedición al mando de Rodríguez Cabrillo había descubierto en 1542 la bahía de San Diego, y en 1596 el marino Sebastián Vizcaíno había recorrido la costa y trazado un minucioso mapa con todos los accidentes de la costa, un mapa que fue mantenido en riguroso secreto por las autoridades españolas. Pero la lejanía y el aislamiento de California habían hecho que decayera el interés de la Corona por ocuparla, y el silencio y la soledad se abatieron sobre California durante casi dos siglos.

(Estatua de Carlos III en la plaza mayor de Los Ángeles, California)

Pero las cosas estaban cambiando. Los comerciantes rusos comenzaban a descender desde Alaska, y sus bases podían convertirse en avanzadilla de la ocupación política, una amenaza sobre el rico virreinato de Nueva España. Y los colonos ingleses del este norteamericano ya mostraban interés por California, la franja costera asomada al Pacífico.

El visitador José de Gálvez eligió bien a los hombres que habían de llevar a término la que se llamó Santa Expedición, por su sentido misionero hacia las numerosas tribus nativas que habitaban en la costa. En la parte militar fue designado como capitán Gaspar de Portolá, un catalán de familia de abolengo, nacido en Os de Balaguer, Lérida, que ya se había desempeñado con éxito como gobernador de la Baja California.

Pero faltaba la vertiente religiosa, tan importante, o acaso más, que la militar, como se desprende del nombre de la expedición, y que viene a demostrar una vez más que la política española con respecto a las Indias no tuvo la rapacidad con que la ha pintado la Leyenda Negra.

De haber sido otra la persona designada para comandar la parte religiosa, es más que probable que España nunca hubiera ocupado California. Si lo hizo fue gracias a la determinación y la tenacidad del elegido: el franciscano Junípero Serra. Era oriundo de Petra, Mallorca, y aunque poseía una naturaleza endeble y enfermiza, acreditaba una voluntad férrea, que le llevó a superar todas las dificultades y todos los trances, en particular la dificultad logística que suponía moverse en el litoral norteamericano del Pacífico.

La expedición coronó con relativo éxito la parte primera del plan: alcanzar la bahía de San Diego descubierta por Cabrillo. En la base de San Diego se fundan un presidio y una misión, los enclaves favoritos de España a la hora de desplegar su modelo colonizador. Una misión para instruir a los nativos y un presidio para protegerla de ataques por parte de tribus hostiles.

Pero San Diego era tan solo el punto de partida. La parte esencial del plan comenzaba ahora: el salto a la Alta California. Lo previsto era seguir el derrotero del mapa trazado siglos antes por Sebastián Vizcaíno, donde figuraba una bahía bautizada como Monterrey, reputada idónea para erigirse en base de la cadena de misiones proyectadas en California.

Mientras Junípero Serra quedaba en San Diego organizando la misión, el capitán Gaspar de Portolá partiría por tierra para localizar la citada bahía de Monterrey. Con los mejores augurios partió la expedición, ignorante de los graves contratiempos que la acechaban.

Borja Cardelús

Hispanista y escritor

BORJA CARDELÚS es hispanista y escritor

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