www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DRAMEDIA AMABLE DE HISTORIAS CRUZADAS

Rumbos: efecto mariposa en un universo de asfalto

viernes 10 de junio de 2016, 10:25h
Manuela Burló Moreno se sobrepone de su debut en el largo y firma en Rumbos una segunda película amable y entretenida en la que demuestra su destreza para enganchar al espectador a base de situación y diálogo.
Rumbos: efecto mariposa en un universo de asfalto
Manuela Burló Moreno ha aprovechado su sobrada capacidad para el microrelato para componer su segundo largometraje y, a pesar de que pueda parecer que la cineasta vuelve a la zona de confort tras el desastre de Cómo sobrevivir a una despedida, lo cierto es que consigue que el resultado de Rumbos sea algo más que la simple suma de sus partes. Porque Rumbos se compone de seis historias que beben del ritmo y la precisión de los cortometrajes con los que despuntó Burló Moreno (Camás, Lo sé y, sobre todo, Pipas), pero la realizadora sabe cómo insertarlos en un todo mayor que vaya arrastrando al espectador de uno a otro con fluidez y, sobre todo, ganas de seguir dentro de la película.

Rumbos habla –y mucho, porque el diálogo es el armazón de una película en la que la acción se limita, casi, a conducir- sobre finales y principios, sobre decepciones y renacimientos, de aceptación y rebeldía. Burló Moreno crea un universo en la red de carreteras que rodean Barcelona y lo muestra en acertados planos aéreos en los que se ve cómo las vías se extienden por kilómetros, giran a un lado y a otro, se acercan y separan entre sí, se cruzan… como los seres que se mueven en ese universo de asfalto, sin ser realmente conscientes de que las decisiones que van tomado marcan, no sólo sus rumbos, sino también los del resto de habitantes de este microcosmos. Un efecto mariposa que se propaga por el océano de asfalto de la ciudad Condal. Porque para contar su película, la realizadora recurre a la estructura de historias entrelazadas que tan famosa –e imitada- hizo Robert Altman en 1993 con su Vidas Cruzadas.

A pesar de que la referencia es inevitable, Buró trata de poner su ingrediente personal desarrollando sus seis historias en seis vehículos (dos coches, un taxi, una ambulancia, un tráiler y un autobús) en movimiento constante, llevando el concepto de este tipo de estructuras a una dimensión física y literal. Y así, una pareja de treintañeros se desquebraja mientras intenta dar el último paso hacia la edad adulta; un taxista pasea el amor que siente hacia su mujer, intacto desde hace 18 años; dos adolescentes buscan chicas y fiesta; dos conductores de ambulancia sueltan lastre del pasado; un transportista se decide a confesar su amor por una mujer a la que apenas conoce; y una mujer huye de un matrimonio hundido en la monotonía. Todo en la misma calurosa noche estival en Barcelona, ajenos a que forman parte de un puzle mayor que la cineasta va montando para los espectadores y apoyada por un programa de radio nocturno al que presta su inconfundible voz Julia Otero y que le sirve para saltar –y que saltemos- de un vehículo a otro.

Lo que enseña Burló se ha visto otras veces en pantalla grande, pero eso no quita que la realizadora firme un producto solvente, un trabajo preciso y convincente que se ve sin complicaciones, bien armada, donde nada falta y nada sobra, que disfruta de forma agradable y deja un buen sabor final. Y la directora juega con dos bazas imprescindibles. Por un lado, unos diálogos potentes, absorbentes, que recuerdan a la mejor Burló, la Burló en corto. Por otra, un reparto a la altura de esos diálogos.

En Rumbos, Ernesto Alterio y Nora Navas ya son garantía, Karra Elejalde sorprende en un registro de vulnerabilidad al que nos tiene poco acostumbrados y el joven Emilio Palacios suma garra y frescura, logrando imprimir naturalidad en los complicados diálogos entre adolescentes. Pero, sin duda, hay dos nombres propios que destacan por encima del resto y suponen lo mejor de Rumbos. Primero, Carmen Machi, que regala el mejor monólogo de la película y consigue emocionar en tres minutos y sin aspavientos. Sin duda, la parte más emotiva, y quizás la más lograda, de la película. Al fin y al cabo, la dramedia en la que se podría encajar genéricamente la cinta es indudable ‘territorio Machi’. Y luego está Pilar López de Ayala. ¿Cómo hemos podido vivir tanto tiempo sin ella? La actriz protagoniza, junto al siempre correcto Miky Esparbé, el microrrelato inaugural de la película y es ella quien se mete al espectador en el bolsillo y le deja con ganas de más, de seguir navegando por las carreteras y los fragmentos de vida de sus personajes. Un diez para el regreso de Ayala.

Probablemente, Rumbos no marque un antes y un después en nada –aparte de en la carrera de Burló, que indudablemente ha dado un giro hacia mejor-, pero se deja disfrutar e invita a pasar unos agradables 90 minutos.


¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

Foro(s) asociado(s) a esta noticia:

  • Rumbos: efecto mariposa en un universo de asfalto

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    3378 | Laura - 27/06/2016 @ 14:41:10 (GMT+1)
    Pasé un muy buen rato viendo la película Rumbos, si tenéis ocasión no os la perdais
    3285 | Tatiana - 16/06/2016 @ 10:03:36 (GMT+1)
    Rumbos es una película muy entretenida y muy bien interpretada. Te engancha!!!

  • Normas de uso

    Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

    No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

    La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

    Tu dirección de email no será publicada.

    Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.