De la frase que dice que “detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer”, se pueden extraer unas cuantas reflexiones: el potencial que nace del amor entre dos personas, el gran valor que la mujer ha tenido a lo largo de la historia o su posible discriminación, o lo importante que resultan las personas que trabajan a la sombra de otras mucho más visibles.
Es interesante comprobar cómo evoluciona la educación de nuestros hijos. De los míos todavía no, pero permítanme inmiscluirme, ya que creo que la sociedad en general somos juez (implacable) y parte (responsable) en tan compleja tarea. No voy a entrar a valorar si el extenso horario al que sometemos a los más jóvenes desde muy temprana edad (escolares y extraescolares), las montañas de deberes que acompañan cada día a hijos y padres o las exigencias de las élites académicas y profesionales nos están ayudando a evolucionar o a retroceder. Tampoco quiero evaluar el efecto que la enorme presencia de la tecnología, la presión psicológica de las redes sociales y la ausencia de ‘calle’ (socialización sin supervisión constante y directa) puede tener en los jóvenes, aunque sí me gustaría detenerme en una particularidad que adorna todo lo anterior: la obsesión por estar siempre en la primera fila. Destacar y llegar a ser o hacer ‘algo importante’ no sólo debe ser muy duro de conseguir, sino que es estadísticamente imposible para la mayoría y por lo tanto frustrante y desalentador. ¿Cuántos de sus hijos, sobrinos o nietos creen que llegarán a ganar la ‘carrera’ para la que entrenan sin aliento?
Por otra parte, me gustaría animar a todas las personas que sienten que no encajan con la idea de ‘ser-alguien-en-la-vida’ que el sistema inyecta con violencia a las nuevas generaciones de abuelos, padres e hijos. Amas y amos de casa que deciden con libertad ejercer tan digno y noble papel; madres o padres que abandonan su carrera profesional para cuidar de hijos, padres… o de sí mismos y de su propio equilibrio psicosomático. Administrativos, peones, pinches de cocina, barrenderos o auxiliares, a todos aquellos que puedan sentirse inferiores, segundones, improductivos, ignorados o perdedores. A los que no desean llegar más lejos porque están bien donde están, a los ‘don nadie’ que ensalzan a los que son ‘alguien’, a los esclavos que enriquecen a sus amos y a los hijos que sólo cuidan de sus padres, nada más… y nada menos. A todos ellos, ¡mucho ánimo! Y este mismo aliento quiero hacerlo extensible a las nuevas generaciones. Sí, como lo oyen, y todos los que, directa o indirectamente, participamos en su preparación, para que potenciemos otro tipo de cualidades que antes se adquirían con toda naturalidad y que ahora parecen devaluadas.
Interesarse de verdad por otra persona, comprender y manejar el lenguaje no verbal básico para entender y empatizar con el prójimo, cultivar la humildad y dejar los constantes ‘peros’ y excusas a un lado, comprender cómo funciona la física elemental del ‘siembra-recoge’: uno se esfuerza para conseguir algo y sin esfuerzo, no hay recompensa. Aprender a caerse y levantarse muchas veces, lidiar con la frustración de no conseguir lo que uno quiere al instante y ser capaz de retrasar la gratificación sin entrar en cólera, estar a gusto a la sombra sin necesidad de competir, ser el número uno ni el protagonista y receptor de todas las atenciones. Cumplir las promesas, mimar los detalles, priorizar y adelantarse a las necesidades de las personas importantes en nuestras vidas, y no al revés. Rematar los bienintencionados mensajes de móvil y los comentarios por las redes sociales con palabras y gestos genuinos en vivo y en directo. Un joven con todas estas cualidades brillaría con intensidad, aunque llegara el último o tuviera un expediente académico mediocre, ¿no creen?
La corriente, como siempre, es muy fuerte y no es fácil nadar contra ella o llegar a la orilla para observarla con cierta objetividad pero: ¿cuántos de estos chicos y chicas se convertirán en millonarios, crearan una nueva App de éxito o inventarán un chip extrasensorial que nos traslade a cualquier destino turístico sin movernos de casa? Si no son capaces de inventar o crear algo (aunque casi todos buscan ahora el éxito monetario, no nos engañemos), ¿no tendrían más posibilidades de tener cierto nivel de ‘éxito’ siendo el amigo o ayudante del inventor, o perteneciendo al séquito del artista? Especialización o flexibilidad. Competición frente adaptación. Digitales y analógicos.
Si no saben plantar tomates, háganse amigos del agricultor, si son unos ignorantes, conviértanse en escuderos de algún erudito y si no son los mejores en nada, siempre pueden vivir al amparo de los que lo son en todo. Siempre pensé que relegar el interés propio por el ajeno es, sin duda alguna, halagador y una muestra de evolución humana y éxito personal.
“Recuerdo que una vez imaginé cómo iba a ser mi vida, cómo iba a ser yo. Me imaginé que tendría un montón de cualidades fuertes y positivas que la gente podría percibir desde lejos. Pero a medida que transcurría el tiempo, pocas llegaron a ser cualidades que yo tuviera en realidad y todas las posibilidades que tenía y las clases de persona que pudiera llegar a ser, todas, se iban reduciendo más y más cada año, hasta quedar reducidas a una, a lo que soy. Y eso es lo que soy… el hombre del tiempo”. Extraído de la película “The weather man” (Gore Verbiski, 2005)