La iniciativa de Carlos III de abordar la ocupación de California por parte de España se iniciaba en 1768 desde la base de San Diego. El capitán catalán Gaspar de Portolá partió al mando de una compañía de 25 soldados, con el objetivo de localizar la bahía de Monterrey, descrita años atrás en el mapa de Sebastián Vizcaíno, y que habría de erigirse en el núcleo de la ocupación de California por parte de España.
Pero la expedición no encuentra la supuesta bahía. No la hallan donde el minucioso mapa decía que estaba, y la decepción es grande, porque toda la estrategia española hacia California se basa en localizar Monterrey. Concluyen que acaso el marino Vizcaíno estuviera errado y la bahía se hallara en una latitud superior, por lo que Portolá da orden de continuar progresando hacia el norte.
El hambre comienza a apoderarse de los hombres. En el lugar que bautizan como Cañón de los Osos logran cazar varios de ellos para alimentarse. Prosiguen camino, y más al norte hacen un descubrimiento sensacional: la bahía de San Francisco, “capaz para albergar los navíos de toda la Europa”.

Estatua erigida en California al capitán de la Santa Expedición, Gaspar de Portolá
Pero comprenden que han remontado demasiado al norte, y que por fuerza Monterrey ha tenido que ser rebasado, por lo que dan la vuelta y costean hacia el sur en su busca. Pero por más que escudriñan de nuevo Monterrey no aparece, y juzgan que las mareas y las arenas han cegado la anhelada bahía, momento en el que Portolá decide dar por fracasada la búsqueda y emprenden el regreso.
La vuelta es dramática. Carecen de alimentos, y han de sacrificar una mula cada día para sobrevivir. Portolá anota en su diario que llegaron a la base de San Diego extenuados y “oliendo a mulas”.
Junípero Serra, que se había quedado en San Diego organizando una Misión, no acepta las explicaciones de Portolá. Aunque hayan transcurrido casi dos siglos, considera que no es posible que desde la expedición de Vizcaíno las dunas y las mareas hayan cegado la bahía de Monterrey. Es preciso volver a buscarla, sostiene con encono, pero el capitán Portolá se mantiene inflexible. No cuentan con provisiones, y el barco San Antonio, que había despachado a Nueva España en busca de alimentos, no ha regresado, por lo que de no volver de inmediato al virreinato todos están condenados a perecer de hambre.
Junípero Serra demanda un aplazamiento de la vuelta, esgrimiendo un último argumento: está en juego la cristianización de los nativos de California. Portolá no tiene otro remedio que claudicar. Acepta permanecer en San Diego unos pocos días más, al término de los cuales, si no arriban los alimentos regresarán y darán por fallido el salto español a California.
Pasan los días, el hambre acucia y no hay señales de barco alguno con las provisiones prometidas. Y cuando vence el último día de la prórroga fijada por el capitán y están a punto de reemprender la vuelta, en el día de San José el San Antonio surge por la línea del horizonte. El júbilo es general, y Serra interpreta el hecho como una señal del favor divino hacia la expedición. De acuerdo con lo convenido con el capitán, se reanuda la búsqueda de Monterrey.
Solo que esta vez el intento será doblemente terrestre y marítimo. Mientras Portolá viaja por tierra, Junípero Serra lo hace por mar, y en esta ocasión la bahía de Monterrey, antes oculta por las nieblas, se localiza fácilmente en el punto exacto fijado en el excelente mapa de Sebastián Vizcaíno. En Monterrey se fundan el Presidio y la Misión de San Carlos Borromeo, más tarde llamada El Carmel, que será la base de operaciones de fray Junípero en la Alta California. A partir de ella impulsará lo que será el gran rosario de las misiones californianas: San Luis, San Juan, Santa Inés, San Gabriel, San Fernando, la Purísima... más de veinte misiones serán levantadas a lo largo de la costa californiana, enlazadas por el Camino Real.

La voluntad de hierro de fray Junípero Serra fue determinante para la ocupación española de California
No es casual, por tanto, que cuando el gobierno norteamericano pidió a cada estado que eligiera al personaje más señero de su historia, California designase al mallorquín Junípero Serra, canonizado por el Papa Francisco en 2015. Es el único español que posee una estatua en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio de Washington. Su convicción y férrea determinación fueron determinantes para la hispanización de California.