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ORIENT EXPRESS

El atentado en Tel Aviv

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 12 de junio de 2016, 20:02h

Acaba de terminar la fiesta de Shavuot, a la que también se conoce como “fiesta de las primicias”. Marca el tiempo del fin de la cebada y el comienzo de la cosecha del trigo. Es tradición peregrinar al Muro Occidental del Templo para orar. Desde el siglo tercero existen testimonios claros de la conmemoración en esta fiesta de la entrega de la Torah. Rabí Eleazar señaló cómo todas las autoridades coinciden en que es necesario alegrarse con buena comida y vino en esta fiesta porque es el día en que la Torah fue entregada. Sin embargo, este año la fiesta quedó manchada de sangre por el atentado terrorista del pasado miércoles por la noche en el barrio de Sarona en Tel Aviv.

Su mercado, en realidad un centro comercial al aire libre, es uno de los lugares más agradables de la ciudad. Este lugar fue escogido por dos terroristas palestinos de Yatta -los primos Jaled Mohammed Majamrah y Mohammed Ahmed Majamrah, de 22 y 21 años respectivamente- para abrir fuego con armas automáticas contra los clientes de un restaurante. Mataron a cuatro israelíes, dos hombres y dos mujeres: Ido Ben Arié, de 42 años; Michael Feige, de 58; Ilana Navé de 39; y Mila Michaiev, de 32. Hirieron a otras seis personas. Los dos terroristas fueron detenidos. Uno de ellos cayó abatido por los disparos de la policía y lo trasladaron al hospital.

Los hechos ocurrieron en la tarde noche del miércoles. Seguí con muchísima tristeza las horas posteriores al atentado en los medios de comunicación. Confié en que miles de voces en España se sumarían a la oleada de indignación y condolencias que conmovía las redes sociales al poco tiempo de conocerse el crimen. Sin embargo, la tibieza de la respuesta -cuando no la omisión directa de datos relevantes en las noticias- me demostraron que aún estamos muy lejos de tratar el terrorismo en Israel con la justicia y el rigor que exigiríamos a los mismos hechos en otra parte del mundo. Por desgracia -y para vergüenza de nuestro país- sigue habiendo un doble rasero a la hora de contar y condenar los atentados terroristas en Israel.

Desde la elección de las palabras -cuidadosamente se omite el término “atentado” o “terrorista”- hasta la ocultación de los sujetos de las acciones –se habla de un “ataque en un centro comercial” sin precisar quién lo realiza- estamos muy lejos de mirar al terrorismo en Israel con la claridad que exigiríamos como lectores si las acciones terroristas fuesen en otros lugares del mundo. Incluso la información de fuentes oficiales israelíes se toma como si fuese sospechosa. Alguno pensará que toda fuente debería considerarse en entredicho hasta ser confirmada por otra. Entonces, hay que replicar si esto se aplica en todos los casos o solo cuando el rigor se convierte en un pretexto para el silencio o la duda. Por desgracia, en España asistimos a menudo a casos en los que la información llegada de fuentes oficiales se reproduce sin más y esas pretendidas reservas se disipan como por arte de magia.

La politización de nuestro discurso público -que no es algo exclusivo de la campaña electoral- ha terminado imponiendo silencios pavorosos por el miedo o por la ideología. El terrorismo yihadista se condena con mayor o menor vigor según quiénes sean sus víctimas. Cuando se trata de muertos o heridos israelíes, la debilidad de la reacción va aparejada a los temores por la respuesta del gobierno. No faltan las llamadas a “comprender” o a considerar el “contexto” de la “ocupación” y todas las demás consignas. Casi nadie pregunta por las responsabilidades de la propaganda que incita al odio contra Israel, los israelíes y todo Occidente. Muy pocos se interesan por lo que se enseña en las escuelas palestinas de Gaza y de Cisjordania. Como si los israelíes fuesen responsables del terrorismo que padecen, el doble rasero -uno de los indicios del discurso antisemita- se ensaña con los israelíes.

Esta tristeza de ver cómo el discurso público en España sigue siendo, en general, confuso e injusto con las víctimas israelíes, se ve agravada por la rapidez con que todo se olvida. Parece que el estado actual del lector, el oyente de radio o el telespectador es la distracción permanente. Dentro de pocos días, quizás algunas semanas, este atentado habrá caído en el olvido. Las campañas de boicot, desinversiones y sanciones contra Israel (BDS), que tan notables fracasos está cosechando en España, regresarán con el discurso antisemita y la demonización de los israelíes, de todos, salvo de los que den cumplidas muestras de odiar a Israel sin necesidad de ayuda.

Este olvido y este sesgo, que son tan habituales en España, nos está sumiendo en una confusión profundísima y destructiva. Cuando uno comienza a ver con tibieza los atentados terroristas, se puede terminar viendo con simpatía la violencia. Disparar contra gente inocente en un restaurante debería deslegitimar cualquier pretendida causa o reivindicación. Nada debería justificar el asesinato de inocentes.

El problema es que, en España, algunos condenan el terrorismo con debilidad o con firmeza según contra quién se cometa. Si se trata de víctimas israelíes, todos los reparos son pocos.

He aquí un motivo para la tristeza y la vergüenza.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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