Jordi Sevilla afirmaba ayer que deberá formar gobierno “quien cuente con más apoyos”. Le respondía Mariano Rajoy defendiendo que lo haga “la lista más votada”. Por una simple cuestión de aritmética parlamentaria, siempre prevalece la primera opción; fundamentalmente, por razones de estabilidad. Un gobierno en minoría es mucho menos consistente y, a la larga, acaba sucumbiendo a los designios del resto de fuerzas políticas.
El PP se aferra a este discurso porque sabe que, pese a ser la fuerza más votada, no va a contar con más apoyo -y está por ver después de haberle insultado y ninguneado en estos últimos meses- que el de Ciudadanos. Un discurso, por otro lado, estéril y sin recorrido alguno. Tras el próximo 26 de junio, habrá que hacer cuentas para sumar un pacto de gobierno. Y todo parece indicar que dicho pacto es más factible por la izquierda que por la derecha.
Gobernará, pues, quien sea capaz de sumar acuerdos. Sin embargo, la entente radical que aglutina a Podemos, Izquierda Unida y demás antisistema puede acabar resultando demoledor para aquel con quien vaya. Ya le sucedió al PSOE y al PSC con Esquerra, y ahora podría volver a repetirse la situación, pero con Podemos como elemento “fagocitante”.