El afán recaudatorio del Poder Ejecutivo no cesa, tanto a nivel central como autonómico y local. Tan sólo cuando se acercan las elecciones, se acuerdan del sufrido ciudadano con algún detalle de rebaja impositiva, para endulzar la ocasión e intentar ganarse el voto. Se ha publicado últimamente la noticia de que se va a aplicar el impuesto del IVA, no sólo sobre el consumo del servicio de hostelería que haga el cliente, sino también otro porcentaje sobre la ecotasa del Govern Balear, conforme establece la ley 37/1992, incrementándose así en un 10 % más, por repercusión del IVA en el impuesto autonómico de la ecotasa, que se va a aplicar en Baleares a partir del próximo día 1 de julio. Efectivamente, según establece el artículo 78, Dos. 4º de dicha Ley reguladora del IVA, también forman parte de su base imponible “Los tributos y gravámenes de cualquier clase que recaigan sobre las mismas operaciones gravadas, excepto el propio Impuesto sobre el Valor Añadido. Lo dispuesto en este número comprenderá los impuestos especiales que se exijan en relación con los bienes que sean objeto de las operaciones gravadas, con excepción del impuesto especial sobre determinados medios de transporte.” Así pues, no cabe rasgarse ahora las vestiduras sobre tal aumento de la ecotasa autonómica con el impuesto del IVA. No es el primer caso, pues dicho impuesto del IVA se aplica igualmente sobre otros impuestos o tributos, como el especial de electricidad. Comprueben los sufridores ciudadanos cómo en su factura del consumo de energía eléctrica, además del pago del impuesto especial de electricidad, se suma también éste al del consumo sobre el que se carga igualmente el pago del impuesto del IVA. Estamos, pues, pagando varios impuestos, uno sobre otro, por los mismos servicios consumidos. Ello se repite en infinidad de tasas y tributos sobre bienes de consumo de primera necesidad, tales como el agua. No es raro que las facturas de suministros de energía, de agua, etc. suban de continuo en nuestro país, ya que lo del gasto del consumo resulta lo de menos, sino que lo que encarece la facturación son los impuestos y tasas. Si esto sucediera en países nórdicos, donde la gente no puede vivir sin tener todo el día la calefacción funcionando, dadas las bajas temperaturas, la gente ya se habría levantado contra el gobierno de turno en su país. Todavía los ciudadanos en España son mansos y aguantan sobre su espinazo todo lo que caiga. Como decía Cicerón: ¿Quousque tandem abutere patientia nostra?
Estoy seguro de que, si algún avispado abogado o bufete especializado lleva la cuestión del “impuesto del IVA que se aplica, a su vez, sobre otros impuestos” de forma indecente, aunque pueda resultar teóricamente legal sobre el papel, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le va a dar la razón, como ya hizo con el célebre céntimo sanitario sobre el consumo de carburantes, tan sólo con el afán recaudatorio, además de los que ya se aplican sobre el consumo.
Lo imperdonable es que la sobrecarga impositiva cae reiteradamente sobre las espaldas sufridas de los ciudadanos de la clase media. Después se escandalizan con desfachatez los dirigentes políticos y responsables del Ministerio de Hacienda y Economía sobre las sociedades “tapadera” que se han descubierto en Panamá y en otros lugares, que todavía faltan por descubrir, solicitando ahora ayuda (es un decir) para descubrir y empapelar a los que se fugan del pago de los impuestos en España, mientras aquí se acribilla de impuestos a todo quisque desgraciado que no puede llegar ni a fin de mes. Pero, ello no es algo nuevo. Ya en la época del Gobierno socialista con el Presidente Felipe González, se creó en 1983 el subterfugio de las SICAV para que los ricos mantuvieran su dinero en España y los grandes inversores sólo tuvieran que pagar el 1 % del impuesto de sociedades. Y ahora se escandalizan con tales desmadres.
Lo importante es que los ciudadanos sepan emplear con tino la única arma de defensa que tienen en sus manos el día que van a depositar el voto en las urnas. Se han llenado la boca los políticos de turno haciendo promesas que luego no cumplen, tales como la de rebajar el gasto público, con derroches que afloran en las fugas de dinero público por doquier en gastos superfluos y corruptelas, amén de subvenciones incontroladas y sin justificar, que amparan responsables políticos que luego tienen que circular por los pasillos de los juzgados de forma interminable ante el espasmo o, mejor dicho, la pátina de la ciudadanía que ya ha formado costra en su dura piel que todo lo soporta.
Otro dato a tener en cuenta, y no menos importante, es el de conseguir la plena igualdad, que tanto se predica, respecto a los ciudadanos en todo el Estado por lo que se refiere al pago de impuestos y la prestación de los servicios públicos. Incluso a la hora de morir, además de tener que pagar el 21 % del IVA en los servicios funerarios, debe uno tener en cuenta el lugar donde mejor se puede dejar la herencia a su familia, pues cada región autonómica tiene un impuesto distinto de sucesiones y de patrimonio. Y es que no se le deja a uno tranquilo ni para morir en paz. Por ahora, la igualdad de los españoles es un camelo, por lo menos en lo que respecta al pago de impuestos y a la percepción de servicios públicos. ¡Aquí no hay quien viva!