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Al gobierno federal de Enrique Peña le queda sólo dos años y medio

domingo 19 de junio de 2016, 08:20h
El balance no es positivo. Como todos los gobiernos hay luces y sombras, aunque al parecer en este caso hay más tinieblas que claridades. Lo que en principio, fueron algunos logros, como los consensos partidistas y parlamentarios, para alcanzar reformas estructurales, hoy están atorados, porque el precio del petróleo en el mercado internacional está bajo y el peso mexicano se ha devaluado frente al dólar estadounidense y el euro en más de 35% en los últimos meses. De ahí que los costos de importación afecten tanto al sector público como al privado y sólo ha servido parcialmente al turismo y a los exportadores.

La economía mexicana ha crecido por debajo de lo esperado y el desempleo junto con la informalidad confirman la no decreciente pobreza. La reforma educativa, si bien es necesaria, ha encontrado en un grupo minoritario –Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación- muchísima resistencia, incluso con actos vandálicos contra comercios e inmuebles de gobiernos de los Estados de Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Chiapas.

El problema más severo es la inseguridad. Problema que no es exclusivo del gobierno actual, es una herencia de varias décadas. Sin embargo, los discursos oficiales del presidente Peña y sus colaboradores contrastan con la realidad. Desde el círculo oficial se pronuncia que la delincuencia va en declive, pero la realidad desmiente y diversos especialistas y asociaciones de víctimas demuestran que el problema está arraigado junto con la corrupción.

Al final del sexenio, el presidente Peña podrá levantar un poco el vuelo, pero las elecciones del pasado 5 de junio donde el partido en el gobierno, el PRI, tuvo reveses serios, avalan que la imagen del gobierno está deteriorada por diversos escándalos e ineficiencias.
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