España frente a los riesgos del Brexit
lunes 20 de junio de 2016, 09:14h
Estamos en las horas decisivas, en las que Gran Bretaña madura el sentido del voto que decidirá si se mantiene dentro de la Unión Europea, o inicia un camino de desvinculación institucional con sus socios. Resulta oportuno recordar ahora que Gran Bretaña es un socio fundador de las comunidades que dieron lugar a lo que hoy es esa unión económica, monetaria para algunos socios, y con un carácter cada vez más político. También resulta oportuno recuperar aquél intento de Gran Bretaña de crear un amplio acuerdo de libre comercio que hubiera llevado a Europa por un camino distinto, menos ambicioso políticamente, pero probablemente de una mayor apertura económica.
Crecientemente, a medida que la Comisión Europea y otras instituciones comunitarias han asumido un mayor poder frente a los gobiernos de los Estados miembros, los británicos se han ido sintiendo menos cómodos. Hay un conflicto latente, que ha acabado por estallar, entre la acendrada tradición democrática británica y su acrisolado deseo de independencia y la reptante asunción por parte de Bruselas de más y más competencias. La política migratoria ha ahondado ese recelo hacia Europa. Un recelo que, por el intento del primer ministro David Cameron de apuntalar su puesto dentro de un Partido Conservador acosado por el populismo rupturista, tendrá su plasmación en un referendum.
La opinión pública está tan dividida que no se puede adelantar un resultado. Si el deseo de cortar lazos con el resto de socios europeos y con las instituciones que han creado los Estados en estas décadas fuera mayoritario, a corto plazo, bien pudiera, provocar una sacudida económica, sobre todo, dentro del Reino Unido, pero también en el resto de la Unión. El abandono de un socio tan importante mina la credibilidad de las insituciones europeas. Más cuando, a pesar de haber resistido las duras tensiones de estos años, todavía está por ver si son lo suficientemente fuertes como para resistir la crisis de deuda que tenemos.
Con todo, a largo plazo, debemos entender que la base de la prosperidad es el comercio, y, el comercio libre –decía Kant- es “la paz universal”. Noruega prueba que se pueden establecer buenas relaciones económicas dentro de Europa, pero fuera de la Unión Europea. Y en la medida en que, con la cobrada independencia política, el Reino Unido pueda apostar por una política de prosperidad, el beneficio será mutuo. Y eso vale para España tanto o más que para otros miembros de la UE. Sin embargo, no todo es economía en las ideas que construyeron Europa en 1955. Ni siquiera en el Reino Unido: que puede quedar desunido, porque, si venciera el Brexit, los nacionalistas escoceses aprovecharán el viaje para romper el país. Además, la Unión Europea se construyó fundamentalmente para conjurar el enfrentamiento suicida entre nacionalismos. Y, a pesar de sus problemas, ha tenido un éxito espectacular.